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El alma al aire



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La inocentada

Es la una menos cuarto del mediodía. Salgo de casa con la ilusión de volver pronto porque he dejado la comida a medio preparar. Las judías pintas ya están cocidas.¡Y qué judías pintas, madre mía…! También tengo ya el cardo preparado. Cuando vuelva freiré las salchichas. Tras la lluvia de ayer, el día está radiante. Camino ligera, tarareando alegremente la canción que me tiene ocupada los dos últimos días: “Una cadena quisiera formar…” La canto una y otra vez, incansable y esperanzada, como si a puro de cantarla y cantarla el mundo fuera a convertirse en un lugar fraterno. Humea copiosamente la chimenea de la casa de Rafaela. Digo un adiós sin respuesta a los mecánicos del taller, que andan ocupados de acá para allá. Las palomas revolotean sobre la torre de la iglesia, con su silueta enmarcada sobre el cielo azul. Los árboles del parque, encogidos y quietos, duermen el sueño del invierno. Atravieso la carretera. Julia y Mari Carmen se limpian los zapatos junto a un banco. Juraría que se han metido en el monte. La arcilla mojada siempre está dispuesta a regalar a los niños unos pesados zuecos de color chocolate. Voy primero a la casa que está junto a la iglesia. Me he comprometido a recoger unas fichas de la parroquia. Estuve ya el otro día pero no había nadie. ¡Quizás tenga hoy más suerte! Por delante de mí camina un padre joven llevando un niño cogido de la mano. En la calle Santa María hay un hombre con un abrigo gris, parado junto a la esquina. Está de espaldas, así que no veo su cara. Llamo a la puerta y espero. Repito la llamada. No hay nadie, tendré que volver. El suelo está inclinado y resbaladizo- pienso- y al momento me encuentro sentada sobre él, deslizándome como en un tobogán. ¡Ay, mi trasero! ¡Me duele! ¡Y también mi mano izquierda! Me la soplo mientras miro con cara de pasmada, supongo. El hombre del abrigo gris se ha vuelto hacia mí, sonríe y da un paso como si intentara acercarse, pero como me ve tan bien sentada debe de pensar que no ha llegado la sangre al río. ¡Bonita inocentada me ha reservado el año! Me levanto- conservando mi cara de pasmada- y pienso: ¡Si ya sabía yo que iba a caerme! ¡Lo sabía desde hace más de un mes! ¡ Estas tapas desgastadas…! Estos días pasados lo había pensado a menudo mientras iba caminando, pero hoy me ha pillado por sorpresa. Tengo que pasar junto al hombre. Es de edad mediana y me parece conocerlo de algo.
-¡Voy a tener el trasero dolorido una semana por lo menos!- le digo.
Él me dice unas palabras de ánimo mientras sonríe. Cuando yo veo una caída apenas puedo controlar la risa. No hay en ello mala intención, sólo es algo espontáneo. Supongo que a él le habrá pasado lo mismo al contemplar mi aterrizaje.

Sinfonía en blanco

Sentada cara al poniente, muy cerca de la ventana,
entre admirada y absorta contemplo la hermosa nieve
que ha dejado de improviso la llanura engalanada.
El sol se asoma y se esconde, como travieso chiquillo
que al escondite jugara.
Ahora brilla en los tejados,
ahora teje entre las nubes encajes de filigrana.
Los intrépidos gorriones van y vienen,
se entrecruzan, se persiguen,
se posan en los alambres o entre las desnudas ramas
de la higuera que asoma tras de la tapia;
inquietos y bulliciosos, sobre la mágica alfombra
revolotean y saltan.
Encaramada en lo más alto de una buhardilla,
curiosa y grave, mira una urraca; las chimeneas humean,
y un pobre clavel tardío pone una mancha de sangre
sobre la blanca maceta prendida de la baranda.
Anda la gente menuda alegre y alborotada.
-¡Qué bolazos le he lanzado a David esta mañana…!
-Mamá, ¡qué pena me da que esté ya la nieve helada!
Si pudiera…haría un muñeco grande.
¡Tan grande o más que mi hermana!
Le pondría…dos botones negros que tú me dieras, por ojos,
y aquella bufanda larga, de cuadros, que está en el baúl guardada,
y una nariz de zanahoria, y una escoba o un paraguas,
y una pipa, y … y aquel sombrero de paja
que se ponía el abuelo cuando el calor apretaba.
-¡Ay! ¡Qué bonita es la nieve!
-¡Que nieve! ¡Que nieve más! ¡Que la escuela está cerrada!

¿Hay quién dé más?

