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El alma al aire

Retazos

Alguien sigue mis pasos

Alguien sigue mis pasos

Me lo confesó ayer por la mañana con la sinceridad de un niño. Venía yo de comprar el pan y de buscar unos medicamentos de la farmacia.

- Cuando te marchas siento tus pasos por la escalera, luego te oigo abrir la puerta, la cierras, y yo, desde mi cama, sigo tu caminar por las calles, pensando por dónde irás, imaginando que debes de estar ya de vuelta, deseándolo… hasta que oigo la puerta de nuevo. ¡Por fin está aquí! – me digo. ¡Ya no estoy solo!

Él, que fue siempre tan fuerte, "tan duro"… se ha convertido en una criatura frágil, dependiente del amor y del cuidado de los demás. Soy su principal cuidadora. Esa es mi principal tarea. Y la hago con todo el esmero y con todo mi amor. ¡Nunca durante nuestros muchos años de matrimonio lo sentí tan cerca! ¡Nunca me demostró tanta ternura y tanto agradecimiento!

Con cualquier excusa suelo apoyar mi mano sobre su cuerpo en una muda caricia. No quiero desaprovechar ni un minuto, porque sé muy bien que llegará un día en el que al alargar mi mano en busca de la suya, solo encontraré el vacío.

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¿Ya ha prescrito el plazo? ¿Sí? ¡Entonces yo confieso!

¿Ya ha prescrito el plazo? ¿Sí? ¡Entonces yo confieso!

Digo esto porque últimamente no hay que andarse con chiquitas o a lo peor un juez un tanto puntilloso te manda a chirona.

Ayer por la tarde, mi hija y yo nos reímos de buena gana comentando una noticia publicada recientemente. Un juez ha condenado a un padre a tres meses de cárcel y quince de alejamiento por pegar con una zapatilla a su hija de dieciséis años, la cual le había contestado de forma irrespetuosa cuando éste le reprochó su mal comportamiento con el hermano menor. Como consecuencia de los golpes le causó un eritema en el brazo y un hematoma en el muslo izquierdo que sanaron en el plazo de cinco días sin necesidad de tratamiento médico La denuncia se tramitó a través de una profesora de la adolescente.

No era el hecho en sí lo que nos hacía reír. En ningún modo defiendo nada que huela a malos tratos, pero a mi hija y a mí nos hizo recordar cuando, alguna que otra vez  siendo mis hijos pequeños, quién sabe por qué se ponían a discutir y terminaban llegando a las manos. Eso era algo que yo no podía soportar, verlos pegarse. Parecían pulpos con los brazos y los pies entrelazados de modo que no había forma de meterles mano para separarlos. Entonces llegaba el momento en que yo me quitaba la zapatilla, una zapatilla de cáñamo, (tenía ya la experiencia de que usar la mano resultaba más doloroso para mí que para ellos) y les pegaba con ella en el trasero. Mis hijos abandonaban la pelea en el acto y se escabullían rápidamente de mi lado. Pronto el asunto quedaba olvidado por ambas partes.

- No nos quedó ningún trauma por ello, mamá -me comenta mi hija.

Sería seguramente porque ellos sabían muy bien que su madre los quería mucho.

El tiempo perdido

El tiempo perdido

Mi hermana pidió a los Reyes para nosotros, entre otras cosas, un almanaque, uno de esos pequeños calendarios de los que día a día vas arrancando la hoja correspondiente. Y el taco, poco a poco, casi sin darte cuenta, va adelgazando más y más, mientras el año se consume. ¡Cada vez más rápidamente!

El almanaque me recuerda mi niñez. Pensaba que ya no existirían. Pero, sí. En la parte anterior de la hojita, de arriba hacia abajo, puedes leer el nombre del mes. Unas pequeñas cifras te indican cuántos días del año han pasado, y los que restan por pasar hasta que el año finalice. También puedes enterarte de las horas de la salida y la puesta del Sol y de la Luna. Destaca por su tamaño la fecha del día, y un poco más abajo el día de la semana. En la parte inferior te informas de los nombres de los santos del día, muchos, extraños, algunos, casi impronunciables: Policarpo, Ordoño, Primiciano, Romana, Milurga, Sireno, Pretextato, Letardo, Montano, Flaviano, Prímolo… (creo que es suficiente con la muestra)

Aproximadamente en la mitad de la hoja viene también una pequeña frase. Ésta es la correspondiente al día de ayer: "Con los retales del tiempo perdido se podrían tejer grandes túnicas" (Gregorio Marañón)

Me ha gustado. Y me ha hecho pensar. Al momento me he imaginado una de esas cubiertas o edredones de retazos que los americanos llaman Quilt, tan llenas de colorido, algunas de ellas verdaderas obras de arte.

¿Qué es para ti el tiempo perdido? Si a cada uno de nosotros nos hicieran esa pregunta, estoy completamente segura de que habría casi tantas respuestas diferentes como personas preguntadas. Yo puedo considerar como tiempo perdido algo que para ti no lo es. Así que he tratado de centrarme en "mi tiempo perdido". Y me he lamentado por todas esas horas de mi vida que pasaron sin dejar huella y que ahora me gustaría poder recuperar para llenarlas de contenido.

¿Pero de qué sirve pensar en el tiempo pasado? Sólo existe el ahora. ¿A qué puedo dedicar todas mis horas y mis minutos para que no se me quede ningún espacio de tiempo perdido? ¡Hay tantas cosas que hacer…!

