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El alma al aire

Una palabra bondadosa puede edificar un castillo

Acabo de leer el libro de Dulce Chacón, Cielos de barro. Uno de los personajes contaba que cuando el campanero del pueblo tocaba la campana para marcar la hora, él y su mujer tenían la costumbre de escuchar las campanadas, y luego le hacían al campanero algún comentario sobre cómo éste había llevado a cabo su labor “porque hacer algo sin que nadie te lo tenga en cuenta- añadía- es muy desagradecido” Y así es. ¿A quién no le gusta que valoren su trabajo? Yo me esponjo cuando mis hijos o mi marido me dicen lo buena que les ha sabido la paella, o las croquetas, por no poner otro ejemplo. Pero no siempre sabemos reconocer el trabajo de los demás, ni acostumbramos a decirles que nos gusta cómo lo han hecho, casi siempre resultamos muy tacaños a la hora del elogio y no caemos en la cuenta de que tal como leí en otra ocasión, “cada palabra bondadosa, hablada desde el corazón, puede edificar un castillo.”
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