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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2010.

Visto lo visto...

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Acabo de leer una noticia que me produce escalofríos. Estados Unidos, a través de Hillary Clinton, Secretaria de Estado estadounidense, y el mismísimo Presidente Obama, han tenido que pedir perdón a Guatemala por los experimentos llevados a cabo en este país por equipos médicos pertenecientes al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos durante la década de 1940.

Dichos experimentos, que han salido a la luz gracias a un estudio realizado por Susan Reverby, una investigadora de la Universidad de Welleslev, consistieron en infectar con sífilis y gonorrea a cerca de 700 personas, la mayoría de ellas presos y pacientes de instituciones mentales de Guatemala. ¡Tela marinera!

Según dicho estudio, estos experimentos tenían como finalidad determinar si la penicilina, utilizada para curar la sífilis, podía evitar que la enfermedad se extendiera en las primeras etapas del contagio. El contagio se provocaba por transmisión sexual a través de prostitutas que sufrían la enfermedad, por inoculación directa en el órgano sexual o mediante la aplicación de una inyección en la médula espinal. ¡El equipo médico, dirigido por un tal doctor John Cutler, alentaba a los pacientes a que contagiaran a otras personas!

¡¡¡Qué horror!!! ¡De lo que puede ser capaz el ser humano en nombre de la ciencia!

Hasta ahora los malos eran los nazis… Que lo son por supuesto. Sin posible justificación.

Pero a la vista de noticias como ésta, yo me pregunto: ¿Cuántas barbaridades se cometerán en el mundo que nosotros ni siquiera imaginamos?

 

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03/10/2010 12:50 elalmaalaire Enlace permanente. Retazos No hay comentarios. Comentar.

Al filo de la actualidad política

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Nací en la década de los cuarenta. Mis ojos vieron la luz en un pueblo perdido de Castilla del que hasta el día de hoy siento nostalgia. ¡Cómo pasan los años! Parece que fue ayer.

Crecí con escasez de pan y hartura de miedos y silencios.

¡Sssssss! ¡Sssssss! Y entre silencios aprendí que, apenas antes de que yo naciera, en nuestra patria hubo una guerra. ¡La más terrible de las guerras! Una guerra entre hermanos.

¡Nunca más! ¡Nunca más! Así me lo enseñaron. Así lo he sentido siempre en mis entrañas.

Pero la vida no se detiene nunca. Y aunque pienso que ninguno de nosotros debería olvidar lo que pasó para que no puedan repetirse los errores... ¡Que no pretenda nadie mantenernos anclados para siempre en el pasado! ¡Dejemos a los muertos descansar en paz! ¡Que nadie intente comerciar con ellos!

Y, llegados hasta este punto, me temo que habrá ya  alguien que me esté gritando: ¡Facha! Suelen hacerlo casi siempre los que se creen con todos los derechos porque militan en el partido que estuvo entonces en el bando perdedor.

No tengo que pedir perdón a nadie. No viví aquella guerra. No soy responsable de ninguna muerte. Tampoco lo fueron mis padres.

Por suerte, los años me enseñaron a pensar. A lo largo de este periodo de democracia he votado a las izquierdas y a las derechas, según me pareció mejor en cada ocasión.

No me gusta dejarme atrapar por demagogias baratas. Tengo muy claro que no existe el bando siempre bueno y el bando siempre malo. Ni que los que militan en un mismo partido, son todos buenos, ni todos malos ¡Lo único que quiero es que mis representantes sean honrados!

¡No deberíamos permitir que a los que nos mandan se les quede el culo pegado a la poltrona! Están donde están porque nosotros les entregamos un día nuestra confianza para que trabajasen por el bien de todos. ¡De todos! No en su propio beneficio, como pretenden "los más listos".

¡Ay, pena, penita, penaaa! ¡Cuánto chorizo!

Y para terminar, voy a abrir las puertas de mi corazón y os confesaré un secreto:

En los próximos comicios voy a votar a las derechas. Y voy a hacerlo porque, tras siete años de gobierno socialista, contemplo a España, con dolor,  "hecha unos zorros".

 

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¡Bendita risa!

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He de confesar que últimamente, por las circunstancias que me toca vivir en el terreno personal y familiar, y que ahora no vienen al caso, no estoy precisamente para tirar cohetes. Así que no es algo usual en estos días el hecho de escucharme a mí misma soltando una buena carcajada. Tampoco, quizás sea por la difícil situación económica que se está viviendo en nuestro país, veo a la gente demasiado risueña. ¡Deberíamos reírnos más! Reírnos, principalmente de nosotros mismos. Sería un ejercicio muy sano.

Acabo de leer esta frase: "La risa es la mermelada que sazona el pan de la vida: le da sabor, le quita la sequedad y la hace más llevadera". (Diane Jhonson)

¡Completamente de acuerdo!

Y a propósito. Recuerdo el ataque de risa que padecí, hace sólo unos días, al leer el contenido del archivo que me envió una buena amiga mía sobre algo que escribió el escritor Pedro Muñoz Seca. Todavía siento el regusto.

Dice así:

"D. Pedro, vivía en una casa de Madrid donde atendía la portería un encantador matrimonio al que profesaba autentico afecto.
Falleció la mujer, y a los pocos días el marido, más de pena que de enfermedad, pues era un matrimonio profundamente enamorado.
El hijo de los porteros se dirigió a D. Pedro y le pidió que redactara un epitafio para honrar su memoria. Del corazón de Muñoz Seca surgieron estos versos:

Fue tan grande su bondad,
tal su generosidad
y la virtud de los dos
que están, con seguridad,
en el cielo junto a Dios

Corría el año mil novecientos veintitantos... y en aquella época era preceptivo que la Curia diocesana aprobara el texto de los epitafios que habían de adornar los enterramientos, así que D. Pedro recibió una carta del Obispado de Madrid para que modificara el verso, puesto que nadie, ni siquiera el Obispo, podían afirmar, de un modo tan categórico, que unos fieles hubieran ascendido al cielo sin mas.

D. Pedro rehizo el verso y lo remitió a la Curia del modo siguiente:

Fueron muy juntos los dos
el uno del otro en pos
donde va siempre el que muere
pero no están junto a Dios
porque el Obispo no quiere.

Nueva carta de la Curia. Tras recriminar al autor lo que cree, con toda razón, que es un choteo de Muñoz Seca, le exige una rectificación, ya que no es el Obispo el que no quiere, sino que es nuestro libre albedrío el que nos lleva al cielo o no.
Así que D. Pedro remata la faena escribiendo un verso que jamas colocó en enterramiento alguno porque la Curia jamas le contestó:

Vagando sus almas van
por el éter, débilmente,
sin saber que es lo que harán

 porque, desgraciadamente,
ni Dios sabe donde están.

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26/10/2010 19:38 elalmaalaire Enlace permanente. Retazos No hay comentarios. Comentar.


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