Papá Noel se ha adelantado este año. Ha llegado a la escuela disfrazado de representante de una editorial. Esta mañana esperaba en el vestíbulo para entregar a los profesores unas tarjetas que podríamos canjear…¡por un auténtico collar de Perlas Majórica!, si asistíamos a la presentación de los libros durante el recreo. A temporadas estamos saturados de representantes, hasta el punto de que en muchas ocasiones no acude casi nadie a escucharlos. Pero hoy, sí. Allí estábamos casi todos. Y nuestro Papá Noel ha desplegado ante nuestros ojos sus extraordinarias dotes de persuasión: "Una magnífica Historia Natural compuesta por diez volúmenes, realizada por los mejores autores, con fotografías extraordinarias, todo de la mejor calidad. Una oferta única y especial para el profesorado de toda España por 159.000 pesetas, a pagar en veintitantos meses, por la módica cantidad de seis mil pesetas mensuales. Pero…¡atención!- decía Papá Noel-: Obsequiamos a los compradores con este magnífico Atlas, editado especialmente como regalo, con motivo del V. Centenario del descubrimiento, conteniendo los documentos del Archivo de Indias, encuadernado en auténtica piel. ¡Una joya! Imposible conocer su valor; por encima de las sesenta mil pesetas. Y además… un atril de madera noble para colocar en exposición el Atlas. Pero eso no es todo…Regalamos una estantería con 50 -han oído bien- 50 volúmenes de los mejores autores de la literatura universal, encuadernados en piel, con el lomo decorado en oro, con un dibujo distinto en cada ejemplar, que, calculando a 3.000 pesetas cada libro, hacen un total de 150.000 pesetas. ¡Oigan! Y además, una fina estantería de metro y medio de altura para colocar los libros. ¿Qué les parece?" No sé cómo a estas alturas el pobre no había perecido ya a causa de la asfixia producida por semejante verborrea. Los profes nos mirábamos unos a otros con cara de pasmo. "Pues no es eso todo - continuaba el mago-. Este maletín para que guarden sus facturas y…¡esta hermosa cubertería de setenta y cinco piezas, valorada en el mercado en setenta y cinco mil pesetas!" Y los ojos se nos iban saliendo de las órbitas. "¿Les gusta viajar? ¿Pero viajar como debe ser, no de cualquier manera? Pues para que puedan hacerlo como ustedes se merecen, les regalamos esta estupendísima colección de maletas de piel, compuesta de nueve elementos, valorada en ochenta y cinco mil pesetas. ¿Qué les parece? ¿Habían visto antes una oferta parecida? Y si desean ustedes pagarlo al contado, que no sería en el acto, sino en el plazo de diez meses, recibirían además estos preciosos cuadros esmaltados que pueden ver aquí - por supuesto son de tamaño grande- que valorados en quince mil pesetas, hacen otras noventa mil de obsequio, y además… este juego de doce tazas y platos de porcelana inglesa, especial para coleccionistas." ¡Juro por mis muertos que lo que aquí se dice es la verdad y nada más que la verdad! Al llegar a este punto, creo que a mí me estaba saliendo humo por las orejas. En conclusión - ha dicho Papá Noel- si compran la Historia Natural, pagan 159.000 pesetas y se llevan a casa artículos por valor de …¡600.000 pesetas! No he querido colaborar en la ruina de Papá Noel, así que he recibido mi collar de Perlas Majórica y he salido de aquel antro de seducción. En estos momentos mi cabeza sigue todavía dando vueltas, intentando buscar una explicación razonable para “tan escandaloso despilfarro”

Esa enfermedad maldita

Hoy hemos podido ver a través de la televisión a un buen número de políticos, presentadores y personas conocidas de nuestro país, portando el lazo rojo que recuerda la celebración del Día Mundial del Sida. Aunque ha habido importantes avances médicos, y en los países desarrollados los enfermos que siguen un tratamiento adecuado tienen mayores expectativas de vida, todos conocemos los terribles estragos que produce la enfermedad en los países pobres, donde sus víctimas se cuentan por millones cada año. A los daños físicos que causa hay que añadir las no menos importantes secuelas psíquicas, ya que los enfermos han de ocultar su dolencia para evitar verse marginados por la sociedad, como si fuesen unos apestados.
Yo brindo esta noche por los investigadores que se esfuerzan en buscar un remedio total para esta plaga de nuestro siglo, por todos los profesionales de la sanidad, y de una manera especial por los que desarrollan su trabajo en los países del tercer mundo y por los misioneros, porque son capaces de ofrecerles su ayuda, su cariño y su cercanía. Quiero también pedir perdón, en mi nombre y en el de todos aquellos que vivimos cómodamente instalados en nuestro mundo,los que cada año nos colocamos el lazo rojo como una señal de solidaridad mientras tratamos de ocultar nuestro miedo, y que quizás, si adivinásemos la presencia de uno de ellos en nuestro lugar de trabajo, o entre nuestros conocidos y amigos, no dudaríamos en hacerles el vacío para alejar el peligro de nuestras vidas y de las de nuestros seres queridos.

