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El alma al aire

Retazos

Visita al Coso Bajo

Visita al Coso Bajo

Hacía tiempo que deseaba hacerlo. He visitado el barrio en el que se  estableció nuestra familia al venirse mi padre a trabajar a Zaragoza.  Deseaba ver lo que quedaba en pie  después de más de cuarenta años de ausencia. La excusa, comprar unas zapatillas de cáñamo en la alpargatería Alfaro. Al llegar a la calle Mayor he empezado a mirar con los ojos muy abiertos, esperando recuperar  retazos de vida dormidos en mi memoria después de tantos años. La torre mudéjar  de la iglesia de la Magdalena luce preciosa. El Gallo observa orgulloso el barrio desde lo alto de la torre. Todavía sigue abierta la  tienda  “ Quiteria Martín”, a la que acudía mi hija  acompañada de sus abuelos a comprar chucherías. He sentido ganas de penetrar en su interior, imaginando  que iba a encontrarme con ella, tan preciosa y tan mimada, como única nieta.

He echado de menos la  antigua Universidad, en la que me examiné de oposiciones cuando acabé la carrera. Algunas casas se conservan sin cambios, ocupadas por inquilinos de escasas posibilidades económicas. He leído el rótulo de la perfumería “Los Claveles” y sigue abierta la antigua farmacia.  Los ojos se me han ido sin pensar hacia  la esquina de las calles Cantín y Gamboa y Heroísmo. Me he obligado a frenar mi impaciencia. Tenía que mirar primero los bajos en los que estaba instalada la droguería “Los Leones”. Todavía se conserva el rótulo. Y me parecia ver a los dueños de la tienda con sus batas  grises, y a la mujer de uno de ellos, una mujer agraciada de ojos azules, con el pelo teñido de un rubio muy claro, y rellenita, muy al gusto de los hombres de aquellos años. He olvidado su nombre. Tendría que preguntarle a mi madre, pero ya no es posible hacerlo.

Y ahora sí. Miro detenidamente el edificio levantado sobre el solar de lo que fue nuestra antigua casa. Es sólo uno de tantos.  Ya no existe la  peluquería, ni la lechería, ni la tienda de ultramarinos, ni la “Funeraria Quílez”, ni la chichorrería, ni la carnicería, que ocupaban los bajos de aquella vieja y espaciosa casa. Ahora todo ellos forman parte de una tienda de electrodomésticos. No diré su nombre porque no deseo hacerle propaganda gratuita, ya que su  propietario no es recordado con demasiado afecto por los vecinos del antiguo inmueble. Compró la casa y enseguida empezó a entrarle prisa por desalojar a los vecinos, con no muy buenas artes, para poder  derribarla.

Todavía se conserva la casa del  número 2 de la calle Heroísmo. He mirado hacia la terraza, esperando ver el pelo gris de la señora Tomasa, a la que tantas veces vi desde la ventana de nuestro piso. Desapareció también “Casa Ortín”, la tienda de vinos  a la que pasábamos a comprar los bloques de hielo para refrescar la vieja nevera. Puedo ver claramente los azulejos morados de nuestro  patio y la gran puerta de madera de la entrada. No están tampoco los viejos urinarios situados en la  acera de enfrente. Ni el puesto de la ONCE. Y me parece escuchar las voces de los vendedores del cupón: “¡Iguaaales! ¡Iguaaales para hoooy llevo la suerte! ¡Haaay iguales!” Y en las noches, el ruido del último tranvía deslizándose por los viejos raíles camino de las cocheras. Y las voces de los trasnochadores llamando al  sereno para que les abriera la puerta.

En la entrada de la calle San Lorenzo  me he encontrado con “Casa Paco”.

 ¡Sigue abierta! “Baratijas infantiles” “Prensa diaria”, puede leerse en unos viejos y renegridos carteles. De repente me he encontrado dentro del local. Ha sido como un impulso irrefrenable. Un hombre de edad mediana estaba sentado leyendo.

- ¡Perdone! - le he dicho -. No vengo a comprar. Hace más de cuarenta años mis hermanos y yo veníamos a esta tienda a cambiar novelas y tebeos y a comprarnos algún que otro polo. He sentido la curiosidad de verla otra vez.

El hombre no era demasiado hablador, pero ha parecido comprender.

- Hace más de cincuenta años que está abierta - me ha dicho.