Yo quiero confeccionar un cálido y hermoso edredón con pequeños retazos de amor. Considero que no hay otra forma mejor de llenar los ratos perdidos.

Sobre el amor y el odio

Sobre el amor y el odio

No me gusta escribir sobre temas relacionados con la banda terrorista ETA. Decir ETA equivale a hablar de dolor, de muerte, de chantaje, de miedo, de destrucción, de fanatismo… Hoy, sin embargo, voy a escribir sobre Iñaki De Juana Chaos, un miembro de la policía Autónoma Vasca que un día, a principios de los años 80, huyó a Francia y se convirtió en miembro activo de la organización terrorista.

Fue capturado y posteriormente juzgado y condenado por los asesinatos de 25 personas, 17 de ellas guardias civiles. Cuando De Juana Chaos quedó en libertad, siguió alardeando de sus ideas y escribió unos artículos, publicados en el periódico Gara, en los cuales se vertían amenazas contra algunos jueces y funcionarios de prisiones. Juzgado de nuevo por esta causa fue condenado a 12 años de cárcel. Él presentó un recurso contra esta condena y expresó su rechazo por medio de una prolongada huelga de hambre que está deteriorando gravemente su salud, hasta el punto de que actualmente está recibiendo alimentación forzosa por orden judicial.

No albergué ningún sentimiento de lástima por su delgadez y su aspecto demacrado, al contemplar la fotografía que, nadie sabe cómo ha salido a la luz en estos días. Como tampoco lo sentía cuando algún etarra encontraba la muerte manipulando el artefacto explosivo que iba a colocar para provocar un atentado.

- ¡Más vale que te toque a ti que a personas inocentes! – me decía a mí misma.

- ¡Nadie te obliga a no comer! - digo pensando en De Juana.

Pero no es la huelga de hambre de este terrorista lo que me ha empujado a escribir estas líneas. Ha sido un artículo del periodista Pablo Ordaz, titulado: "Dos mujeres contra el odio", publicado el pasado domingo en ELPAÍS.com, que ha conseguido emocionarme, lo que me ha llevado a "apropiarme" de parte de su contenido para compartirlo con vosotros.

José Ignacio De Juana Chaos era nieto por parte materna de un militar español que estuvo destinado en Tetuán. Hijo de un médico, él y su hermana Altamira se criaron con sus padres en una casona del pueblo de Legazpia cercana al cuartel de la Guardia Civil. Muchas tardes, De Juana jugaba al fútbol con los hijos de los guardias.

Personas que querían mucho a su madre cuentan que el 16 de enero de 1987 se cayó al suelo al recibir la noticia de que su hijo había sido detenido por pertenecer a ETA. También dicen que nunca justificó sus crímenes ni formó parte del colectivo de apoyo a los presos de esta organización. Nunca llegó a saber qué o quiénes influyeron en él para que un día abandonara su trabajo de erchaina y se fugara a Francia.

En enero de 1977, un comandante del Ejército llamado José María Herrera resultó muerto, acribillado con una metralleta por varios etarras.

Este comandante tenía un hijo, y quiso la casualidad, o el destino, que años más tarde el joven conociera a Altamira de Juana Chaos, con la que contrajo matrimonio. Era la hermana del terrorista.

Y sucedió que, durante año y medio, hasta el 27 de enero pasado, dos mujeres mayores permanecían sentadas frente a frente en el salón de una casa del barrio de Amara, en San Sebastián. Una de ellas se afanaba en dar a la otra, enferma de Alzheimer, con mucha paciencia, cucharada a cucharada un vaso de yogur. Eran consuegras. Una de ellas, era la viuda de un comandante asesinado por ETA, la otra, la madre del etarra De Juana Chaos, convicto de 25 asesinatos…

¡Vaya mi más apretado abrazo para aquellas madres, esposas, hermanas, que tengan que soportar un desgarro semejante en su corazón!

Desde mi ventana

Desde mi ventana

Estoy junto a la ventana de mi dormitorio. Hoy nos ha salido un día especialmente frío, de invierno, como debe ser. Exceptuando aquellos días de niebla continua, en los que los árboles y las hierbas del campo aparecían completamente blancos por la escarcha, lo que hemos tenido hasta ahora ha sido más bien un sucedáneo del invierno. Y eso, tampoco es bueno.

- ¡Tiene que hacer frío para que se mueran los bichos del campo! – dice la gente de edad.

Y tienen razón. El invierno es la estación que purifica la naturaleza. Morir para vivir de nuevo cuando llegue la primavera. Es el eterno ciclo de la vida.

Bien caliente, con las piernas pegadas al radiador, puedo escuchar al viento que mueve los rosales y las ramas del árbol desnudo, repleto de racimos de incontables bolitas colgantes. Y el sonar de la caperuza que protege la chimenea de la calefacción. Mi perro va y viene de un lado a otro del corral, ladra, coge la pelota entre sus dientes y me mira, esperando a que yo abra la ventana y le dedique sus momentos diarios de juego.

- ¡Hoy no, Yako! ¡Hoy no!

El día está despejado. Pueden verse a lo lejos las aspas de las torres eólicas girando, girando, como molinillos de viento en manos infantiles. A lo lejos, el Moncayo y las Peñas de Herrera muestran sus hermosas vestiduras blancas brillando al sol. El temporal pasó de largo, dejándonos fuera de su radio de acción. Casi nunca nieva aquí. Y el año que lo hace, un día o dos a lo sumo, las caras de los niños se iluminan y lo celebran como una fiesta, y yo rememoro aquellas grandes nevadas de mi pueblo, y los felices recuerdos  que la nieve me  trae de mi infancia.

