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El alma al aire

¡Hasta siempre, tía Dolores!

Oigo tañer la campana con el lamento de la muerte. Hoy tañe por ti, querida tía Dolores. No debería estar escribiéndote en estos momentos porque es periodo lectivo. Mis chicos están en la clase de Educación Física, y yo tendría que estar entregada a las tareas de corrección o de preparación de trabajos, pero… no somos máquinas- ¡por suerte!- Se me retuerce el alma. Tal vez no debería sufrir por ti, porque te encuentras ya en la tierra del descanso. Se terminó para ti el dolor, la soledad, la desesperanza, el rumiar los recuerdos amargos, la falta de ilusiones, esa triste sensación de no tener ya por qué vivir. Me llena de desasosiego revivir la última imagen tuya que guardo en mi memoria. Tú, tan amiga de la compostura, tan cuidadosa en tus gestos, parecías una muñeca rota tirada de cualquier manera en el sofá. No abriste los ojos al llamarte, no diste señal de reconocer mi voz, no hubo ni una ligera presión de tu mano para contestar al contacto de la mía. Por un momento deseé ser la hija que no tuviste y cuidarte amorosamente en la cama familiar, velar tu desamparo tomando tu mano entre las mías para poner en tu muerte un poco de amor. Te había costado acostumbrarte a la residencia. Sólo cuando menudearon las señales de alarma de tu viejo corazón, te convenciste de que no podías seguir sola. El paso de los días venció aquella primera resistencia. Al ir a visitarte, - ojalá lo hubiera hecho más a menudo -, en esas visitas que agradecías con la mejor de tus sonrisas, me decías lo bien que te encontrabas allí, limpia, cuidada… pero…¡siempre hay un pero! Hablábamos de muchas cosas, tú más que yo, con esa manera tuya de volar de un tema a otro, como la abeja de flor en flor. Recordabas nuestros años de vecindad, cuando mis hijos eran pequeños y pasaban a tu casa a jugar con tus sobrinos, y tú soportabas a aquella pequeña jauría con la paciencia del santo Job, hasta encontrarte con un montón de sobrinos, propios y ajenos que te llamaban tía Dolores. Y así te recordaré yo también. Desgranabas para mí tus recuerdos familiares. Me hablabas de tu padre, tantos años enfermo a tu cuidado, de tus hermanos, de tus sobrinos, con los que hiciste las veces de madre en los meses de verano que pasaban contigo, de tus amores secretos, de tus amarguras y desilusiones familiares- esto te lo digo sólo a ti- me decías. Y yo, que he sido bendecida con el arte de escuchar, encerraba con llave tus secretos en el cofre seguro de mi corazón. Todavía no he podido derramar por ti una sola lágrima. Sólo siento en mi interior una enorme desazón. Sé que cuando vea tu cuerpo frágil, quieto y frío, el llanto se derramará sobre mi rostro como la lluvia mansa sobre el campo.
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4 comentarios

amor -

Gracia spor pone ral servicio d elos demás tus talentos. no dejes "acallar" lo que brota dentro. Un abrazo vecina y... mucha cosas más.

Toria -

Hola Corazón. Me alegran mucho tus visitas y tus comentarios. Siempre sabes decirme una palabra amable y sé que a través de tu blog otras personas llegan al mío ¡Gracias! Con mis escasos conocimientos informáticos, no sabes cuánto me cuesta cualquier intento de mejora. Siento envidia sana de tu blog y de otros,tan bonitos, que voy descubriendo. Un beso. Toria.

Corazón... -

Toria, que gusto saludarle...

La partida de nuestros seres queridos siempre dejan un hueco en el alma, en nuestro corazón y, es cuando recordamos todos esos pequeños y grandes momentos... Sí, se va el cuerpo pero su escencia perdurara por mucho tiempo entre nosotros... Muy bonito relato como siempre! Esta portada se ve mucho mejor... Gracias por el enlace, un beso!

;o)

_Mary_ -

¡¡Toria!!
Como siempre, excelente forma de expresarte en este y en todos tus posts.
Saludos desde México.
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