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El alma al aire

+ D.E.P. INMIGRANTE

Las costas del sur de la Península y de las islas Canarias, son testigos continuados de la inmensa tragedia protagonizada por cientos de inmigrantes ilegales que abandonan su casa, su pueblo, su patria, en pos de un sueño: una vida mejor. Y muchos de ellos la pierden en el intento. Causa pavor contemplar las imágenes de hombres, mujeres, embarazadas incluso, y niños, mostrándonos sus cuerpos ateridos, con el dolor, el miedo y el cansancio reflejados en sus rostros cuando son rescatados de las aguas. Mientras, nosotros, los habitantes del primer mundo, con los estómagos llenos y nuestras necesidades cubiertas, todavía tenemos la desvergüenza de quejarnos. Hoy me ha impactado especialmente la fotografía de la tumba de uno de ellos que murió, no hace mucho, como consecuencia del hundimiento de la patera en la que viajaba. Podía verse una cruz, arañada con la punta de un clavo sobre el cemento tierno, acompañada de la siguiente inscripción: D.E.P. Y unos centímetros más abajo se leía: UN INMIGRANTE.¡ Sin más! Sin nombre. Sin rostro. Mi mente se ha llenado de preguntas mientras la miraba: ¿A través de qué canales de información conocerán la existencia de este nuevo “El Dorado” que les hace correr detrás de un espejismo que llevará a muchos de ellos hasta la muerte? ¡ Cuánta miseria, cuanta desesperación habrá en sus vidas, para dejarlo todo y emprender ese largo y azaroso viaje hacia lo desconocido…! Al pensar en nuestros cementerios con sus panteones suntuosos y sus lápidas de mármol con hermosas letras de bronce, con la fotografía del difunto y sus proclamas de amor: “De tu familia que te quiere”, y sus jarrones cuajados de flores, y los murmullos de oraciones en la fiesta de Todos los Santos, no puedo dejar de pensar en esa pared desnuda. Es más que probable que aquellos que dejó allá lejos, aquellos que lo amaban, no lleguen a saber nunca dónde se encuentra el ser querido que partió un día, quizás con la esperanza de volver con un dinero ahorrado, o tal vez prometiéndoles llevárselos con él. ¡Descansa en paz, quienquiera que seas! ¡ Si no hubiese cielo, Dios tendría que inventarlo para ti!
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