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El alma al aire

Desde la ausencia

(En el día en que mi hijo ha visitado mi pueblo, removiendo y avivando las brasas del fuego de mi nostalgia)

Dime, si acaso lo sabes, qué es lo que tendrá mi pueblo,
que cuando a lo lejos veo los muros de su castillo,
la silueta de su torre y el caserío terroso recostado al pie del monte,
un calor hecho de gozo, como de fuego escondido,
me brota dentro del pecho.
¡Ay, cuántos años de ausencia! Que es la vida viaje incierto.
Y el viajero, nunca sabe al comenzar el sendero que lo aleja de su hogar, si contemplará otra vez igual tierra e igual cielo
que vieron sus ojos niños cuando a la vida se abrieron.
Con caminar impaciente, como sediento que busca el manantial de aguas limpias para mitigar la sed, he vuelto a pisar sus calles,
vivas y alegres ayer, hoy calladas y vacías, que entre gritos infantiles tantas veces recorrieran mis menudos pies de niña.
Allí estaba el viejo olmo.
El árbol fornido y recto que escondía entre sus ramas cien pajarillos parleros.
Y sostenía, temblando, rudo y amoroso a un tiempo,
el cuerpo nervudo y ágil de los jóvenes arqueros que soñaban mil hazañas victoriosas en lo alto.
Del que se escapaba música cuando lo acunaba el viento.
La escuela humilde y querida con sus pequeños pupitres de madera carcomida, repletos de garabatos y chorretones de tinta.
Donde, entre densos silencios o traviesa algarabía, hice mis primeros trazos,
y descubrí los misterios que encierra la letra escrita.
La iglesia en la que sonaron mis infantiles plegarias y, medrosa, confesé aquellas pequeñas faltas.
Ya no se escuchan canciones, enmudeció su campana;
están vacíos sus bancos, polvorientas sus arañas.
¡Qué pena daba mi iglesia, solitaria y expoliada!
Allá en lo alto, el castillo.
Donde los chicos buscaban con increible tesón aquel tesoro escondido.
Desde donde contemplamos, absortos y complacidos,
mares de verdes espumas en días de cierzo frío.
Donde sonaban los ecos de las canciones de trillo.
Y mi casa. Donde mi cuerpo gozó de sus primeras caricias.
Donde mi boca se abrió a la palabra y la risa.
Donde mis pies aprendieron a caminar por la vida.
Mi casa. Testigo de mil rabietas y travesuras de niña.
Mi pobre casa. Hoy tan sólo cuatro paredes en ruinas.
Estaba la tarde herida por poniente cuando quedaba mi pueblo perdido en la lejanía.
¡Ah! Si pudiera ser real el mágico y misterioso mundo de la fantasía, yo me volvería bruja,
y el pueblo que tanto quiero, para tenerlo bien cerca, conmigo me llevaría.
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3 comentarios

Corazòn... -

Mi estimada, como podrà usted darse cuenta yo la he puesto dentro de mis favoritos...me ha gustado su forma de manejar las letras...
Y si, de verdad que su contador esta mal..pq bueno me gusta igual entrar a ver que tantas visitas tienen los lugares...y el de usted pues no da ninguna... Serà cuestiòn de revisarlo...q a mi blog le paso lo mismo ;o(
He venido a ver que tiene de nuevo, pero veo que no se ha inspirado...ojala que lo haga pronto y como siempre es un placer leerle...
Un saludo desde Mèxico.

Toria Alcázar -

Para Corazón, que me ha enviado cuatro comentarios muy halagadores. Me alegra que te guste cómo escribo.Te doy las gracias por tus palabras y porque has conseguido que me animase a seguir. Hace varios días intenté instalar un contador en mi blog para saber el número de visitantes. Al día de hoy marca O visitas, lo que me ha producido una gran desilusión, y mira por dónde, tú has visitado mi blog, lo cual quiere decir que el contador está mal instalado. Sin tu comentario no hubiera podido darme cuenta de que no funcionaba. Gracias pues por partida doble. Toria

Corazòn... -

Hola:
Felicidades que hermosa poesia. Gracias por compartir con los lectores.
Me transporto a lugares lejanos..;o)
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