  ¡Cuantas novelas del oeste y alguna que otra de amor, leería yo durante aquellos años! Y cuántos tebeos de Roberto Alcázar y Pedrín, del Guerrero del Antifaz, del Capitán Trueno, del Jabato... todos los que cambiaba mi hermano, sin importarnos demasiado que tuvieran las esquinas dobladas o que estuvieran adornados con algún que otro lamparón de  grasa o chocolate.

Ya he cumplido mi deseo. En mi memoria seguirá en pie nuestra vieja casa con cada uno de sus vecinos, la mayoría muertos, y tan  originales que darían de sí para escribir un libro.

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Cuando cantan las campanas

Cuando cantan las campanas

¡Campanas! Me basta con cerrar los ojos y puedo oírlas hasta donde me alcanza la memoria. ¡Campanas del pueblo donde nací! Ellas me proporcionaron el sonido más fuerte de mi infancia. Convocando a la misa dominical, volteando vigorosas y alegres en las fiestas patronales. Lanzando al aire su lamento para anunciar que una vida se escapaba. He escuchado muchas veces a lo largo de mi vida el toque de las campanas. Campanas de catedrales, parroquias y conventos. Campanas de las ermitas. Campanas de tonos graves, roncos, agudos, tintineantes... Pero nunca hasta hace unos días las había oído cantar. ¡Sí! ¡Cantaron! ¡Y vaya si lo hicieron bien! En una mañana soleada, las treinta y tres campanas del carillón de la Diputación Provincial de Zaragoza, respondiendo a las manos expertas del carillonista Nacho Navarro, cantaron llenando el aire de la ciudad de hermosas melodías. 

¡Gracias Nacho!

 

¡Bendita risa!

¡Bendita risa!

He de confesar que últimamente, por las circunstancias que me toca vivir en el terreno personal y familiar, y que ahora no vienen al caso, no estoy precisamente para tirar cohetes. Así que no es algo usual en estos días el hecho de escucharme a mí misma soltando una buena carcajada. Tampoco, quizás sea por la difícil situación económica que se está viviendo en nuestro país, veo a la gente demasiado risueña. ¡Deberíamos reírnos más! Reírnos, principalmente de nosotros mismos. Sería un ejercicio muy sano.

Acabo de leer esta frase: "La risa es la mermelada que sazona el pan de la vida: le da sabor, le quita la sequedad y la hace más llevadera". (Diane Jhonson)

¡Completamente de acuerdo!

Y a propósito. Recuerdo el ataque de risa que padecí, hace sólo unos días, al leer el contenido del archivo que me envió una buena amiga mía sobre algo que escribió el escritor Pedro Muñoz Seca. Todavía siento el regusto.

Dice así:

"D. Pedro, vivía en una casa de Madrid donde atendía la portería un encantador matrimonio al que profesaba autentico afecto.
Falleció la mujer, y a los pocos días el marido, más de pena que de enfermedad, pues era un matrimonio profundamente enamorado.
El hijo de los porteros se dirigió a D. Pedro y le pidió que redactara un epitafio para honrar su memoria. Del corazón de Muñoz Seca surgieron estos versos:

Fue tan grande su bondad,
tal su generosidad
y la virtud de los dos
que están, con seguridad,
en el cielo junto a Dios

Corría el año mil novecientos veintitantos... y en aquella época era preceptivo que la Curia diocesana aprobara el texto de los epitafios que habían de adornar los enterramientos, así que D. Pedro recibió una carta del Obispado de Madrid para que modificara el verso, puesto que nadie, ni siquiera el Obispo, podían afirmar, de un modo tan categórico, que unos fieles hubieran ascendido al cielo sin mas.

D. Pedro rehizo el verso y lo remitió a la Curia del modo siguiente:

Fueron muy juntos los dos
el uno del otro en pos
donde va siempre el que muere
pero no están junto a Dios
porque el Obispo no quiere.

Nueva carta de la Curia. Tras recriminar al autor lo que cree, con toda razón, que es un choteo de Muñoz Seca, le exige una rectificación, ya que no es el Obispo el que no quiere, sino que es nuestro libre albedrío el que nos lleva al cielo o no.
Así que D. Pedro remata la faena escribiendo un verso que jamas colocó en enterramiento alguno porque la Curia jamas le contestó:

Vagando sus almas van
por el éter, débilmente,
sin saber que es lo que harán

 porque, desgraciadamente,
ni Dios sabe donde están.

Visto lo visto...

Visto lo visto...

