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El alma al aire

En las umbrosas entrañas del pinar

En el sesteo de un domingo de verano,
acurrucada en las umbrosas entrañas del pinar, vacías de palabras y motores, arrullan mis oídos los mil sonidos mágicos del bosque:
El rumor de las aguas del escondido arroyo,
el susurrar del viento en el ramaje,
el canto alegre de los pájaros,
el bordoneo de las moscas,
el grito del milano…
Y son los troncos columnas poderosas apuntalando los umbrales de los cielos,
y son brazos las ramas, gesticulando en un lenguaje indescifrable.
Y sobre mí, la inmensa bóveda calada de vitrales, y un rayo de sol, osado y poderoso, rasgando los celajes para besar mis ojos.
Y aspiro los aromas de resina y yedra trepadora, de musgo, de tierra tierna y hojarasca.
¡Bosque hermoso! ¡Bodega rebosante de generosos vinos que me embriagan!
¡Que se te paralicen las manos, depredador maldito, si intentas aniquilar tanta belleza!

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