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El alma al aire

ENTRE LA NIEBLA

Es una tarde del diciembre frío.
La noche roba los últimos latidos al día que agoniza.
No brillan las estrellas.
No hay montes a lo lejos ni colinas cercanas.
Los chopos de la acequia, los que mueve la brisa en primavera
arrancando metálicos sonidos de sus hojas,
parecen hoy ingrávidas quimeras.
Todo está envuelto en pálida mortaja.
De pie sobre un ribazo, miro al pueblo:
en el blanco vacío sólo unas tenues luces parpadean.
Por la cercana carretera cabalgan rugientes monstruos de ojos como brasas.
Una bandada de tordos golpea ruidosamente el aire.
Crujen las cañas secas de los bardos y pía un pajarillo entre las hierbas.
En el camino solitario, por un momento dueñas del universo y libres, yo y mi perra.
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