Acabo de leer una noticia que me produce escalofríos. Estados Unidos, a través de Hillary Clinton, Secretaria de Estado estadounidense, y el mismísimo Presidente Obama, han tenido que pedir perdón a Guatemala por los experimentos llevados a cabo en este país por equipos médicos pertenecientes al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos durante la década de 1940.

Dichos experimentos, que han salido a la luz gracias a un estudio realizado por Susan Reverby, una investigadora de la Universidad de Welleslev, consistieron en infectar con sífilis y gonorrea a cerca de 700 personas, la mayoría de ellas presos y pacientes de instituciones mentales de Guatemala. ¡Tela marinera!

Según dicho estudio, estos experimentos tenían como finalidad determinar si la penicilina, utilizada para curar la sífilis, podía evitar que la enfermedad se extendiera en las primeras etapas del contagio. El contagio se provocaba por transmisión sexual a través de prostitutas que sufrían la enfermedad, por inoculación directa en el órgano sexual o mediante la aplicación de una inyección en la médula espinal. ¡El equipo médico, dirigido por un tal doctor John Cutler, alentaba a los pacientes a que contagiaran a otras personas!

¡¡¡Qué horror!!! ¡De lo que puede ser capaz el ser humano en nombre de la ciencia!

Hasta ahora los malos eran los nazis… Que lo son por supuesto. Sin posible justificación.

Pero a la vista de noticias como ésta, yo me pregunto: ¿Cuántas barbaridades se cometerán en el mundo que nosotros ni siquiera imaginamos?

 

¡Realmente espeluznante!

¡Realmente espeluznante!

Un restaurante de próxima apertura en Berlín anuncia en su campaña publicitaria de inauguración que busca donantes para poder ofrecer especialidades caníbales a sus clientes, lo que ha causado la justificada indignación de muchos ciudadanos. Es cierto que puede tratarse únicamente de un recurso para atraer la atención, pero en todo caso no deja de ser algo sumamente macabro y del peor gusto que uno pueda imaginar.

"Tras una revisión médica puede usted decidir qué parte de su cuerpo está dispuesto a donar" - puede leerse en la publicidad sobre el restaurante Flimé, cuya apertura se anuncia para el próximo 8 de septiembre. Se mantiene en secreto la localización del mismo. 

 El donante potencial ha de rellenar un formulario en el que se incluyen datos personales como la identidad, la edad, las posibles enfermedades crónicas, el consumo de tabaco, drogas o alcohol, el peso, el grupo sanguíneo y, en el caso de ser mujer, hasta si existe actualmente un embarazo.

¡Qué alucine!

El propietario de este restaurante tan original es un brasileño llamado Eduardo Amado, el cual anuncia que ofrecerán cocina de la cultura wari, un pueblo caníbal de la selva amazónica, en combinación con recetas clásicas brasileñas.

"Contemplamos la alimentación como un acto espiritual en el que se asume el alma y la fuerza del ser que ingerimos". "Disfrute en Flimé de especialidades de aroma y sabor inolvidables que llegarán a entusiasmarle".

 

Esas son algunas de las perlas que aparecen en su propaganda. ¡Hasta correrán con los costes hospitalarios de las amputaciones!

Pues nada, pobres del mundo, si estáis en el paro, o vivís en un país del tercer mundo y no tenéis dónde caeros muertos.  ¡No hay problema! El señor Eduardo Amado os ofrece una solución. Sólo es cuestión de acercarse al centro sanitario más próximo y decirle al galeno que os atienda: "Doctor, córteme una mano. Total... ¿para qué quiero yo las dos?"

 

 

 

 

 

 

La visita de Pou

La visita de Pou

Pou es un enorme gato blanco de raza persa que vive con sus dueños en una casa situada en un pequeño callejón con encanto de nuestro pueblo. De vez en cuando paso por allí y suelo detenerme para gozar del verde de las enredaderas que reptan como serpientes por sus viejas paredes, del colorido de las hermosas flores que lucen sus macetas, del rústico banco construido con madera de árbol sin pulir.  Pou, suele contemplarnos indolente reposando sobre un alegre cojín en una vieja silla de anea, mientras su dueña y yo charlamos de esto o de aquello, en esta vida plácida en la que las horas y el estrés cuentan muy poco.

Como mis conocimientos de francés son prácticamente nulos, hasta hoy no he sabido que Pou significa Piojo en el idioma del país vecino. Me lo ha dicho Rosa, respondiendo a mi pregunta cuando ha venido a recogerlo.

