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El alma al aire

El eclipse

Esta tarde, mientras escuchaba el programa de radio “SER Aventureros” he oído a los locutores hacer un comentario sobre el reciente eclipse de luna, que no hemos podido observar en España, al menos en la zona donde yo vivo, por causa de la nubosidad. Decían que ha sido un eclipse espectacular que tardará unos años en repetirse. ¡Mala suerte! Sin embargo, sí que pude disfrutar del eclipse total de sol que tuvo lugar hace cuatro años, creo. ¡Que curioso! Recuerdo perfectamente que aquella mañana estaba cocinando uno de los platos favoritos de mi hija, unas berenjenas rellenas. Es uno de esos platos a los que hay que dedicar un buen espacio de tiempo, para comprobar después cómo los comensales dan cuenta de él en un abrir y cerrar de ojos. ¡A lo que vamos! Mientras cocinaba, iba notando cómo la luz disminuía paulatinamente, hasta obligarme a encender el fluorescente de la cocina. De cuando en cuando abandonaba momentáneamente mi tarea para salir a la terraza y contemplar el poco frecuente fenómeno, y el desconcierto de los pájaros ante la inesperada llegada del anochecer a hora tan inusual. Disfruté mucho contemplando las espectaculares imágenes ofrecidas por la televisión, pero no sucumbí a la tentación de observarlo al natural, aunque según dijeron no volvería a repetirse hasta el 2027. Puede que como decía mi madre “para entonces todos calvos”, dando a entender que era posible que ya hubiésemos pasado a mejor vida. Ella nos contaba que hace ya mucho tiempo, en los años de la posguerra, cuando el hambre hacía sonar las tripas, ella fue con otras mujeres a recoger garbanzos al campo. Era media tarde y de repente el cielo se oscureció hasta hacerse de noche. Ellas no supieron entonces explicarse el porqué.
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