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El alma al aire

La Cojica

Hemos ido a visitar a la tía Vicenta. Apenas nos ha visto ha roto a llorar, y su emoción hacía todavía más difícil entender lo que decía. Por fin, Pablo ha logrado descifrarlo. “Os habéis olvidado de mí”. Él trata de calmarla. “No te olvidamos, tía. ¡Ojalá pudiésemos venir más a menudo!” Sentados a ambos lados de la cama tratamos de escuchar su largo e ininteligible monólogo. ¡Qué triste existencia la de estas personas mayores y enfermas confinadas en un centro asistencial! Dependiendo por completo del cuidado de los que allí trabajan. No se puede pagar con dinero la labor que realiza aquella gente. Resulta gratificante cuidar de un niño, pero no lo es tanto cuidar de ancianos impedidos y enfermos, darles la comida y las medicinas, asearlos, cambiarlos de ropa, levantarlos, acostarlos y demostrarles cercanía y afecto. La tía Vicenta comparte habitación con otra mujer, en la zona de la enfermería. Por la puerta abierta he visto pasar a una mujer de pequeña estatura, apoyándose en muletas, con las piernas totalmente arqueadas, y de repente he tenido una especie de intuición. La conozco- me he dicho- aunque no sabía ponerle el nombre. “¡Eh, usted, señora!”- he dicho, mientras salía a su encuentro. “Irene, que te llaman”- ha gritado la compañera de habitación de la tía. “¡Eso es! Irene, yo la conozco a usted” “¿Ah, sí, hija?, pues no caigo.” “ La conocí siendo niña. Usted iba a mi pueblo, a casa de la señora Braulia” “¡Ay, qué alegría, hija! ¡Mira qué casualidad! ¿Y tú, de quién eras?” “Soy hija del ferroviario” “ ¡Ya lo creo que os conocía…! Tu madre cogía muchas setas, y a veces me daba…” “¿ Viven tus padres, hija?” “ Sólo mi madre. Está en Zaragoza, con mi hermana” “¡Ay, cuánto me alegro! Dale un abrazo de mi parte. Pues yo, ya ves. Llevo aquí más de ocho años. Vino primero mi hermana y luego me trajeron a mí. Sólo quedo yo. Y me han operado ya dos veces de la cadera. Gracias a D. Juan, ya sabes, el cura del pueblo de tu madre. Hubo unos años que nos defendíamos haciendo chaquetas de punto, pero luego se puso todo muy difícil, y no teníamos seguridad social.” Recuerdo la impresión que nos causaba aquella pequeña mujer de piernas torcidas, a la que llamábamos cariñosamente ”La Cojica" Eran tres hermanas y un sobrino, todos padeciendo la misma deformación. A la hermana casada la abandonó el marido nada más nacer el hijo. No debió sentirse con fuerzas para soportar aquella cruz. Hasta hacía dos años iba a su pueblo a pasar el verano, pero ya no se sentía con fuerzas.
Me ha preguntado por los hijos de la señora Braulia, si iban todavía al pueblo y si seguía viviendo allí solo “el pobre Feliciano.” No. “El pobre Feliciano” sólo iba al pueblo en el verano, y según mis últimas noticias iba a dejar de ir porque la casa amenazaba ruína. “El pobre Feliciano…” Puede que algún día me sienta capaz de contar cuánto dolor y cuánto miedo causó aquel monstruo a la niña tremendamente tímida e indefensa que era yo a mis ocho o nueve años."
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4 comentarios

Toria -

Hola Corazón: Me alegra mucho tu visita. Eres estupenda y por culpa de tus piropos casi casi me lo creo. ¡Gracias amiga! Un beso. Toria.

Toria -

Para NonameGirl:
¡Gracias por tu visita y tus comentarios. Realmente no guardo rencor en mi corazón y es una suerte porque eso me permite ser más feliz. Sin embargo, cuando escucho alguna noticia sobre abusos infantiles algo se me remueve por dentro.Como juez sería implacable. Un saludo. Toria.

Corazòn... -

Hola Toria:
Que gusto me da volver a saludarle...
Ufsss..apenas dejo de venir un momento y se me junta el trabajo :) Cuantas cosas nuevas me encuentro...
Como siempre todos los escritos interesante!!!
Toria, aveces no soy tan buena en los comentarios, y dira usted, no sabe decir algo diferente? :( si, si se escribir perooo para que hechar a perder un texto precioso? mejor le dejo mis saludos, no sin antes decirle que no le falta nada para ser una Extraordinaria escritora, y yo...serìa una admiradora de primera fila.
Saludos y besos...

;o)

NOnameGIRL -

Las personas que cuidan ancianos como tu bien dices, tienen un mérito excepcional. Realmente hay que tener fuerza interior y ser una bellísima persona, porque tiene que ser muy duro aunque no lo pareza. Aunque también tiene que aportar mucha satisfacción interior de ver que está sirviendo para algo la ayuda.

No te guardes nada en tu interior, y menos si es rencor, pues ésto puede acabar siendo un problema.

Un besito :)
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