Engañando la espera

Una vez más hemos tenido que ir a urgencias. Me temo que de ahora en adelante, por desgracia, vamos a ser asiduos de este servicio. La traidora enfermedad que sufre mi marido avanza sin concedernos una tregua. Trabaja de forma silenciosa y soterrada, destrozando poco a poco sus neuronas que dejan de mandar sus impulsos a los músculos, hasta producirles la atrofia. Hace unos días el neumólogo confirmó nuestros temores. Tiene afectados los músculos del pecho y de la espalda, y esto le produce dificultades respiratorias. Al llegar los primeros catarros yo empecé a pedir sin descanso: ¡Que no se enfríe, por favor! Pero se ha enfriado. Y aquí estamos. Han tenido que administrarle oxígeno para aliviar su ahogo. ¡Qué deprimente resulta esto! ¡Qué impotencia al contemplar el sufrimiento de tus seres queridos y también el de los extraños! ¡Cuánto dolor! Durante la larga espera, queda tiempo de observar uno por uno a los enfermos y familiares, de tratar de adivinar sus dolencias, y no puedes por menos de imaginarte el futuro, tan negro y desesperanzador. Por eso yo he tratado de evadirme. De pensar en el último verano que pasamos, tan hermoso, y en el próximo, todavía lejos, con el oculto temor de no poder volver a disfrutarlo juntos otra vez. Estoy tumbada sobre la seca hierba, junto al costado del viejo castillo. El cielo luce azul, y un viento suave mece las hierbas. Se oye la respiración agitada de Yako, tumbado junto a mí. Un joven desconocido asciende silencioso monte arriba y los fuertes ladridos de mi perro me sobresaltan. Yo lo sujeto por la correa y lo tranquilizo. El joven desaparece a nuestra espalda. Puedo imaginarlo subiendo por las rocas hasta llegar al boquete que da paso a la parte delantera del castillo, desde donde puede verse el pueblo blanco, con su iglesia y sus placitas, sus casas de tejados rojos y fachadas claras, los huertos, que poco a poco va devorando la maleza, la pista forestal ascendiendo hacia la Tonda, el Picurezo, el pequeño cementerio, donde duermen nuestros muertos arrullados por el son de la brisa entre los pinos, la estrecha carretera que se convierte cada tarde en un paseo alegre y transitado, y allá, en el poniente, recortada sobre el cielo, la esbelta atalaya de las Peñas de Herrera. Quisiera ser la alegre golondrina que planea en el aire bajo mis pies, y la roca, tan firme, que sostiene a mi perro, y el camino que asciende hasta la ermita repleta de plegarias, y el ciprés que apunta al cielo como una lanza junto a su puerta, y el ave montaraz que canta sin descanso, y el majuelo agarrado a las piedras que cimentan los muros del castillo, y ese niño que grita alegremente en la piscina, y la hiedra abrazada a los robustos troncos de los chopos del barranco, y la tierra… y el cielo…

En nuestro treinta y seis aniversario

En el año de gracia de 1968 -como dicen las crónicas antiguas- más exactamente, el 16 de diciembre de dicho año, una pareja enamorada y feliz se dio el sí ante la familia y los amigos.¡Treinta y seis años, sí! ¡Cuántas cosas vividas!Tres hijos a los que adoro.¡Tres buenos hijos! Alegrías, tristezas, ilusiones, penas,esperanzas, preocupaciones,salud, enfermedad...todo al lado de mi hombre. Esta noche quiero confesar aquí mi amor por él. Nuestro amor ha perdido pasión, pero quizás sea ahora más profundo, menos egoísta.¡Me urge decirle que lo quiero! Tal vez no cuente con otro aniversario para poder hacerlo...

+ D.E.P. INMIGRANTE

Las costas del sur de la Península y de las islas Canarias, son testigos continuados de la inmensa tragedia protagonizada por cientos de inmigrantes ilegales que abandonan su casa, su pueblo, su patria, en pos de un sueño: una vida mejor. Y muchos de ellos la pierden en el intento. Causa pavor contemplar las imágenes de hombres, mujeres, embarazadas incluso, y niños, mostrándonos sus cuerpos ateridos, con el dolor, el miedo y el cansancio reflejados en sus rostros cuando son rescatados de las aguas. Mientras, nosotros, los habitantes del primer mundo, con los estómagos llenos y nuestras necesidades cubiertas, todavía tenemos la desvergüenza de quejarnos. Hoy me ha impactado especialmente la fotografía de la tumba de uno de ellos que murió, no hace mucho, como consecuencia del hundimiento de la patera en la que viajaba. Podía verse una cruz, arañada con la punta de un clavo sobre el cemento tierno, acompañada de la siguiente inscripción: D.E.P. Y unos centímetros más abajo se leía: UN INMIGRANTE.¡ Sin más! Sin nombre. Sin rostro. Mi mente se ha llenado de preguntas mientras la miraba: ¿A través de qué canales de información conocerán la existencia de este nuevo “El Dorado” que les hace correr detrás de un espejismo que llevará a muchos de ellos hasta la muerte? ¡ Cuánta miseria, cuanta desesperación habrá en sus vidas, para dejarlo todo y emprender ese largo y azaroso viaje hacia lo desconocido…! Al pensar en nuestros cementerios con sus panteones suntuosos y sus lápidas de mármol con hermosas letras de bronce, con la fotografía del difunto y sus proclamas de amor: “De tu familia que te quiere”, y sus jarrones cuajados de flores, y los murmullos de oraciones en la fiesta de Todos los Santos, no puedo dejar de pensar en esa pared desnuda. Es más que probable que aquellos que dejó allá lejos, aquellos que lo amaban, no lleguen a saber nunca dónde se encuentra el ser querido que partió un día, quizás con la esperanza de volver con un dinero ahorrado, o tal vez prometiéndoles llevárselos con él. ¡Descansa en paz, quienquiera que seas! ¡ Si no hubiese cielo, Dios tendría que inventarlo para ti!