Ha muerto un hombre bueno

Ha muerto un hombre bueno

La Comunidad de los Traperos de Emaús está de luto. Y con ella, todo los que soñamos con lograr un mundo más justo y solidario.

El fundador de esta Comunidad, Henry Groués, conocido como el Abbe Pierre, acaba de fallecer en el hospital parisino de Val - de - Grace, a los 94 años de edad. Nacido en una familia acomodada, renunció a una buena parte de su herencia para ingresar en la Orden de los Capuchinos, Orden que tuvo que abandonar por problemas de salud pasados siete años. Durante la 2ª Guerra mundial ayudó a huir a Suiza a los judíos perseguidos por el régimen nazi y participó en la resistencia francesa contra la invasión alemana. Después de la guerra fue durante varios años diputado del Parlamento Francés. Arrendó en Paris una casa semiderruída que se destinó a Albergue Internacional de Jóvenes y asímismo sirvió de alojo para familias sin casa.

En cierta ocasión entró en contacto con un hombre que estaba a punto de suicidarse. Logró convencerlo para que se uniera a él en la tarea de ayudar a las personas sin casa. Sus recursos provenían en buena parte de la recogida y reciclaje de las cosas que la gente abandonaba por las calles. Éste fue el comienzo de Los traperos de Emaús. Escogió este nombre en recuerdo de la escena evangélica que narra la marcha de Jerusalén hacia Emaús de dos discípulos de Jesús que caminaban, tristes y desanimados por la muerte del Maestro. Un desconocido se une a ellos y acepta la invitación que le hacen para pasar la noche. ¿Qué fue lo que sucedió en este encuentro que hizo que aquellos hombres desesperados volvieran a Jerusalén llenos de esperanza?

El Movimiento Emaús se ha extendido por distintos países y continentes, especialmente en América Latina.

Esto dice su Manifiesto Universal: "Frente a cualquier sufrimiento humano, preocúpate, no sólo de solucionarlo en el acto, sino también de destruir sus causas."

El Abbe Pierre recibió en el año 2001, de manos del Presidente Chirac, la condecoración de Gran Oficial de la Legión de honor, uno de los más altos reconocimientos de la República Francesa.

No puedo por menos que transcribir algunas de sus frases.

"Amar quiere decir: Amigo o desconocido, estés donde estés, seas quien seas, cuando tú sufres, sufro también yo, y todas mis fuerzas se elevan, para que unidas a las tuyas podamos protegernos juntos del mal tuyo que ha llegado a ser también mi mal. Entonces mi alegría estará contigo y tu alegría conmigo, y nuestras alegrías juntas al servicio de todos."

"Porque vivir es un breve tiempo para que, si tú quieres, puedas aprender a amar."

En la portada de la web de los traperos de Emaús en España: http://www.emaus.es/ puede verse un corazón con esta leyenda: "no tires el corazón a la basura…aún puede servir."

¿Verdad que hace pensar? ¡Me encanta!

La joven salvaje

La joven salvaje

He de confesar que desde que conocí la noticia de la joven de 27 años que había aparecido en Camboya tras su desaparición en la jungla, siendo una niña de 8 años de edad, cuando se dirigía a recoger el ganado en compañía de un primo de seis años, siento un gran desasosiego. Me puede la curiosidad  -y el morbo- ¿por qué negarlo? Daría algo por conocer cómo transcurrieron esos largos años que han transformado a una niña, normal como cualquier otra de su edad, en este ser, mitad persona mitad animal, que en lugar de sentirse feliz por poder reintegrarse en la sociedad donde nació, lo que desea de verdad es volver a su peculiar modo de vida en la jungla.

Partiendo de la realidad, de que se trataba de una niña de familia humilde, lo que explica el hecho de que tuviese encomendada la tarea de cuidar el ganado a una edad tan temprana, ¿hay tantas preguntas por contestar?

¿Qué ocurrió aquella tarde en la jungla que impidió que los niños volviesen a casa?

¿Sería la presencia de algún animal salvaje? ¿O fue la presencia de algún desconocido, que puede resultar a veces tanto o más peligroso que un animal? ¿Salieron corriendo huyendo de la amenaza? ¿Se perdieron? ¿Qué fue del niño? ¿Murió devorado por una fiera? ¿O tal vez murió más tarde como resultado de alguna enfermedad o de las penalidades que hubieron de soportar? ¿Dónde se cobijaba la niña para evitar los peligros? ¿Cuántos serían sus intentos de volver y cuán grande su desencanto tras sus fracasos? ¿Cuánto tiempo duró su llanto y la nostalgia de los suyos? ¿Pasaría hambre y sed? ¿Qué estrategias de supervivencia le procuraría el raciocinio de sus pocos años? ¿Cómo se protegería de las fieras? ¿Contactaría con alguna clase de animales? ¿Sería aceptada en el grupo? ¿Cuánto tardó en olvidar todo lo relativo a su vida familiar, sus costumbres, su lenguaje…?

Al escuchar esta historia, ¿quién no recuerda a Mowgli, el protagonista del Libro de la Selva?

No hace mucho tiempo nos sorprendió la noticia de la liberación de la joven austriaca Natascha Kampusch, secuestrada durante ocho años, y nos preguntábamos sobre las posibles secuelas que pudiera acarrearle la experiencia que le tocó vivir. ¿Qué ocurrirá con esta joven camboyana? A partir de este suceso se han publicado los casos de otros niños que vivieron experiencias similares y se dice que todos los esfuerzos realizados para lograr su socialización fueron en vano.

