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El alma al aire

Las cosas que amamos

Las cosas que amamos Hace unos días, los medios de comunicación se hicieron eco del derrumbe de un edificio, suceso ocurrido en el barrio del Carmelo de Barcelona, como consecuencia de unas obras subterráneas del metro en dicha ciudad. Posteriormente hubieron de desalojarse varios edificios más, para llevar a cabo su demolición, por el grave peligro que representaban. Varios cientos de personas tuvieron que abandonar precipitadamente sus viviendas, disponiendo tan sólo de unos pocos minutos para recoger las cosas más imprescindibles. Hemos podido contemplar imágenes de estas personas intentando recuperar alguna cosa propia de entre los montones de escombros de las casas derruidas. Trato de meterme en el pellejo de los afectados y de compartir sus sentimientos. ¡Hogar, dulce hogar! Lugar de descanso y de intimidad en el que transcurren los mejores momentos de la vida familiar. ( También a veces los peores.) Y me he encontrado haciéndome a mí misma esta pregunta: ¿Cuáles serían entre todas las cosas de mi casa las que salvaría en esos escasos minutos, si me encontrase en igual situación? No poseo cuadros ni objetos de valor, ni ropas caras, ni apenas joyas… Creo que, en medio del nerviosismo y el dolor, agradecería a Dios el don de la vida de mis seres queridos y la mía propia, mientras cogía…¿qué? Un poco de ropa de abrigo para resguardarnos del frío del invierno, un bolso para meter todos esos papeles indispensables que dan fe de nuestra identidad: carnet, tarjeta médica, cartillas y tarjetas bancarias…¿Qué más? ¿Por donde sigo? Hay tantas cosas en una casa… Y con estos nervios… Por supuesto tengo que coger todos los álbumes de fotos, dónde permanecen congelados tantos momentos de nuestra vida, y la colección de sellos, y las viejas cintas grabadas, en especial aquella que grabé a escondidas durante una cena de Nochebuena, cuando todavía no nos habían dejado los abuelos y nuestros hijos, aún pequeños, contaban sus cosas con gracia y espontaneidad infantiles. Y mis viejos cuadernos, que guardan mis vivencias y algún que otro secreto. Y mis amados libros. ¡Todos! ¡Todos! Pero pesan tanto…¡No podré llevármelos! Mientras,lloro.
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