Esta vez, no, señor Pérez- Reverte!

Cada domingo por la tarde tengo una cita con el suplemento El Semanal. Aunque a veces, no sé por qué razón, tengo la manía de empezar su lectura por el final - quizás sea como consecuencia de ser una zurda contrariada, o vaya a saber usted por qué, poco importa cual sea la razón - al abrir la revista, tras recrearme con el anuncio espectacular de la colonia ESTÉE LAUDER, que ocupa las dos primeras páginas, suelo leer la sección El bloc del cartero, en la que aparecen distintos escritos enviados por los lectores de la revista. Y a continuación, leo el artículo de Arturo Pérez – Reverte. Suelo disfrutar con casi todo lo que escribe, aunque, muchas veces viene aderezado con sal gorda – quiero decir con eso que su lenguaje me resulta un poco… un poco … ¡Vaya, que suele utilizar un montón de palabras mal sonantes! Y es algo que no sé si podré perdonárselo nunca al señor Reverte, porque yo siempre he sido una señora muy mirada en mi manera de hablar, y sin embargo, empiezo a notar que por su influencia nefasta cuando me enfado mucho, mucho, mucho, empieza a salir de mi boca- por lo bajini- algún que otro taco. Bueno, pero a lo que iba. Hoy no me ha gustado nada lo que ha escrito. ( Si él leyera lo que escribo, que no lo va a leer) seguro que diría: Y a mí qué…. Me importa un h...... lo que piense esta “torda”, o algo parecido. Habla hoy de las mujeres. ”Las púas de la eriza”, se titula su artículo. Habla en él del cambio experimentado por las mujeres en estos últimos años, de las mujeres emancipadas y agresivas. “En los últimos tiempos las erizas se han puesto de punta que da miedo verlas”- dice. Y habla de que “las mujeres se ven forzadas a pelear en un mundo de hombres…( en eso debo darle la razón) y de que las únicas mujeres trabajadoras que no están desquiciadas, o no van por la vida con un cuchillo entre los dientes buscando a quien capar, son las que no tienen hijos, las que se libraron al fin de ellos…” “Así que no me extraña que las erizas anden erizadas – dice- En el mundo actual sólo hay algo peor que la cabronada de ser mujer: ser lúcida, consciente de la cabronada que supone ser mujer” Esto es lo que dice. Me pregunto con qué mujeres trata para que pueda llegar a tal conclusión. ¡No Señor Pérez-Reverte! ¡Ni mucho menos! ¡Ser mujer es algo muy hermoso! Y, por supuesto, no le permito dudar de mi lucidez.

21 de Diciembre BLOGOMARATÓN SOLIDARIO

Hace unos días recibí un email en mi dirección de correo electrónico animándome a participar en un BLOGOMARATÓN SOLIDARIO, “Una especie de telemaratón aplicado a la blogosfera, un proyecto nacido con vocación de compromiso y de denuncia” Me pareció una idea bonita y me comprometí a participar desde mi blog. Y aquí estoy. No sé qué pueda decir que no se sepa. Tan sólo es necesario abrir los ojos de par en par para contemplar las situaciones de injusticia y de miseria en nuestra Tierra, abrir nuestros oídos para que pueda entrar por ellos el inmenso gemido de la humanidad doliente. Casualmente, estos días ha caído en mis manos la Agenda latinoamericana 2005. Contiene datos abundantes y esclarecedores de la situación mundial en temas como los niveles de renta, el agua, la educación, la salud, la situación de los niños y las mujeres, el medio ambiente, la deuda externa, las multinacionales, el reparto de la riqueza mundial, el negocio bélico, el costo de la erradicación de la pobreza… Voy a permitirme copiar algunos datos que hacen pensar:

+ 800 millones de personas pasan hambre en el mundo, aunque la cantidad de alimentos que se produce es muy superior a la necesaria.

+ Para el año 2025 la demanda de agua será un 56% mayor que el agua disponible. Dos tercios de la población no tendrán agua.

+ En el mundo hay 1.000 millones de personas analfabetas. 113 millones de niños están sin escolarizar.

+ 2.600 millones de personas no tienen un servicio adecuado de salud. Más del 80% de la producción mundial de medicinas se consume en los países ricos. El precio medio de los fármacos contra el SIDA que comercializan las empresas transnacionales se eleva a 9.000 dólares por paciente y año. Los medicamentos genéricos contra el SIDA no sobrepasan los 3.500 dólares por paciente al año.