Me pregunto si no hubiese sido una suerte para la joven camboyana que este hallazgo no se hubiese producido. Tal vez se hubiese ahorrado este nuevo dolor. Y el miedo a este mundo desconocido que ya no es el suyo.

Sobre grullas y otras aves

Sobre grullas y otras aves

Llevo un buen rato vagabundeando por los amplios caminos del Internet. He encontrado una fotografía preciosa en la página de El País digital: Las siluetas de unas grullas recortadas sobre el cielo de Berlín. Debido a la inusual benignidad del clima en este año, unas 15.000 aves han permanecido en la provincia de Brandenburgo en lugar de volar hacia España, su hábitat normal en los meses de invierno – se puede leer en el texto que acompaña la imagen.

Desde niña he observado el paso de las grullas durante el otoño y la primavera. Vuelan dibujando sobre el cielo unas enormes uves y no es difícil escuchar sus graznidos. Recuerdo que, coincidiendo con su paso, mi madre nos solía contar un cuentecillo que tenía que ver con estos animales y con tres enfermos afectados de tiña.

- ¿Qué es eso de la tiña, madre? – preguntamos la primera vez.

- Es una enfermedad que produce picor- nos dijo.

Había en un pueblo tres tiñosos. Uno tenía la tiña en la nuca, otro debajo de la barbilla y el tercero en la axila derecha. Ninguno quería dar a conocer su enfermedad. Así que el primero, miro hacia el cielo y mientras se rascaba dijo:

- ¡Grullas veo!

El segundo apretó la barbilla contra el pecho y la movió a ambos lados al tiempo que decía:

- ¡Yo, no las veo!

Y el tercer tiñoso meneaba adelante y atrás su brazo derecho, diciendo:

-¡Míralas! ¡Míralas! ¡Míralas!

Nosotros nos reíamos e imitábamos una y otra vez a los tiñosos.

Siempre he sentido curiosidad por las aves. Las gallinas de nuestro corral, especialmente las cluecas con sus preciosos pollitos. Los pavos que correteaban por las proximidades de la estación del ferrocarril. Los patos en la charca del pueblo vecino. Las picarazas que se posaban en cualquier tapia y miraban todo con curiosidad, moviendo a un lado y a otro sus cabezas. Los ruidosos grajos, cuyos graznidos resonaban en las paredes rocosas de Las Cuevas. Las pequeñas codornices que descubríamos de improviso, caminando en fila tras su madre, y que intentábamos atrapar, casi siempre con resultado negativo. Y las alondras cantando entre los trigales, las cardelinas con sus hermosos trinos, las palomas batiendo el aire con sus alas, las inquietas golondrinas…

Ahora, a partir de las noticias sobre la gripe aviar, se nos han convertido en animales sospechosos. Hoy mismo he leído la noticia de que la ciudad de Austin, en Texas (Estados Unidos) se encuentra en alerta porque han aparecido decenas de pájaros muertos y las calles del centro están cerradas al tráfico de vehículos y personas.

¿Quién no recuerda con horror la película "Los pájaros" de Alfred Hisckot? Esperemos que la realidad no supere a la ficción.

Los Hijos de Don Quijote

Los Hijos de Don Quijote

Esta mañana he leído esta noticia en la edición digital de 20minutos.es: "Los Hjos de Don Quijote logran que los franceses puedan exigir judicialmente una vivienda al Estado desde 2012"

La verdad es que el titular ha logrado interesarme. No conocía la existencia de esta asociación. Así que, siguiendo mi costumbre, me he lanzado a buscar todo lo que pudiera encontrar sobre la misma. He ido a parar a su página web: Les enfants de Don Quichotte, pero como no conozco el francés he tenido que volver a mi primera fuente.

Esta asociación fue creada por Augustin Legrand, (actor) y su hermano Jean Baptiste. Desconozco el año de su fundación y también sus fines concretos, aunque su nombre ya puede dar una idea. En fin, que casi no sé nada sobre ellos. Pero lo que sí sé, y me ha gustado mucho, es que han sido capaces de movilizar a once mil ciudadanos para exigir soluciones para las 934.000 personas sin casa y que viven en la indigencia en el país. Augustin Legrand, y otro militante, Pascal Oumakhlouf, iniciaron una huelga de hambre y pretendían que el Gobierno francés atendiera sus propuestas mientras ellos, por su cuenta, montaban 200 tiendas de campaña en el canal Saint Martin de París para albergar a personas que carecen de casa.

En concreto, piden que las estructuras de acogida existentes permanezcan abiertas las 24 horas del día (no sólo por la noche, como ocurre con la mayoría en la actualidad) y los 365 días del año, y que se ofrezcan viviendas de estancia temporal, mientras se desarrolla la vivienda social.

Mientras ellos montaban campamentos en cien ciudades, el Gobierno francés ha anunciado que aprobará un proyecto de ley que establece el derecho a reclamar una vivienda al Estado ante los tribunales.

¡Me encantan Los hijos de Don Quijote! Me hubiese gustado ser una más de ellos y luchar por su justa reivindicación. Pero… El Quijote es nuestro, una figura familiar. ¿No hay nadie que se anime a crear en España "Los otros Hijos del Quijote" para arrimar el hombro? Necesidades e injusticias no faltan en esta tierra nuestra… ¡Yo me apunto!

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¡Paz para el mundo!

¡Paz para el mundo!

