Si al menos nos sirviera de lección...

Hasta hace una semana, Diego P.V. era para la mayoría de nosotros un joven anónimo, uno más de los muchos que podemos encontrarnos a lo largo y ancho de nuestra geografía. A sus 24 años, vivía con su pareja en compañía de una pequeña de tres años fruto de una relación anterior de su compañera sentimental. Seguramente Diego estaría muy enamorado y lleno de proyectos e ilusiones. Pero, por una circunstancia desgraciada, su vida entera dio un giro inesperado. Pasó del sencillo anonimato a salir en todos los medios de comunicación para verse señalado y tratado como un horrible monstruo: un hombre, capaz de abusar sexualmente de una niña y de terminar con su vida como consecuencia del maltrato y de las lesiones causadas. ¡Qué fácil es arrojar una pequeña bola de nieve en la cima de la montaña y cuán grande se va haciendo según baja! ¡Cada vez más rápido y cada vez más grande! Así ha sucedido en esta ocasión. Ahora resulta que él tenía razón al gritar su inocencia. Se trataba en realidad de un desgraciado accidente. No había habido violación, ni maltrato, ni quemaduras de cigarrillo en el cuerpo de la pequeña. Y yo me pregunto: ¿Habrá en el mundo algo, capaz de compensar a Diego de todo su dolor y del daño moral que le ha producido la calumnia? No. No lo hay. Sólo nos queda pedir, mejor exigir, a todos los responsables, un cuidado exquisito para que un caso tan terrible como el que nos ocupa no vuelva a producirse. Todos somos culpables. Esos médicos que atendieron a la niña, y que no esperaron a realizar todas las pruebas necesarias antes de que el caso llegara hasta los medios de comunicación. Esos medios de comunicación, que en ocasiones dan una noticia sin contrastar convenientemente las fuentes, produciendo un daño en la fama y el honor de las personas difíciles de devolver. Esos ciudadanos que querrían tomarse la justicia por su mano e insultan a gritos al presunto culpable a la puerta de los juzgados, sin pensar, como en este caso, que puede tratarse de un inocente. Todos los ciudadanos, entre los que me incluyo, que aceptamos la versión que se nos ofreció sin conceder al acusado el beneficio de la duda. En nombre de todos, quiero pedirte perdón, Diego. ¡Que el tiempo que todo lo suaviza os ayude a ti y a la madre de esa niña a remontar este trance tan doloroso que os ha tocado vivir!
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Autor: elblogdeluna
Al día siguiente, todo había cambiado.Con rotundidad se afirmaba que Diego no era culpable. ¡Pero qué dicen,pensé!,¡Qué le hemos hecho al pobre chico!.
¿Es esto libertad de expresión?. No, es tomar decisiones precipitadas a partir de un informe médico obligatorio, cuando un niño entra en urgencias con marcas visibles. Todo informe médico es absolutamente confidencial.
Lo primero para paliar, que no curar, el despropósito hecho a Diego y a todos sus seres queridos, es saber quién filtró el informe; lo segundo decir a los programas adictos al telemorbo que el desgaste emocional producido es irreparable y deberían tener una sanción, acompañada de una profunda reflexión.
Por mi parte Diego pedirte perdón, a nivel individual por maldecirte y como miembro de la sociedad por creerme la noticia sin haberte concedido la presunción de inocencia.
Me gustaría que el mismo tiempo que ocupaste en todos los medios, hablados y escritos, cuando te creyeron un psicópata ,lo destinaran ahora a retractarse de lo dicho; el dinero no cura heridas tan duras.
Fecha: 30/11/2009 23:08.