Estaba yo haciendo mis ejercicios de yoga en el cuarto de estar cuando, casi de reojo, he visto un bulto blanco en movimiento a mis espaldas. Y cual no ha sido mi sorpresa al encontrarme al gato que visitaba tranquilamente una tras otra todas las habitaciones que ha encontrado a su paso. No recordaba su nombre, así que he echado mano del habitual "misi, misi", intentando atraerlo hacia la puerta de la calle, porque, aunque en apariencia es un animal manso, no me atrevía a ponerle las manos encima para sacarlo.

Me gustan los animales pero no quiero compartir la casa con ellos. Por algo mi fiel Yako, al que quiero mucho, tiene su residencia en la cochera.

¿Se hará pipí? - pensaba, viendo sus idas y venidas, tan tranquilo, como si él fuera el único dueño y señor.

Así que no me ha quedado otro remedio que llegarme al callejón, buscando auxilio para desalojar al intruso. No sin antes haber inmortalizado el momento con mi inseparable cámara.

¡Nos estamos haciendo viejos, Yako!

¡Nos estamos haciendo viejos, Yako!

Esta mañana, alrededor de las ocho, dueña y perro hemos salido a hacer nuestra caminata diaria. Al subir la empinada cuesta que conduce a la ermita de San Miguel he escuchado el sonido de las esquilas del ganado forastero que desde hace unos días pasta por los alrededores de nuestro pueblo. Como medida de precaución he sujetado a Yako con su cadena. ¡Dios mío! Durante el tiempo empleado en hacer la mitad del recorrido, hemos caminado a un ritmo de media carrera, siempre persiguiendo a los invisibles animales que caminaban unos centenares de metros delante de nosotros por la pista forestal que serpentea al pie del monte.

- ¡No corras, Yako!

Mi perro hace oídos sordos.

- ¡Te digo que no corras, Yako!- repito alterada.

Me enfado en vano. Su curiosidad por acercarse al rebaño puede más que mis palabras airadas. Estoy sudando tinta china pero Yako tira y tira sin piedad y sin descanso.

En las proximidades de la carretera logramos alcanzar la retaguardia del perseguido ejército. Yako mira con curiosidad a los rumiantes y desea confraternizar con los perros guardianes. Uno de ellos, de pequeño tamaño, huye de nuestro alcance. El otro, un enorme perro blanco, pasa olímpicamente de nosotros.

Por fin alcanzamos la carretera y entonces el rebaño y nosotros caminamos en sentidos opuestos.

Yako empieza a rezagarse, mira hacia atrás incontables veces, y yo tengo que tirar de la cadena, esta vez para conseguir que mi perro camine a mi lado. Los dos nos arrastramos hacia el pueblo con la lengua fuera. Yo siento mi camiseta mojada.

¡Ay, ay, ay!  ¡Nos estamos haciendo viejos, Yako!

Tres pequeñas golondrinas

Tres pequeñas golondrinas

Me gustan las golondrinas, esos pájaros bulliciosos e inquietos que surcan veloces el cielo de nuestros pueblos. Me encanta verlas posadas sobre los cables eléctricos, cada vez en mayor número según va acercándose el momento de la marcha hacia las tierras cálidas. Parece que algo se muere en nosotros cuando se van. Y cuando, allá por San José, aparecen de nuevo, alegrando el aire con sus gritos, sentimos que el frío y la nieve han firmado una tregua, y que la alegre primavera llama una vez más a nuestra puerta.

Hoy, al revisar mi correo eléctrónico, he encontrado una imagen que me ha enviado una amiga que se encuentra aquí en el pueblo, pasando como yo estos meses de verano.

Ayer me contó la pequeña historia. Por motivos desconocidos, tres crías de golondrina, cayeron del nido. Un joven que tiene su casa justo al lado de aquella en la que se encuentra el nido, recogió a los pequeños e indefensos animalillos y los introdujo en el alféizar de una ventana protegida por una red metálica, con los huecos lo suficientemente amplios como para que la pareja de golondrinas adultas pueda entrar por ellos para alimentar a su prole, y que por fortuna no permite el paso a ningún animal depredador.

¡Ojalá termine bien esta sencilla historia! ¡Deseo que estas pequeñas aves puedan vivir lo suficiente para que sus alas adquieran el vigor necesario para lanzarse al aire y volar raudas como sus progenitores!

¿Difícil? Quizás. No es la primera vez que he visto morir a otras crías que tuvieron la desgracia de caer del nido. Pero… ¡Soñar es gratis!