Es ya más de media noche. La casa está silenciosa. No he querido irme a la cama sin expresar por escrito mi horror y mi desencanto por dos de las noticias que han llegado hasta nosotros en el día que acaba de expirar.

Sadam Hussein ha sido ejecutado en la horca.

¡NO A LA PENA DE MUERTE! Esa es mi postura. Las atrocidades cometidas por ese cruel dictador son horribles, pero no puede utilizarse el "ojo por ojo y diente por diente" so pena de ponernos a su mismo nivel. Por otro lado, pensar que pueda servir como escarmiento para otros, es una idea equivocada. En Estados Unidos, donde está vigente la pena de muerte, no parece que el miedo a morir en la silla eléctrica o por medio de una inyección haya acabado con los criminales. Las imágenes ofrecidas por los informativos, una e ellas introduciendo el nudo en el cuello de Sadam y otra con la cabeza del ahorcado asomando por la abertura de un saco causaban verdadero repelús. ¿De verdad que era necesario presentar al público esas imágenes tan crudas?

El otro asunto del día que nos ha quitado el aliento es el atentado de la organización terrorista ETA en la terminal del aeropuerto de Barajas. Después de nueve meses se acabó la tregua ¡Era demasiado bonito para durar! Estoy segura de que la mayoría de los españoles teníamos nuestros interrogantes sobre el resultado final. Pero también tenemos la seguridad de que los demócratas somos más y somos mejores que ellos. Esos pocos que quieren imponernos sus condiciones por medio de la violencia. ¡PAZ PARA ESPAÑA! ¡PAZ PARA EL MUNDO! Es mi deseo para el nuevo año.

Horas para la ilusión

Horas para la ilusión

Al igual que en la víspera de Reyes, esta noche, víspera del sorteo de la lotería de Navidad, miles de personas en toda España mantienen viva su ilusión. ¿Qué haría si me tocara el Gordo? – se preguntan. Yo también estoy entre ellas. Este sorteo es el de más tradición en nuestro país, y desde hace meses podías encontrar participaciones en la panadería, la pescadería, la carnicería, el supermercado, la Cooperativa, el Casino. Lotería de las distintas cofradías, de la escuela de Jota, del equipo de fútbol, de la Asociación de mujeres… En fin, que tocarme, no sé si me tocará, pero ya me han rascado bien los bolsillos.

 

Mañana por la mañana enchufaré la radio para oír cantar a los niños del Colegio de San Ildefonso. Todavía guardo el recuerdo de los primeros sorteos siendo niña. Al salir de la escuela, acudíamos a la casa de una vecina que tenía un aparato de radio. Allí estaba mi madre junto a otras mujeres escuchando el sorteo, esperando que el Gordo fuera a parar a nuestras escasas participaciones de lotería en aquellos años de miseria.

- ¡!Y luego, seguí escuchándolo, un año tras otro, hasta convertirme en una persona adulta.

- Ciento veinticinco miiil once.

- Diez mil pesetaaas.

- Cinco mil veinticuaaatro.

- Diez mil pesetaaas.

- Cuarenta y ocho mil cincuenta y dos.

¡Treinta milloneees de pesetaaas! 

Murmullos en la sala de sorteos. El niño repetía de nuevo, un poco nervioso:

- ¡Cuarenta y ocho mil cincuenta y dos!

- ¡Treinta milloooneees de pesetaaas!

Y una tercera vez, entre el nerviosismo general:

- ¡Cuarenta y ocho mil cincuenta y dos!

- ¡Treinta millooones de peeeseeetaaas!

Ahora, con el paso a los euros parece que el sorteo ha perdido sonoridad, pero lo que yo digo, lo que importa es que toque, que no le haremos ascos.

¿Qué haría yo si me tocase el Gordo? La verdad es que con lo que juego podría corresponderme un buen pellizquito. Como ya se me pasó la edad de soñar en cosas extraordinarias, y mi situación familiar tampoco me las permitiría, yo gozaría con poder darles a mis hijos una buena ayuda para que pudieran sacar adelante sus planes con más tranquilidad. Tal vez me diera el gusto de algún capricho. No me olvidaría de esas personas que conozco que lo están pasando mal. Y, bien mirado, si fuera posible cambiaría el dinero por salud. ¡No hay mejor lotería!

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En nuestro 38 aniversario

En nuestro  38 aniversario

Doy gracias por todo lo bueno que he vivido contigo, amor. Perdóname si alguna vez te hice sufrir. Si algo de lo que hiciste me dolió, ya lo olvidé. Acepto todo lo que nos ha reservado la vida: la alegría y el dolor. Tú me necesitas como un niño. Yo seré para ti , esposa, madre, amiga, enfermera… Prometo no desaprovechar ni un segundo del tiempo que nos reste. Ningún día sin sonrisas. Ningún día sin besos. Ningún día sin confesarte mi amor.

Un día más de normalidad es un regalo

Un día más de normalidad es un regalo

Hoy es 13 de diciembre, fiesta de Santa Lucía. Me causó mucha impresión ver una vez una imagen de la Santa portando en las manos una bandeja con sus ojos. Le fueron arrancados por no renegar de su fe. Todavía recuerdo a mi suegra invocándola tal día como hoy para que le conservara la vista, muy reducida a causa de su avanzada edad. ¡Cuida de mis ojos, Santa Lucía! ¡Ay, mis ojos!- decía.

¿Habrá algún santo protector de las piernas?

