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Agonía blanca

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No es la primera vez que un montañero pierde su vida en la montaña.

La montaña, ese dulce veneno que un día se introduce en el alma de estos aventureros de nuestros días y que se queda allá dentro para siempre.

Duele conocer la pérdida de cualquiera de ellos como la de otro ser humano. Pero el caso de Óscar Pérez, el montañero aragonés que quedó herido y atrapado a unos 6.500 metros de altura en el Latok II, una de las montañas de la cordillera del Karakórum, ha resultado muy especial. Allí lo dejó su compañero de escalada el día 5 de agosto a la espera de un rescate. Mucha gente se ha movilizado para lograrlo, tanto en el terreno diplomático entre España y Pakistán como en el de la familia montañera nacional e internacional.

Muchos hemos sido también los que hemos seguido las noticias con el corazón encogido, esperando y deseando, a pesar de las dudas, un final feliz.

Muchas veces durante todos estos días me he encontrado pensando en Óscar, prisionero en aquella cárcel blanca. ¿Cuáles habrán sido sus pensamientos en tan largos días de espera, envuelto en el dolor y la soledad?

La noticia de que el mal tiempo ha obligado a suspender de manera definitiva el operativo de rescate me ha impresionado hondamente.

Estas pocas líneas quieren ser mi humilde homenaje a Óscar. ¡Descansa en paz, montañero, entre los brazos blancos de la montaña, a la que tanto amaste!

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