+ 250 millones de niños y adolescentes en todo el mundo trabajan en condiciones de explotación. 40 millones de niños viven en las calles de América Latina. La mitad de los civiles muertos en las guerras de la última década eran niños.

+ Las pesquerías en todos los mares del planeta han sufrido una merma del 75% por ciento. En los países pobres desaparecen cada año 16 millones de hectáreas de bosque. El 50% de la madera y el 84% del papel se consume en los países ricos.

+ En el año 1970 la deuda de los países en desarrollo ascendía a 62.627 millones de dólares. En 1990 la deuda llegaba a la cantidad de 1.179.328 millones. Y en el año 2001 esta deuda externa ascendía a 1.998.668 millones. En el año 2000 los países pobres recibieron ayuda de los países industrializados por valor de 53.737 dólares, pero tuvieron que pagar a los países ricos en intereses de la deuda, 7,4 veces más que lo que recibieron.

+ Las 10 empresas multinacionales más importantes de cada sector controlaban en el año 2.001 los siguientes porcentajes a escala mundial: 86% de las telecomunicaciones, el 70% de la informática, el 60% de los productos veterinarios y el 35 % de las medicinas.

+ En el mundo hay suficiente riqueza para que todas las personas puedan vivir en condiciones dignas; el problema está en que la riqueza está mal repartida. Unos pocos tienen mucho mientras que la mayoría sobrevive con casi nada. 100 personas en el mundo acumulan riqueza equivalente a los ingresos de todos los países pobres.

+ El costo para asegurar la educación y la salud básicas, la alimentación suficiente, agua limpia y saneamiento es de 44 mil millones de dólares al año; el 10% del presupuesto en armas de EE.UU.

+ El costo para erradicar la pobreza representaría alrededor del 1% del ingreso mundial.

Pero…¡ basta de cifras! Hay una escena en los evangelios, en la que se nos habla del rico Epulón, aquel que banqueteaba día tras día con sus amigos, mientras el pobre Lázaro, cubierto de heridas, sentado en el suelo, mendigaba las migajas que caían de la mesa. ¿Hasta cuándo durará la paciencia del pobre? No debería de extrañarnos si un día, quizás no lejano, Lázaro pierde la paciencia, se pone en pie y toma sin miramientos lo que en justicia se le debe. Entonces…¡Pobres de nosotros, Epulones del mundo!

Sobre el amor

En algún sitio leí: "Un día sin amor es un día perdido"
Está tan bellamente expresado y encierra tanta verdad para mí que no considero necesario añadir nada más.

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Karima

Ha venido a clase una nueva alumna. Es hija de una de las familias marroquíes que se han instalado en nuestro pueblo y que se dedican a la venta ambulante. Se llama Karima y apenas entiende unas pocas palabras de español. Al cogerla de la mano me ha parecido tocar un pedazo de hielo; así la tenía de puro asustado el angelito. Un primo más mayor que vive aquí desde hace tiempo y puede hablar ya con cierta facilidad, nos ha servido de intérprete.
-Me llamo Victoria- le digo- ¿Cómo te llamas tú?
-Yo Karima.
-Verás, Karima, qué bien vas a estar en la escuela. Tendrás muchos amigos, jugarás con ellos en el recreo, pintarás, aprenderás a leer y escribir…
Ella me mira con sus ojazos negros muy abiertos.
-¿Me pegarán?- pregunta.
-¡No! ¡Claro que no!.
El primo se marcha a su clase, y allí nos quedamos, Karima y yo, y todos los demás niños que la miran con curiosidad. Seguidamente procedo a presentárselos, uno tras otro. Ella va repitiendo sus nombres. Después la hago sentarse en un sitio libre, junto a otros cuatro. Le doy un dibujo para colorear y sus compañeros se apresuran a acercarle las pinturas.
-Azul- digo.
-Azul- repite
-Rojo.
-Rojo.
Al poco rato se levanta, se acerca hasta mi mesa y me suelta una parrafadita. Yo la miro y gesticulo para decirle que no la entiendo. Entonces ella me coge de la mano y me conduce hasta su mesa para que le solucione su problema. De cuando en cuando me dice: Casa – como ETE. Esa palabra, acompañada de un párrafo ininteligible en tono interrogativo, no resulta difícil de entender. ¿Cuándo nos vamos a casa? Y cuando los niños se colocan en la fila para salir al recreo, al ver la chocolatina de Ana, me dice: ¿chocolate? Ana da un pedacito de su chocolate a Karima y así comienza una nueva amistad. Tiene pinta de ser despierta y pienso que no tardará mucho en aprender a hablar nuestro idioma, aunque la adaptación será difícil. Por un lado está su entorno familiar, intentando conservar sus costumbres, y por otro, el contacto con esta nueva realidad, tan distinta, que influirá sobre ella sin remedio e irá convirtiéndola poco a poco en una persona a caballo entre dos culturas.