Es cerca de la media noche. Hoy, como hacemos a menudo, hemos cambiado el programa de televisión por unas partidas de rabino francés, de las que, como suele ocurrir con frecuencia, mi marido ha sido el vencedor. Ahora, él está acostado y yo estoy aquí garrapateando estas líneas. Estoy nerviosa. No puedo olvidar el susto de esta tarde.

Terminada la sesión de bicicleta estática, mi marido ha intentado bajarse, lentamente, como suele hacerlo, pero sus piernas poco firmes le han jugado una mala pasada. Ha estado a punto de caerse. A sus llamadas pidiendo ayuda, hemos acudido mi hijo y yo. Nos ha costado un gran esfuerzo enderezarlo, hasta lograr que se mantuviera en pie. Me pregunto qué hubiese pasado si en ese momento hubiese estado sola. ¡Estamos de suerte! Cualquier rotura podría resultar fatal. ¿Qué puede pasar mañana? Mejor vivir el momento. Doy gracias por un día más de normalidad.

¡Sí que es un problema!

¡Sí que es un problema!

Me refiero a la flatulencia.

Hoy he leído una noticia curiosa: "Una mujer con flatulencias provoca el aterrizaje forzoso de un avión." La susodicha, que padece flatulencia crónica, viajaba en un avión de American Airline, y tuvo la ocurrente idea de encender unas cerillas para disimular el hedor. El olor a fósforo desprendido provocó la alarma entre los pasajeros, por lo que el piloto decidió un aterrizaje forzoso en el aeropuerto de Nashville.

Puedo imaginarme a la pobre mujer. ¿Quién no ha sufrido alguna vez con las dichosas flatulencias? ¡A que sí! Si el trance te sobreviene mientras estás en pie y en un lugar espacioso, procuras disimuladamente cambiar de sitio para que "el cuerpo del delito" se expanda y el asunto quede en el anonimato. Y entonces tú puedes respirar tranquila y decirte por lo bajini: "A mí que me registren." Pero si te ocurre cuando estás sentada cerca de otras personas, resulta más difícil de solucionar. En este caso no queda más remedio que apretar firmemente tus posaderas contra el asiento para evitar el escape. ¡Y no siempre se consigue!

Cuando esto le pasa a un niño o una niña, la cosa no tiene mayor importancia. Recuerdo que cuando ejercía como maestra la situación se presentaba con relativa frecuencia. Pero ya sabemos cómo son los niños. Todo se reducía a muchas risas, a dedos apretándose las narices y al rubor tiñendo la cara del "culpable." Nada más. Sin embargo el mundo de los adultos es mucho más complicado.

Continuando con la noticia. Hubo que desalojar el avión. Los 99 pasajeros, la tripulación y los equipajes. En la inspección llevada a cabo por la policía con ayuda de los perros se descubrieron los restos de las cerillas. Y la mujer… "cantó." El avión prosiguió su viaje con todos los pasajeros, a excepción de la causante de la falsa emergencia que fue dejada en tierra, y a la que se le prohibirá viajar en aviones de esa compañía "durante mucho tiempo."

Lo tengo bien claro. Si por casualidad algún día viajo en avión, ya me cuidaré yo de encender cerillas ni de hacer algo parecido en el caso de que se me presentara una urgencia flatulenta. (Ni aunque hubiese comido judías.) ¡Que se apañen mis vecinos de asiento! Como mucho les proporcionaría unas pinzas de tender la ropa…

¡Yo, no he sido!

¡Yo, no he sido!

Hubo un tiempo en el que leía con frecuencia novelas de misterio de la famosa escritora Ágatha Christie. También leí otras de espionaje del escritor John Le Carre. El mundo de los espías, aunque fuera tan solo en papel impreso, siempre me ha producido escalofríos. Esos personajes calculadores e implacables, moviéndose como sombras casi invisibles por cualquier país de la Tierra, sin respetar leyes ni fronteras, en pos de sus oscuros propósitos.

Estos días el tema goza de plena actualidad. La muerte en Londres del ex espía ruso Alexander Litvinenko, causada por envenenamiento, mediante una sustancia radiactiva llamada polonio 210, ha levantado una punta del espeso velo que cubre ese mundo misterioso y terrible.

Debería dolerme su muerte por tratarse de un ser humano, pero al igual que me sucede cuando muere un terrorista, me cuesta encontrar en mi interior un sentimiento de piedad. ¡A saber lo que habrá hecho él en sus años de espía! - me digo.

Dicen que acabaron con él porque estaba investigando la muerte de Anna Politkóvskaya, la periodista rusa recientemente asesinada, que con la cantidad de polonio utilizada para su envenenamiento hubiese podido morir 100 veces, y que el precio de este producto es superior a los 30 millones de dólares. Esta bonita cifra reduce considerablemente el número de los posibles sospechosos.

Quiero ayudar a los agentes de Scotland Yard que se ocupan de la investigación. ¡Yo, no he sido! Y vosotros…(Cuando mis dedos se deslizaban por el teclado en busca de las letras t…a…m…p…o…c…o, de mi cerebro ha partido una orden que ha paralizado mis movimientos y me ha impedido escribir esa palabra) ¿Quién me asegura que en este mismo momento los culpables no están acechando desde la blogosfera? ¡ Ssss…! ¡Seaaamos prudenteees!

 

Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro.

Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro.

"Un hombre, (o una mujer, añadiría yo) para ser completo, ha de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro." Esta es la frase que se atribuye al poeta cubano José Martí.

