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El alma al aire

La hoguera

La hoguera Es la víspera de San Antón. Es de noche y hace frío. El cielo está negro, negro, y brillan mucho las estrellas. Ya está encendida la hoguera en la plaza. ¡Qué grandeee! Esta tarde los chicos han llevado gavillas de leña de los corrales. Yo también he arrastrado unas ramas. Y mi hermano y sus amigos, el Goyo y el Paco, han robado leña del bardal de la tia Bonifacia. Van diciéndoselo unos a otros en voz baja mientras se ríen. Los mozos, que tienen mucha fuerza, han ido esta tarde a las Plantas y han cortado un chopo gordo. Yo he visto cómo lo traían, arrastrándolo con mucho ruido, tirando de él con unas sogas. El tronco daba saltos sobre las piedras del camino. Unas enormes llamas rojas bailan sobre los leños. Suben y se retuercen. Las hojas de la carrasca verde chisporrotean, se elevan, vuelan como pequeñas mariposas brillantes entre la cortina de humo, y caen convertidas en ceniza, posándose sobre nuestras cabezas y en el suelo próximo a la hoguera. Los hombres hablan sin parar mientras beben de los porrones, llenos de vino rojo. Los chicos corremos alrededor de la hoguera. Madre nos ha dicho que no nos acerquemos mucho. Ella está en casa poniéndole la cena a padre que ha llegado tarde de la vía. Un golpe de viento inclina el fuego. Las llamas nos persiguen y arroja sobre nosotros su ardiente aliento, como si quisieran devorarnos. De cuando en cuando, algún madero se desploma entre una explosión de chispas. Los mozos hablan a gritos, discuten y dicen palabrotas. Algunos saltan sobre las brasas. ¡Ahí está padre!. Lo veo llegar y corro a su encuentro. Se pone a hablar con unos hombres. Yo le estiro fuerte de la chaqueta para que me haga caso y luego le doy un beso. El tio Víctor, que tiene de mote el Requeté, es el que reparte el vino, porque es el alguacil. Padre bebe un trago, saca la petaca y se lía un cigarro, mientras habla con los Morenos. Los Morenos son ricos. Tienen muchos campos. Cada año le dejan a padre un campo para que pueda sembrar las patatas. Y tienen también una Casaza, que es un corral grande en donde encierran a la Muina, una mula muy grande y a los galgos, que corren mucho, mucho.
También los chicos beben vino. Padre le ha dicho al Daniel que no beba, porque los mozos echan limaduras de uña al vino para que los chicos se emborrachen. El Requeté quiere que mi hermano beba, casi a la fuerza, y padre lo está mirando de reojo. Yo miro a padre y tiene la cara seria, está enfadándose mucho.
-¡Mi chico no beberá! ¡No se te ocurra obligarlo a beber!
El Requeté se ríe y bromea
-¡Hombre, no te pongas así! ¡ Es San Antón!
Mi padre no quiere nada al Requeté. Yo lo sé.
-Disfrutáis emborrachando a la gente- le dice. Pero porque el vino no es tuyo. Si lo fuera, no lo llevarías tan abundante…
El Requeté no contesta nada y se va al otro lado de la hoguera. Los mozos cantan. Tienen la cara colorada. ¡Casi tan colorada como el vino! Los chicos damos vueltas alrededor de la hoguera y cantamos:
San Antón como era viejo,
le cortaron el pellejo,
hicieron un tambor,
lo tocaban en Castilla
y se oía en Aragón.
Y salían los cornudos
de M-----rón.
Y entonces, el tio Evaristo que es de ese pueblo, empieza a encorrernos con la gayata. El corro se deshace y cada cual se escabulle por donde puede.
Padre dice que ya es hora de irnos a dormir. Mañana, todavía habrá rescoldo en la hoguera. Las mujeres llenarán sus braseros para calentar la casa, y los chicos removerán la lumbre con los palos. Alguno se quemará el pantalón, y cuando llegue a casa, su madre descubrirá el agujero y le zurrará con la alpargata.
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1 comentario

Corazón... -

Toria, sabe?

Alguien me ha contado las tradiciones de la hoguera me causo gran impresión y, me parece genial que las sigan conservando aún a través de tanto tiempo, felicidades un relato precioso :)

Saludos y feliz inicio de semana!

;o)
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