La nueva sociedad virtual

Ojeando el periódico del pasado fin de semana he encontrado un pequeño artículo sobre el homenaje ofrecido al escritor argentino Ernesto Sabato en el III Congreso Internacional de la Lengua Española. Conozco muy poco de la obra de este autor. Leí hace años El Túnel, y no hace tanto, La resistencia, porque en algún sitio, ya no recuerdo dónde, leí una crítica favorable sobre el mismo. Me ha apetecido hacer una segunda lectura que me refrescara la memoria. No es un libro de entretenimiento, por el contrario, es un libro que hace pensar. Se compone de un conjunto de cartas en las que el autor hace un certero análisis de la realidad de nuestro mundo. Me he permitido tomar prestadas algunas de sus frases. “La sociedad virtual en que vivimos nos aleja del corazón de las cosas, nos hace olvidar el latido de la vida.” “Trágicamente, el hombre está perdiendo el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que le rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor…Las palabras de la mesa, incluso las discusiones o los enojos, parecen ya reemplazadas por la visión hipnótica de la televisión… El estar monótonamente sentado frente a la televisión anestesia la sensibilidad, atonta la mente, perjudica el alma…Al ser humano se le están cerrando los sentidos. No vemos lo que no tiene la iluminación hipnótica de la pantalla, ni oímos lo que no llega a nosotros cargado de decibeles, ni olemos perfumes. Ya ni las flores los tienen…” Estas palabras me han servido como tema de reflexión y también como un revulsivo¡ Es cierto! ¡Lástima de tantas horas consumidas inútilmente, con nuestros cuerpos apoltronados en el sofá, dominados por la abulia y la modorra, tragándonos todos esos programas indigeribles con los que las distintas cadenas televisivas nos obsequian! ¿Y qué futuro les espera a nuestros niños, con sus almas tan permeables, expuestos durante horas y horas a tanta violencia y zafiedad? ¡Podríamos hacer tantas cosas durante ese tiempo tan valioso…!¡Tantas cosas hermosas que contemplar, tantas cosas que descubrir, tantas personas a las que escuchar o demostrarles nuestra cercanía y nuestra amistad! También el ordenador puede someternos a parecidas servidumbres. Ese mundo casi inabarcable que nos ofrece internet puede esclavizarnos con su seducción. Nuestra amiga Corazón lo expresaba magníficamente en un post, hace ya un tiempo: Aquel niño que para conseguir la atención de su madre encuentra como única solución conversar con ella a través del chat. ¡No nos equivoquemos! Siempre dispondremos del ordenador, pero aquellos momentos que hayamos hurtado a los nuestros, aquellos besos que no hayamos dado, aquellas palabras cariñosas o aquel consuelo que les hayamos negado, mientras el ordenador nos cautivaba, no podremos recuperarlos jamás.

¡Juntos por siempre amor!

¡Cuántas veces pisaron nuestros pies las mismas calles!
¡Cuantas veces jugamos y reímos!
¡Cuántas veces cruzándonos sin vernos!
¡Cuantas sonando nuestras voces sin oírnos!
Hasta que el día aquel, como por un milagro,
se encontraron tus ojos con los míos.
Y nuestros ojos se dijeron que se amaban.
Compartir hogar y pan, besos y anhelos prometieron.
Y marchar por la vida, dolor junto a dolor, gozo con gozo,
caminantes de un único sendero.
¡Sí quiero, amor!- me dijeron tus ojos al mirarme.
¡Juntos por siempre, amor! ¡Juntos por siempre!
- al mirarte, los míos respondieron.

De la importancia de los demás(Paulo Coelho)

En las tardes del domingo, cuando han llegado ya los primeros fríos invernales y da pereza abandonar el tibio el hogar, es un placer sentarse con una revista o con un libro entre las manos. Y siempre se aprende. Siempre encuentras alguna cosa que despierta tu interés, algo capaz de emocionarte o de causarte asombro. Hoy traigo a mi página el resumen de un artículo de Paulo Coelho sobre la importancia que tienen los demás, aunque no siempre caigamos en la cuenta de ello. Narra una especie de fábula sobre un pequeño ratón que corre peligro de ser atrapado en la ratonera que ha colocado el dueño de la hacienda. Al descubrirla, el ratón corre rápidamente a alertar a los demás animales: ¡Cuidado con la ratonera! ¡Cuidado con la ratonera! Pero los otros, la gallina, el cerdo y la vaca, no sienten ninguna preocupación, ya que ellos no se ven amenazados. Al no conseguir ninguna solidaridad, el ratón se esconde en su agujero y pasa la noche en vela, lleno de miedo. En la madrugada, se oye un barullo. ¡La ratonera había atrapado algo! La dueña de la hacienda, ha bajado para ver si el ratón había caído en la trampa y, como estaba oscuro, tropieza con la ratonera. En la ratonera había caído una serpiente venenosa que muerde a la mujer y tienen que llevarla al hospital. Cuando la enferma vuelve a casa convaleciente, el marido mata a la gallina para hacerle un buen caldo. Cuando los vecinos acuden a visitar y a felicitar a la mujer por haberse salvado, el hacendado mata el cerdo para ofrecer a todos sus amigos una comida de fiesta. Y cuando la mujer termina de recuperarse, el hacendado mata la vaca para pagar los costes del tratamiento. Mientras, el ratón no deja de pensar: ¿No habría sido mejor si la gallina, el cerdo y la vaca hubiesen comprendido que el problema de uno de nosotros nos pone a todos en peligro?
¡Buena moraleja! Necesitamos de los demás, y ellos a su vez nos necesitan. ¡Ojalá nunca lo olvidemos!