El oso

El oso

 

En esta tarde festiva, que por problemas de salud he pasado casi en su totalidad sentada en el sofá, he tenido la oportunidad de ver una película con unos paisajes preciosos, de esos que te hacen amar más y más la naturaleza. Los protagonistas, un osezno que pierde a su madre en un desprendimiento de rocas y un macho adulto, que tras su rechazo inicial acaba por acogerlo como a un hijo. ¡Que cachorro tan tierno! Me ha encantado. ¡Qué poderío y qué ferocidad los del tremendo animal a la hora de defenderse de las balas de los cazadores y de la persecución de una jauría de perros!

En un momento dado, uno de los cazadores, el más acérrimo perseguidor de todos ellos, se encuentra de improviso a merced del animal. No he podido por menos que contener la respiración, como si tuviera de verdad al hombre y al oso en la misma esquina de mi cuarto de estar. Y cuando aquél se ve ya perdido, éste, sabe Dios por qué, da media vuelta perdonándole la vida. ¡He respirado con alivio! Y he aplaudido en mi interior la decisión del cazador de renunciar a su caza cuando la fiera se alejaba estando todavía a tiro, como en un claro signo de acción de gracias.

Las últimas imágenes muestran a ambos osos entrando en la cueva para comenzar la hibernación y una hermosa panorámica de las inmensas montañas cubiertas por la nieve.

Me he sentido feliz. Hasta casi he conseguido olvidarme de mis males…

¡Bienvenida a casa!

¡Bienvenida a casa!

 Alicia Gámez, la voluntaria de la ONG Acció Solidaria de Barcelona secuestrada hace 102 días por miembros de Al Qaeda, cuando viajaba acompañando a un convoy de material humanitario con destino a Mauritania, fue puesta ayer en libertad.

¡Bienvenida a casa! Todos esperamos y deseamos que los otros dos voluntarios, Roque Pascual y Albert Vilalta que se encuentran todavía en poder de los secuestradores vuelvan sanos y salvos lo antes posible junto a sus familias.

El ansia de perdurar

El ansia de perdurar

En distintas ocasiones a lo largo de mi vida he escuchado frases parecidas a ésta: "En lo más profundo del ser humano se esconde su ansia de perdurar más allá de la muerte" ¿Quién lo dijo? ¿Tal vez Unamuno? Sea quién fuese, yo coincido con él en dicha opinión. No es difícil comprobar cómo el hombre a lo largo de la historia, ha buscado por distintos caminos, bien sea a través de sus creencias, o mediante sus logros en los distintos campos del arte, de la investigación, etc, el modo de seguir vivo. El pintor, el escritor, o el científico de renombre saben que sus vidas no quedarán en el olvido, puede decirse que seguirán entre nosotros a través de sus obras. Algunos de ellos ya se han encargado de que esto sea así de una forma directa, como en el caso de los pintores que plasmaron en el lienzo su propio retrato. Según se cuenta, el Maestro Mateo, el autor del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela esculpió su propia figura en la piedra cuando realizó esa maravilla del románico.

¿Pero qué pasa con la mayoría de nosotros, los seres humanos que no hemos sido dotados con ningún don especial que nos ayude a saciar esa sed de perdurar? ¡Pues cada uno se las arregla como puede…!

Hoy mismo he leído la noticia de que en Herrera de Pisuerga, un pueblo de unos 2.500 habitantes situado en la provincia de Palencia, se ha armado un buen zafarrancho porque los representantes del partido socialista del pueblo han denunciado públicamente que, aprovechando la reciente restauración de la ermita de Nuestra Señora de la Piedad de dicho pueblo, el alcalde, perteneciente al partido popular, les ha metido un gol desde la posición de fuera de juego. Lo acusan de haber sustituido el lienzo de 1902 que colgaba en una de las paredes de la ermita por un nuevo cuadro, titulado La adoración, en el que, según declara Teodoro de la Fuente portavoz del PSOE, aparece un San José cuya cara es la "del padre del alcalde", además de unos Reyes Magos en los que se verían reflejados el hermano del regidor y el propio alcalde, que guarda similitudes con el rey Baltasar. Y lo que sería más grave, que ha sido costeado con fondos públicos, gracias a una subvención de la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León.

El alcalde, Javier San Millán, negó en un primer momento que tenga algo que ver con la pintura, y menos que su familia haya posado para el pintor. Pero Guzmán Capel, el autor de la obra, confirmó en algún medio de comunicación que se había inspirado en los familiares del regidor para realizar el polémico cuadro, ya que los conoce personalmente.

