No hay que tener miedo a lo que venga

Ese es el mensaje que nos envían hoy tres ancianos a través del periódico. Juan, a punto de cumplir 93 años, Josefina de 92, y Jerónima de 84. Se refieren a los posibles efectos de la gripe A, cuyo virus va extendiéndose como un reguero de pólvora por todo el mundo y causa preocupación a los responsables de la Organización Mundial de la Salud. Ellos, cercanos ya a la línea de partida, ven las cosas de otra manera. "Total - deben de pensar - puestos a morirse, lo mismo da que sea por la gripe que por cornada de buey". Pero no puede negarse que, aunque las autoridades intenten tranquilizarnos, existen dudas e inquietud respecto al futuro más próximo en una buena parte de la población. Otra cosa sería que al día de hoy el problema se hubiese zanjado por medio de una vacunación generalizada. ¡Ya está! ¡Asunto concluido! Pero no es así. Y la gente, en mayor medida los hipocondríacos, que los hay, ¡ya lo creo!, no sabe qué hacer para defenderse de la posible amenaza. Uno no puede permanecer constantemente aislado dentro de una campana de cristal. El virus va y viene por el aire a sus anchas. Los constantes desplazamientos de personas de una a otra parte del mundo son el mejor medio de propagación de este bichito asesino. Y, ante esto, no caben más que dos posturas. La primera, que es estar dándole vueltas a la cuestión, lo que no soluciona el problema, por el contrario añade un buen dolor de cabeza, y la otra, la de esperar con toda la tranquilidad posible a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Lo que tenga que venir, vendrá. Tal vez esta gripe, aunque sea de una forma dolorosa, nos ayude a entender con claridad el lugar que el ser humano ocupa en la Tierra, lo que es de verdad, y lo poco que puede cuando vienen mal dadas, aunque a veces se deje llevar por la tentación de creerse invencible.
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Autor: CARMEN
Fecha: 15/09/2009 13:40.