¡Hasta siempre, tía Dolores!

Oigo tañer la campana con el lamento de la muerte. Hoy tañe por ti, querida tía Dolores. No debería estar escribiéndote en estos momentos porque es periodo lectivo. Mis chicos están en la clase de Educación Física, y yo tendría que estar entregada a las tareas de corrección o de preparación de trabajos, pero… no somos máquinas- ¡por suerte!- Se me retuerce el alma. Tal vez no debería sufrir por ti, porque te encuentras ya en la tierra del descanso. Se terminó para ti el dolor, la soledad, la desesperanza, el rumiar los recuerdos amargos, la falta de ilusiones, esa triste sensación de no tener ya por qué vivir. Me llena de desasosiego revivir la última imagen tuya que guardo en mi memoria. Tú, tan amiga de la compostura, tan cuidadosa en tus gestos, parecías una muñeca rota tirada de cualquier manera en el sofá. No abriste los ojos al llamarte, no diste señal de reconocer mi voz, no hubo ni una ligera presión de tu mano para contestar al contacto de la mía. Por un momento deseé ser la hija que no tuviste y cuidarte amorosamente en la cama familiar, velar tu desamparo tomando tu mano entre las mías para poner en tu muerte un poco de amor. Te había costado acostumbrarte a la residencia. Sólo cuando menudearon las señales de alarma de tu viejo corazón, te convenciste de que no podías seguir sola. El paso de los días venció aquella primera resistencia. Al ir a visitarte, - ojalá lo hubiera hecho más a menudo -, en esas visitas que agradecías con la mejor de tus sonrisas, me decías lo bien que te encontrabas allí, limpia, cuidada… pero…¡siempre hay un pero! Hablábamos de muchas cosas, tú más que yo, con esa manera tuya de volar de un tema a otro, como la abeja de flor en flor. Recordabas nuestros años de vecindad, cuando mis hijos eran pequeños y pasaban a tu casa a jugar con tus sobrinos, y tú soportabas a aquella pequeña jauría con la paciencia del santo Job, hasta encontrarte con un montón de sobrinos, propios y ajenos que te llamaban tía Dolores. Y así te recordaré yo también. Desgranabas para mí tus recuerdos familiares. Me hablabas de tu padre, tantos años enfermo a tu cuidado, de tus hermanos, de tus sobrinos, con los que hiciste las veces de madre en los meses de verano que pasaban contigo, de tus amores secretos, de tus amarguras y desilusiones familiares- esto te lo digo sólo a ti- me decías. Y yo, que he sido bendecida con el arte de escuchar, encerraba con llave tus secretos en el cofre seguro de mi corazón. Todavía no he podido derramar por ti una sola lágrima. Sólo siento en mi interior una enorme desazón. Sé que cuando vea tu cuerpo frágil, quieto y frío, el llanto se derramará sobre mi rostro como la lluvia mansa sobre el campo.

Los otros niños

Mientras nuestros niños crecen seguros y confiados, arropados por el amor familiar, con todas sus necesidades cubiertas, rodeados de juguetes caros con los que muchas veces no quieren jugar, sabiéndose los centros de atención de cada familia, y convirtiéndose por ello en muchas ocasiones en pequeños tiranos… hay otros niños. Miles y miles de niños viviendo en el horror. Su vida es tan desgraciada, que cuesta trabajo creer que el infierno en el que viven pueda ser real. He leído un reportaje de la revista El Semanal sobre los niños de Uganda. Voy a limitarme a copiar algunos fragmentos del mismo. “Cae la tarde en Uganda y el miedo despierta. Al anochecer, 50.000 niños huyen de sus casas. Pasan la noche en iglesias vacías, estaciones de autobús o en las calles. Y cuando amanece, regresan a sus hogares. Escapan de los rebeldes, que los secuestran o los matan durante la noche.” “Los ejércitos rebeldes se abastecen de ellos, a los que utilizan como animales de carga o esclavas sexuales, mientras los preparan para convertirse en soldados.” “Muchas veces, los más jóvenes son obligados a matar a los miembros más cercanos de su familia” ”Cuando un niño se escapa y vuelve al pueblo, los rebeldes se vengan matando a sus familias, así que para evitar esto, a veces la aldea se niega a admitirlos”
“Fui secuestrado en mi pueblo… Estuve con los rebeldes 14 meses, hasta que pude escapar. Una vez casi me matan porque no fui capaz de matar a mi hermano. Se escapó, los rebeldes lo capturaron de nuevo y me ordenaron que lo matase.” (Alex Atoo, 13 años)
“Me secuestraron los rebeldes y me sacaron de mi pueblo cuando tenía 12 años. Me dieron como esposa a un comandante rebelde que me violó la primera noche. Mientras estuve con los rebeldes maté a muchos con mi Kalashnikov.”(Lilian Amono, 23 años)
“Mataron a un amigo de mi pueblo porque no podía cargar con todos los bultos que le obligaban a llevar. Durante una batalla con el ejército, logré escapar. Tengo muchos cortes en los pies y en las manos. Tengo miedo de regresar a mi pueblo”(Vicky Atimango, 13 años)
¿Qué puedo añadir?¡No me quedan palabras…!