Llegados a esta situación, el señor alcalde niega que mandara hacer el cuadro con retratos de sus familiares, aunque sí reconoce el parecido entre el San José que aparece en el cuadro y su padre. Lo achaca "a la técnica realista de Capel, que emplea en sus lienzos modelos de la vida real".

¿Será esa ansia de perdurar la causa de que el alcalde de Herrera de Pisuerga haya hecho lo que ha hecho, si es que lo ha hecho?

 

 

 

 

 

 

 

 

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A perro flaco todo son pulgas

A perro flaco todo son pulgas

Eso le oí decir en ocasiones a mi madre al referirse a personas a las que por no se sabe que secretos designios le acudían una desgracia tras otra. Hoy, al rememorar este refrán, estoy pensando en Haití, el pequeño Estado que ocupa la parte occidental de la isla La Española en la América Central.

No le bastaba con ostentar el triste record de poseer el nivel de renta per cápita más bajo de todo el continente americano - hasta un 70% de sus habitantes viven por debajo del nivel de pobreza; ni con tener una gran parte de su suelo completamente erosionado como consecuencia de una brutal deforestación, hasta el punto de contar apenas con una mínima parte de tierra cultivable, todo ello agravado por una tremenda escasez de agua potable; ni con que un 80% de los haitianos con niveles educativos elevados hayan emigrado en busca de otras alternativas causando una importante fuga de cerebros; ni con que alrededor de un millón de personas hayan abandonado su país ilegalmente a través de la frontera, hacia la Republica Dominicana que ocupa la parte oriental de la Isla…

Por lo visto no es suficiente, porque ayer la Naturaleza golpeó a este pequeño Estado con un devastador terremoto de 7 grados en la escala de Richter que podría haber causado centenares de víctimas.

Sirvan estas líneas para solidarizarme con todos aquellos que de una manera u otra están sufriendo en sus carnes estos momentos tan terribles, y de una manera  muy especial con los más debiles.

 

 

 

Si al menos nos sirviera de lección...

Si al menos nos sirviera de lección...

Hasta hace una semana, Diego P.V. era para la mayoría de nosotros un joven anónimo, uno más de los muchos que podemos encontrarnos a lo largo y ancho de nuestra geografía. A sus 24 años, vivía con su pareja en compañía de una pequeña de tres años fruto de una relación anterior de su compañera sentimental.

Seguramente Diego estaría muy enamorado y lleno de proyectos e ilusiones. Pero, por una circunstancia desgraciada, su vida entera dio un giro inesperado. Pasó del sencillo anonimato a salir en todos los medios de comunicación para verse señalado y tratado como un horrible monstruo: un hombre, capaz de abusar sexualmente de una niña y de terminar con su vida como consecuencia del maltrato y de las lesiones causadas.

¡Qué fácil es arrojar una pequeña bola de nieve en la cima de la montaña y cuán grande se va haciendo según baja! ¡Cada vez más rápido y cada vez más grande!

Así ha sucedido en esta ocasión. Ahora resulta que él tenía razón al gritar su inocencia. Se trataba en realidad de un desgraciado accidente. No había habido violación, ni maltrato, ni quemaduras de cigarrillo en el cuerpo de la pequeña.

Y yo me pregunto: ¿Habrá en el mundo algo, capaz de compensar a Diego de todo su dolor y del daño moral que le ha producido la calumnia?

No. No lo hay.

Sólo nos queda pedir, mejor exigir, a todos los responsables, un cuidado exquisito para que un caso tan terrible como el que nos ocupa no vuelva a producirse.

Todos somos culpables.

Esos médicos que atendieron a la niña, y que no esperaron a realizar todas las pruebas necesarias antes de que el caso llegara hasta los medios de comunicación.

Esos medios de comunicación, que en ocasiones dan una noticia sin contrastar convenientemente las fuentes, produciendo un daño en la fama y el honor de las personas difíciles de devolver.

Esos ciudadanos que querrían tomarse la justicia por su mano e insultan a gritos al presunto culpable a la puerta de los juzgados, sin pensar, como en este caso, que puede tratarse de un inocente.

Todos los ciudadanos, entre los que me incluyo, que aceptamos la versión que se nos ofreció sin conceder al acusado el beneficio de la duda.

En nombre de todos, quiero pedirte perdón, Diego. ¡Que el tiempo que todo lo suaviza os ayude a ti y a la madre de esa niña a remontar este trance tan doloroso que os ha tocado vivir!

