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El alma al aire

Visitando a Daniel

Hemos ido a visitar a Ángela y Daniel. Los trajo mi sobrino desde Toulouse, ciudad en la que viven desde hace más de treinta años. Han venido a pasar unos días en casa de una hermana de mi cuñada. Es una casa de planta baja, de fácil acceso para la silla de ruedas. Él está feliz como un chiquillo a pesar de sus limitaciones. Bien es verdad que el solo hecho de estar vivo constituye un verdadero milagro. Pronto hará tres años desde que sufrió el accidente. Quizás fuera la prisa la causante. Habría tenido que tomar más precauciones; pero no sirve de nada darle vueltas, ya no tiene remedio. Se metió debajo de su coche para revisar alguna cosa y quedó atrapado, con el pecho oprimido por el peso. Allí permaneció, hasta que un niño asomado a la ventana de la casa de enfrente y testigo de lo sucedido, dio la voz de alarma. Esos pocos minutos hasta que lo rescataron causaron estragos importantes en su cerebro. Permaneció en coma durante más de un mes, aislado en una zona especial del hospital, atado de pies y manos, y conectado por incontables tubos a las más extrañas máquinas. Cuando María y yo fuimos a verlo nos flaquearon las fuerzas y casi perdimos la esperanza. Vestidas con ropa especial y mascarilla, esperamos pacientemente para poder estar con él tan sólo unos minutos. Nos habían aconsejado contarle cosas de la infancia en la lengua materna, como una forma positiva de estímulo para hacerle volver de dondequiera que se encontrara su alma. María, siempre la más miedosa de los tres, me pidió que yo pasase la primera. Allí estaba. Más que ser humano parecía una bestia acorralada deseando escapar de sus ataduras. Reprimí a manotazos mis lágrimas y le besé aquella mano en continuo movimiento. Le hablé con ternura, como si del niño travieso de los primeros años se tratase. ¡Tienes que vivir! ¡Puedes hacerlo! ¡Tienes siete vidas como los gatos! ¿Te acuerdas de cuando te abriste aquella brecha tan enorme y María y yo llorábamos porque pensábamos que ibas a morirte? Tú nos gritabas, tratándonos de tontas. ¿Y cuando te caíste del cerezo el día de San Juan, durante tu estancia en el colegio? Te rompiste el cráneo por varios sitios, y estuviste ingresado en la clínica debatiéndote durante varios días entre la vida y la muerte. ¡Y saliste de ésa! ¡Daniel debes luchar! ¡Puedes hacerlo! ¡Eres valiente! ¿Recuerdas cómo recorrías los tejados del pueblo para coger los nidos? ¿Y cuando te deslizaste roca abajo atado de una cuerda para coger el té? ¡Cuánto se enfadó padre al enterarse! ¡Daniel, madre me ha encargado que te diga que tienes que vivir para que ella pueda verte y abrazarte! ¡Vive! ¡Vive por cada uno de los que te queremos! Unas lágrimas se escaparon de sus ojos. Mi cuñada me explicó que los doctores decían que se trataba tan sólo de reflejos, pero yo me aferraba con ansia a la ilusión de que eran una respuesta a mis palabras. Nunca lo sabremos. Él nos dice que no guarda ningún recuerdo consciente de aquellos duros días. Fue pasando el tiempo. Durante todo un año permaneció en un Centro de Rehabilitación, hasta que los médicos consideraron que podía ser asistido en su propia casa. El accidente le ha dejado secuelas importantes. Aunque es capaz de dar unos cuantos pasos, la silla de ruedas es su inseparable compañera. Hay que escucharle con paciencia porque se expresa con dificultad y las palabras fluyen de su boca con lentitud. Perdió una parte de la visión y tiene dificultad en el uso de las manos. Se ha convertido en un niño grande, dependiente del cariño y del cuidado de los demás, pero feliz de encontrarse vivo. Poco podíamos imaginar, en aquellos días felices de nuestra infancia, la difícil prueba que esperaba escondida en un recodo del camino a aquel niño que nunca tuvo miedo a nada.
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4 comentarios

_Mary_ -

Toria:
Na que agradecer, todo muy bien, me agrada leérte.
Saludos desde México.

Toria -

Para Mary:Me alegro de saludarte, Mary. Gracias por tu visita y por tus palabras. Un beso.Toria.

A Corazòn
¿Te gustó mi historia? ¡Ojalá como tú dices pudiese tener un final feliz. Un beso. Toria.

Corazón... -

Toria: )

Gusto en saludarle, aquí pasando a visitar a las estrellas...
Que hermosa y triste historia a la vez, es una muestra de volundad, de ganas de seguir viviendo... Es un ejemplo de valentia... Toria, esas personas son especiales, Tal vez Dios le tenga alguna sorpresa mas adelante no lo cree usted?? Besos toria, dejeme decirle que se me llenaron los ojos de lagrimas, al saber que yo que lo tengo "casi" todo, no intento ser feliz!!! :( Besos y que este muy bien. Saludos.

;o)

_Mary_ -

Toria:
Fuera varios días del cibermundo y me encuentro en tu espacio con muchas novedades, muy buenos escritos.
Saludos desde México.
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