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El alma al aire

Carroñeros humanos

Carroñeros humanos Esta mañana, mientras revisaba mi correo electrónico en busca de algún mensaje amigo, un anuncio de UNICEF me hacía guiños desde la pantalla intentando captar mi atención. Casi siempre paso de la publicidad, pero en esta ocasión, al leer algunas palabras del mismo, he caído en la cuenta de que tenía que ver con la catástrofe del Sudeste asiático que tanto nos ha conmocionado en estos días.
UNICEF alerta del peligro que corren los niños que se han quedado sin familia. A esta pérdida irreparable para ellos, que conlleva inseguridad y carencia de afecto, hay que añadir otras muchas:la falta de techo, de comida y de vestido, el peligro de enfermar…, y todas ellas juntas, dejan a los mismos en un desamparo total. Pero todavía hay otra, bien terrible, acechando. Estos niños están expuestos a caer en las garras de los miserables carroñeros que tratan de hacer negocio en las situaciones de desastre. Muchos miles de niños pueden ser presas fáciles de las mafias que los destinarán a la prostitución y la pederastia, a adopciones ilegales, y quién sabe si también a la extracción y al tráfico de miembros humanos. Soy particularmente sensible a todo lo relativo a los niños, entre otros motivos porque debido a mi trabajo en la escuela estoy en continuo contacto con ellos. En estos momentos pienso en Sara, en Raquel y Rebeca, en Adrián y en Asier, en todos y cada uno de mis alumnos, tan alegres y confiados, tan llenos de vida… Imaginar tanta maldad me produce horror. ¡Carroñeros humanos, mil veces peores que los buitres y las hienas acechando los despojos! ¡Yo os maldigo!
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3 comentarios

Corazón... -

Toria, como siempre un placer saludarle :)

Que bonito texto, llevandonos a una gran reflexión...
A veces somos peor que los animales, que tristeza :( que estas personas se aprovechen de la debilidad, de la necesidad de la gente para explotarlos de una u otra forma...

Un beso!

;o)

Toria -

Gracias por tu visita, Omar. Gracias también por tu comentario. Un saludo, colega. Toria

Omar Gonzalez -

Excelente narración y reflexión, yo también soy profesor y es inevitable (como mencionas) no pensar en todos los niños con quienes tratamos, felicidades por tu artículo y gracias por la reflexión
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