 

 

Odio la zafiedad

Odio la zafiedad

Estos días está de plena actualidad "la gracia" de un usuario de internet, que tuvo la desafortunada idea de colgar en la red una imagen de Michelle Obama con rasgos simiescos.

Aparte de la total falta de educación y de respeto que esta acción conlleva, me pregunto si "el artista" cayó en la cuenta de que todos los seres humanos tenemos el mismo origen,  incluido él. (O ella) ¡Que nadie pueda tacharme de sexista! ¡Espero que se aplique el cuento!

 

Otros muros para derribar

Otros muros para derribar

Se cumplen hoy 20 años de la caída del Muro de Berlín. Recuerdo que en aquella época eran bastantes frecuentes las noticias que tenían que ver con los intentos de los ciudadanos del este de pasar a la zona occidental y de cómo algunos de ellos se dejaban la vida en el intento. Por eso, los que seguimos aquel acontecimiento a través de los medios de comunicación lo recordaremos siempre como algo importante, como un motivo para la paz y la esperanza.

Hoy, pasados esos años, pudiera ser que no todos hayan visto cumplidas las espectativas generadas por aquel hecho, pero creo que una mayoría pensamos que el resultado ha sido francamente positivo.

Sin embargo, no puedo dejar de pensar en todos los otros muros que siguen en pie a lo largo y ancho de nuestro mundo.

El muro vergonzoso levantado no hace mucho por el gobierno israelí y que ha convertido algunas zonas palestinas en un verdadero gueto.

Los 3.200 kilómetros de kilómetros de alambrada que Estados Unidos ha hecho construir en su frontera con México para evitar la emigración ilegal de los mexicanos hacia este poderoso país.

O esos otros 8,2 kilómetros en Ceuta y 12 kilómetros en Melilla levantados por el gobierno español para frenar el paso de los ilegales desde Marruecos.

La franja de 4 kilómetros de ancho por unos 250 kilómetros de largo, que divide a las dos Coreas.

El muro de aproximadamente 2.720 kilómetros. que construyó Marruecos en el Sahara Occidental para defenderse del Frente Polisario tras apropiarse del territorio saharaui …

Estos son algunos de los muros levantados por el hombre contra el hombre.

Pero existen al menos otros dos que a mi entender son los más importantes porque son la causa de todos los demás. Me refiero a las casi insalvables barreras producidas por la injusticia y la desconfianza. Estos son los dos poderosos obstáculos que hay que derribar. El día en que éstos se derrumben podremos contemplar la caída estrepitosa de todos los obstáculos que oprimen y separan a los habitantes de nuestra Tierra. ¡ Ojalá ese día estuviese cerca!

 

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Resultó cierto: su vida cambió

Resultó cierto: su vida cambió

 

 

Sucedió en el Estado de Arizona, en los Estados Unidos.

Dos personas de 38 y 40 años resultaron muertas, y otras 19 más, heridas, durante un retiro. Dichas personas participaron en un programa de limpieza espiritual a cargo del autor y experto en auto-ayuda James Arthur Ray.

Los participantes, todos entre 30 y 60 años, pagaron entre 9.000 y 10.000 dólares por participar en esta experiencia.
De acuerdo con las primeras investigaciones, algunas personas empezaron a sentirse indispuestas tras salir de la sauna.
Una mujer llamó a los servicios de emergencia y 19 personas fueron trasladadas a hospitales cercanos, algunas con quemaduras, síntomas de deshidratación, paradas respiratorias y fallos renales.

Según las noticias publicadas sobre este suceso, James Arthur Ray, conocido por sus programas, que prometen a sus clientes riqueza monetaria, mental, física y espiritual, alquiló el centro de retiro en Angel Valley para organizar un seminario de cinco días que iba a "cambiar la vida" a los asistentes.

En vista de lo ocurrido, nadie podrá negar que lo que se les había prometido se cumplió. Les cambió la vida, aunque ninguno de ellos imaginase ni por un momento que iba a ser de esta manera tan trágica.

 


En el 140 aniversario del nacimiento de Ghandi

En el 140 aniversario del nacimiento de Ghandi

En estos tiempos en que el ser humano utiliza frecuentemente la violencia para lograr sus objetivos, se agiganta la figura de Mahatma Gandhi, uno de los líderes espirituales y políticos más respetados del siglo XX, quien luchó de forma pacífica por la independencia de su país, y dedicó todas sus energías a la abolición del sistema de castas y a evitar los extremismos y la división entre hindúes y musulmanes en la India. El 30 de enero de 1948, cuando se dirigía a la plegaria comunitaria, un joven extremista hindú acabó violentamente con su vida.