Yo, ya he plantado un árbol. Mejor dicho, a lo largo de los años he plantado unos cuantos árboles. Mientras ejercía mi profesión de Maestra de Primaria, en distintas ocasiones acompañé a mis alumnos que, junto a todos los demás compañeros del colegio, hasta los más chiquitines, iban a plantar pinos con motivo de la celebración anual del Día del Árbol. Yo también plantaba el mío. No los he vuelto a ver. Espero que estén ya bien crecidos. También planté un manzano en mi huerto, nacido del corazón de una manzana que introduje en una maceta. Y comí sus hermosas frutas. De la misma forma planté un limonero que siendo todavía pequeño se heló por culpa de las bajas temperaturas. Me encantaba arrancar alguna de sus hojas, estrujarla entre mis dedos y oler el perfume que desprendía. Pero el árbol del que me siento más orgullosa es uno que tengo en mi corral. Una tarde del mes de mayo, mientras iba en dirección a la ermita, llegó hasta mí el agradable olor que desprendían las flores de uno de los árboles que escoltan ambos lados del Paseo. No conocía su nombre, pero quise tener uno como aquel. Cogí varias semillas, unas bolas de tamaño pequeño, las enterré, las regué, y esperé a que el tiempo hiciese el resto. Escogí la mejor de las plantitas que habían brotado, la planté, y hoy, pasados cinco años, se ha convertido en un árbol frondoso que da sombra y cobijo a un buen número de pájaros. Estos días mi árbol se está quedando desnudo. Basta con permanecer unos momentos frente a la ventana para ver como sus hojas planean como ligeras plumas.

También he tenido un hijo. No, para decir la verdad, he tenido cuatro. Uno de ellos, prematuro. Lo perdimos al día siguiente de nacer. No lo olvido, aunque hayan transcurrido más de treinta años. Y de mis tres hijos vivos, ¿qué diré? ¡Qué va a decir su madre! Pues diré que los quiero mucho y que me siento orgullosa de ellos porque son honrados, trabajadores, cariñosos, responsables… ¡Muy buena gente!

En cuanto a eso de escribir un libro... Cualquier persona no está dotada de las cualidades necesarias para lograrlo. Y además, eso de la publicación parece estar muy, pero que muy difícil.

Siempre me gustó escribir. Parecía sentir una verdadera necesidad de emborronar cuadernos. Y ¿sabéis? Os voy a confiar un pequeño secreto. En lo más profundo de mi ser, durante años, conservé encendida una pequeña llama de esperanza. Quizás algún día sería escritora. Pero el tiempo se nos escapa como el agua entre los dedos. Estaba a punto de ingresar en la tercera edad y tenía mi sueño sin cumplir. Hace tres años, casi por casualidad, leí algo sobre los blogs. ¿Qué será esto? –me dije. Supe que había sitios webs en los que era posible colgar tus escritos, algo así como un libro virtual. Y aquí estoy. Agradezco a Blogia.com que me proporcionase el espacio para lanzar El alma al aire. Y todos vosotros  que me honráis con vuestras visitas recibid mis más sinceras gracias!

También mi perro tiene ansias de libertad

También mi perro tiene ansias de libertad

Cada mañana, al abrir la ventana de mi dormitorio situado en la parte posterior de la casa, lo primero que hago es mirar a lo lejos. Si el día está despejado, puedo ver las siluetas familiares del Moncayo y las Peñas de Herrera. Después, miro hacia abajo. Allí, en el amplio corral, encuentro a Yako esperando a que yo aparezca. Permanece muy quieto, expectante, observándome con fijeza. Se me figura que los dos sentimos a la vez el pinchazo de la nostalgia. ¡Aquellas largas caminatas de verano…!

A menudo le hablo como si fuera una persona.

- ¡No, Yako! ¡Ahora no toca!

Parece que entendiera lo que le digo. Entonces, busca el pedazo de una pelota de goma que apareció hace ya tiempo en el corral, arrojada involuntariamente por algún niño. Se ha convertido en su juguete. La toma en su boca y la coloca en el suelo junto a sus patas delanteras. Menea el rabo y me mira como suplicando que baje a lanzársela a lo alto.

- No puedo, Yako - le digo.

Entonces saco mi brazo por la ventana como si fuese a quitársela desde arriba, mientras le digo:

-¡Que te la quito!

Eso le basta. La sujeta con sus dientes y la mueve con fuerza mientras da vueltas sobre sí mismo como si estuviese loco, lanzando ruidosos soplidos. Así una y otra vez. Incansable, animado por mis palabras y por mis risas.

Hasta que me retiro de la ventana para comenzar mis tareas cotidianas. Entonces él se queja lastimeramente como si fuera un niño contrariado.

Esa curiosas asociaciones

Esa curiosas asociaciones

A veces, una palabra, un olor, un sabor, una textura, un sonido, sin saber muy bien cómo ni por qué, son capaces de trasladarnos misteriosamente a cientos de kilómetros, o nos hacen retroceder de repente decenas de años de nuestras propias vidas.

Hoy me ha ocurrido así. El sonar del claxon de la camioneta de reparto del butano ha logrado conducirme hasta mis años de estudiante. Por unos momentos, han vuelto a mi memoria todos los sonidos de la vieja calle en la que viví. Durante las vacaciones de Navidad, al despertarme en las frías mañanas de diciembre, hasta nuestro pequeño piso abuhardillado en el quinto piso de una vieja casa situada en la entrada de la calle Heroísmo, amortiguados por los cristales de la ventana, llegaban casi ininterrumpidamente los ruidos de los vehículos circulando por el vecino Coso, el chirriar de los frenos, el sonido de los tranvías deslizándose por los raíles, el tañido de las campanas de la cercana iglesia de la Magdalena en la que me casé...Y las voces. Muchas voces. Las voces de las mujeres que ofrecían sus productos en las aceras, junto a las esquinas de las casas.

