Vergüenza ajena

Eso es exactamente lo que sentí el viernes pasado mientras veía la televisión. Paso de los programas del corazón, así que entre los muchos canales que nos ofrece la TDT intento encontrar una película con el menor tiempo posible de interrupciones publicitarias, para después irme a la cama, y si no tengo muchas ganas de dormir, acabar la jornada leyendo hasta que Morfeo empieza a atraparme entre sus redes. Pero esa noche, en vez de apagar el televisor al terminar la peli, me puse a hacer zapping, y me encontré "en pleno fregado" en el programa Sálvame de Luxe. Me pareció entender que Raquel Mosquera, peluquera, y viuda de Pedro Carrasco, el que fuera ex de Rocío Jurado, estaba en el programa para explicar un problema que había tenido con un periodista al que según la versión del mismo había agredido no sé si verbal o físicamente, o había amenazado… En fin que no me aclaré del todo. Eso sí, llegue a la clara conclusión de que aquel programa era una desvergüenza total, con la susodicha gritando, tratando de defenderse (no hay que olvidar que ha estado en tratamiento por problemas mentales), con los contertulios llamándola loca y mofándose de ella, y con un presentador que no sabía, o mejor, ¿no quería? acabar con aquel gallinero porque, por desgracia, eso es lo que aumenta el nivel de audiencia en esta pobre España nuestra que tanto parece gozar con el comadreo y la zafiedad. Tal vez alguien debería haberle dicho a la Mosquera que no acudiese al programa para preservar su salud. Pero, la verdad, pienso que todos los que participaron en él demostraron no tener una pizca de vergüenza. ¡Claro que, bien mirado, de tales espectáculos viven!
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