De entre sus pensamientos he querido escoger esta hermosa plegaria.

"Mi Señor… Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes. Y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles. Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad. Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo. Enséñame a querer a la gente como a mí mismo. No me dejes caer en el orgullo si triunfo ni en la desesperación si fracaso. Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo. Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza. Si me quitas el éxito. Déjame fuerzas para aprender del fracaso. Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar. ¡Señor… si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!"


El milagro de la constancia

El milagro de la constancia

"Transporta un puñado de tierra todos los días y construirás una montaña"

Es una de las máximas de Confucio, el filósofo del cual hoy celebra China el 2.560 aniversario de su nacimiento. Rastreando por entre las páginas de internet he conocido algunos detalles de su vida y sus ideas. De entre sus máximas, repletas de sabiduría, he escogido ésta que encabeza mi escrito.

Y he reflexionado unos momentos sobre los objetivos que me he marcado a lo largo de mi vida. De los que he conseguido y de aquellos que se quedaron en el camino porque no fui constante en transportar el puñado de tierra necesario, y por lo tanto la montaña no se construyó.

Pero nunca es tarde. Tal vez todavía esté a tiempo para retomar la tarea donde la dejé para seguir construyendo mis sueños.

¡Por Confucio que voy a seguir intentándolo!

 

¿Quién necesita un dinosaurio vivo?

¿Quién necesita un dinosaurio vivo?

Casi todos hemos visto a través de un comic o en alguna película algún personaje que representa a un profesor o a un científico chiflado.

Pero eso no sucede sólo en la ficción. También en la realidad ocurre que hay algunos de ellos que se "van del bolo". Para muestra de lo que acabo de decir vale  Hans Larsson, un paleontólogo y catedrático de macro-evolución en la Universidad McGill de Montreal (Canadá), que quiere devolver la vida a los dinosaurios mediante la manipulación genética de embriones de pollos. Se basa en la teoría de que las aves descienden de estos animales prehistóricos y pretende recorrer el camino de "evolución a la inversa."

El catedrático ha subrayado que su intención no es comenzar a producir reptiles prehistóricos, sino más bien ilustrar la evolución de éstos.

¿Os imagináis qué pesadilla para la especie humana tener que soportar un "Parque Jurásico" real?

El proyecto ya cuenta con el apoyo de diversos organismos científicos y asociaciones. ¡Faltaría más! ¡Todo sea por el progreso!

Como si no hubiese en el mundo suficientes enfermedades, hambre y miseria a las que poder dedicar los recursos materiales y humanos de los que disponemos…

 

Vanidad de vanidades, todo es vanidad

Vanidad de vanidades, todo es vanidad

Esto es lo que puede leerse en el Eclesiastés, uno de los libros que componen la Biblia.

Esta es la frase que viene a mi mente tras la lectura de una noticia en la prensa de hoy que dice así: "

Pagan más de 4 millones de dólares por el nicho situado sobre el de Marilyn Monroe."

Una anciana de 70 años decidió vaciar el nicho en el que yacía el cadáver de su marido y venderlo para saldar las deudas pendientes, concretamente para pagar la hipoteca de una lujosa mansión en Beverly Hills

Fue vendido en una subasta a través de la página web eBay. La puja comenzó con un precio de salida de 500.000 dólares y al cabo de diez días se cerró con la ya mencionada cantidad. La subasta contó con más de 70 participantes.

El enterramiento está situado en el cementerio Pierce Brothers Westwood Village Memorial Park de Los Ángeles, en el que también se encuentran los cuerpos de las actrices Natalie Wood y Farrah Fawcett, del actor Dean Martin o del escritor y periodista Truman Capote. Allí también tiene preparado su descanso eterno, cuando llegue el momento, el fundador de la revista Playboy, Hugh Hefner.

¡Pues qué bien!

¡Qué enorme vanidad encierra la naturaleza humana! Estoy segura de que cuando llegue el momento en el que se cierren nuestros ojos tanto nos dará descansar para siempre junto a una de esas celebridades como al lado del más humilde ser humano.

 

"Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
allegados son iguales,
los que viven por sus manos
y los ricos.,,"

Como muy bien cantó Jorge Manrique en Las coplas a la muerte de su padre, la muerte nos iguala a todos. ¡Como debe de ser!

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