-¡Aaajeeeeraaaa! ¡Aaaajos! ¡Vendo ajooos!

-¡Caaracoles! ¡Caaaracoles!

Y los gritos de los vendedores de los cupones de la ONCE.

-¡Iguaaaales para hoy llevo la serie! ¡Iguales! ¡Hay iguales!

Palabras cruzadas, discusiones, gritos…

Mientras, yo, permanecía acurrucada y caliente bajo las mantas, dejando vagar mis pensamientos, mecida por hermosos ensueños y tratando de adivinar el futuro. El futuro, con todas esas cosas, muchas de ellas hoy ya conocidas, que la vida me tenía reservadas.

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En recuerdo de Paco

En recuerdo de Paco

"Cuando Pedro salió a su ventana

no sabía, mi amor, no sabía

que la luz de esa clara mañana

era luz de su último día…"

¿Habíais leído o escuchado estas palabras? Forman la primera estrofa de Causas y Azares, poesía y canción del cubano Silvio Rodríguez.

Encierran mucho de verdad estos versos. Tú te levantas de la cama una mañana, como haces cada día, y no sabes si al llegar la noche volverás a acostarte en ella. Desconoces si estarás cerca o lejos de tu hogar, vivo, o muerto. Y eso mismo le pasó a Paco. En la mañana del pasado viernes salió de su casa con su hermano Manolo, dispuestos a recoger rebollones en el monte.

Amenazaba lluvia y había niebla en los altos. Y la montaña es como un amante vengativo. Puede hacerte gozar lo indecible, pero también puede acabar contigo sin piedad si le pierdes el respeto. La niebla jugó con ellos al escondite. Manolo logró llegar al todoterreno, aparcado en una pista forestal, y allí estuvo esperando a su hermano. Las horas transcurrían lentas, casi eternas, oscurecía ya, y decidió ir hacia el pueblo más próximo para solicitar ayuda. Los nervios y el terreno escarpado a punto estuvieron de hacerle caer por un barranco y el vehículo quedó atascado. Serían las cuatro de la madrugada del sábado cuando lo encontraron caminando empapado y con el frío y la angustia metidos en los huesos.

¿Y Paco? ¿Dónde podía estar? El domingo por la tarde encontraron su cesta llena de rebollones. Estaba a treinta metros escasos de un camino estrecho, uno de esos que utilizan los amantes del senderismo, y a unos tres kilómetros de una carretera. ¡Había caminado alrededor de diez desde el lugar en el que habían comenzado la recogida de los hongos!

Según iban pasando las horas aumentaba nuestra incertidumbre y disminuía la esperanza de encontrarlo vivo,

-¡Paco aguanta! ¡No te rindas! Era el mudo mensaje que le enviábamos todos los que lo conocíamos y lo queríamos.

Hace unos minutos, los que yo he tardado en teclear estas líneas, un familiar nos ha llamado para darnos la mala noticia. Lo han encontrado muerto. La autopsia dará detalles de su muerte, pero yo me pregunto qué pensamientos pasarían por su cabeza, cuanta sería su desorientación para, en vez de seguir el curso del río hacia abajo hasta encontrar el campo abierto, volvió a ascender por los montes hasta que se le acabaron las fuerzas.

¡Descansa  en paz Paco!

Yo debería odiar a la montaña por esto, pero no puedo...

 

Flores para los muertos

Flores para los muertos

Esta mañana he subido al pueblo con mi hijo menor para poner unas flores en la tumba de los abuelos. Hemos madrugado porque a las doce y media del mediodía él tiene que comenzar su jornada de trabajo.

Apenas hemos visto a media docena de personas, porque la mayoría se desplazarán hasta allí mañana, Día de Todos los Santos. Pero nosotros, mañana no podemos hacerlo. Mañana es día de celebración familiar. Mi hija cumple los años. Desde que tuvo uso de razón, y como consecuencia de la temprana muerte del único hermano de mi marido, ella se quejaba amargamente de haber nacido en esa fecha y de no poder celebrar debidamente su cumpleaños, porque ese día, inexcusablemente, mi marido debía desplazarse para llevar a sus padres a visitar la tumba de mi cuñado al cementerio del pueblo en el que residía.

- ¡Nunca puedo ser la protagonista de mi fiesta! – protestaba con rabia.

Pero ahora, sí. Desde que los abuelos murieron a ellos no parece importarles este cambio de día para recibir nuestra visita, o al menos no dicen nada al respecto.

El paisaje estaba precioso. El otoño se ha enseñoreado de las arboledas que lucen doradas por el sol, rodeadas de una enorme alfombra multicolor, y las vides parecen sangrar sobre las tierras ocres.

¡Qué hermoso día para perderse por cualquier sendero y aspirar los incomparables perfumes de la tierra y del bosque!

Pero la prisa es nuestro implacable carcelero. Tras colocar las flores, todavía he tenido unos momentos para murmurar una plegaria mientras me movía mirando las caras, los nombres, las fechas, de las personas que ocupan los nichos más próximos. Este pueblo es pequeño y todos nos conocemos. Siempre te viene a la memoria algún recuerdo de los que allí reposan. Allí están todos ellos, silenciosos, sin prisas…

Veo a mi hijo que viene a mi encuentro. Es momento de partir. La vida sigue…

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