En el día de Todos los Santos

Hoy es una fecha muy especial para mí. Tal día como hoy, ya hace años, estrené mi maternidad. Si cierro los ojos todavía puedo sentir el amor rebosándome el corazón al tener a mi hija en los brazos por primera vez. Sin embargo ella nunca se ha sentido contenta por haber nacido en esta festividad. El único hermano de mi marido murió muy joven, y todos los años en este día él debía llevar a mis suegros a depositar las flores sobre su tumba, así que no podíamos celebrar el cumpleaños como Dios manda. Pasaron los años y murió mi suegro, entonces todavía la cosa se complicó más porque había que visitar dos cementerios. En mi juventud, cuando la sangre te pide ser rebelde y eres tan dura en tus posiciones, yo siempre dije que no deseaba ser enterrada en el cementerio. Me parecía un lugar tan frío… con todo ese montaje de las flores, cuando unos pocos vivos se montan el negocio a costa de los muertos… Quería ser incinerada y que mis cenizas fueran depositadas en la cima de la montaña, y que las aguas de la lluvia las condujeran por las torrenteras, ladera abajo, hasta lugares lejanos, tal vez hasta el mar… Hoy que imagino a la muerte más cercana, quizás ya agazapada en cualquier recodo, he cambiado de idea. Quiero reposar en la paz del pequeño cementerio de nuestro pueblo, acunada por el rumor del viento entre los pinos frondosos, en la misma sepultura que mi marido, con los huesos entrelazados en un abrazo, esperando la resurrección del último día.

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El eclipse

Esta tarde, mientras escuchaba el programa de radio “SER Aventureros” he oído a los locutores hacer un comentario sobre el reciente eclipse de luna, que no hemos podido observar en España, al menos en la zona donde yo vivo, por causa de la nubosidad. Decían que ha sido un eclipse espectacular que tardará unos años en repetirse. ¡Mala suerte! Sin embargo, sí que pude disfrutar del eclipse total de sol que tuvo lugar hace cuatro años, creo. ¡Que curioso! Recuerdo perfectamente que aquella mañana estaba cocinando uno de los platos favoritos de mi hija, unas berenjenas rellenas. Es uno de esos platos a los que hay que dedicar un buen espacio de tiempo, para comprobar después cómo los comensales dan cuenta de él en un abrir y cerrar de ojos. ¡A lo que vamos! Mientras cocinaba, iba notando cómo la luz disminuía paulatinamente, hasta obligarme a encender el fluorescente de la cocina. De cuando en cuando abandonaba momentáneamente mi tarea para salir a la terraza y contemplar el poco frecuente fenómeno, y el desconcierto de los pájaros ante la inesperada llegada del anochecer a hora tan inusual. Disfruté mucho contemplando las espectaculares imágenes ofrecidas por la televisión, pero no sucumbí a la tentación de observarlo al natural, aunque según dijeron no volvería a repetirse hasta el 2027. Puede que como decía mi madre “para entonces todos calvos”, dando a entender que era posible que ya hubiésemos pasado a mejor vida. Ella nos contaba que hace ya mucho tiempo, en los años de la posguerra, cuando el hambre hacía sonar las tripas, ella fue con otras mujeres a recoger garbanzos al campo. Era media tarde y de repente el cielo se oscureció hasta hacerse de noche. Ellas no supieron entonces explicarse el porqué.

Una palabra bondadosa puede edificar un castillo

Acabo de leer el libro de Dulce Chacón, Cielos de barro. Uno de los personajes contaba que cuando el campanero del pueblo tocaba la campana para marcar la hora, él y su mujer tenían la costumbre de escuchar las campanadas, y luego le hacían al campanero algún comentario sobre cómo éste había llevado a cabo su labor “porque hacer algo sin que nadie te lo tenga en cuenta- añadía- es muy desagradecido” Y así es. ¿A quién no le gusta que valoren su trabajo? Yo me esponjo cuando mis hijos o mi marido me dicen lo buena que les ha sabido la paella, o las croquetas, por no poner otro ejemplo. Pero no siempre sabemos reconocer el trabajo de los demás, ni acostumbramos a decirles que nos gusta cómo lo han hecho, casi siempre resultamos muy tacaños a la hora del elogio y no caemos en la cuenta de que tal como leí en otra ocasión, “cada palabra bondadosa, hablada desde el corazón, puede edificar un castillo.”

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