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El alma al aire

Días de invierno

Días de invierno Este invierno pasará a los anales de nuestra memoria colectiva como uno de los más fríos de las últimas décadas. Eso al menos es lo que dicen los entendidos en la materia. Comparan el invierno de este año, entre otros, con aquel ya lejano en el que falleció mi padre. Recuerdo como si hubiese sucedido ayer, la fría noche en la que tuve que salir de casa para buscar una farmacia en la que poder comprar un medicamento recetado por el médico de guardia para aliviar los sufrimientos de sus últimos días. Todavía me parece sentir el punzante dolor producido por el viento helado, clavándose como miles de finos alfileres sobre mis sienes. La nieve y el hielo de aquellos días impidieron a parte de mi familia desplazarse para acompañarnos en su entierro. Más de una vez, cuando la televisión ofrece sus programas informativos, abandono las tareas que llevo entre manos, y acudo presurosa al cuarto de estar para disfrutar de esas espectaculares imágenes invernales tomadas en distintos lugares de España. Fuentes y surtidores con sus chorros de agua convertidos en incontables estalactitas. Los leones que acompañan a la diosa Cibeles en su plaza de Madrid, con sus melenas heladas. Esos árboles misteriosos con sus ramas entretejidas de hermosos encajes blancos. Y en algún lugar del río Cuervo, del que hasta hoy nunca había oído hablar, esa espectacular catarata, esculpida en gigantescos carámbanos. E inevitablemente, me siento transportada a mi infancia, con aquellas nevadas copiosas que obligaban a mi padre a abrirse camino, pala en mano, para salir de casa. Y a mis hermanos, a transportarme sobre su espalda hasta la escuela, porque mis pobres pies, hinchados por culpa de los sabañones, no cabían en los pequeños zapatos. Y aquella roja mancha sobre la blanca alfombra en los días de matanza, cuando los hombres arrojaban a la calle los despojos del sacrificio del animal, y los astutos gorriones, saltando inquietos sobre el botín para procurarse el escaso sustento.
La nostalgia me obligó un día a poner una imagen de mi pueblo en la pantalla del ordenador. Una y otra vez me descubro a mi misma contemplándola, tratando de imaginar aquellas pobres ruinas tan queridas, arropadas por el blanco y liviano edredón.
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1 comentario

Corazón... -

Hola Toria :-)

Vaya que recuerdos llenos de nostalgia, pero al final parte de la vida.
Me llena de emoción al leer por doquier articulos de la nieve que cubre a las ciudades de España, que bonito!
Precisamente hoy por la mañana escribia con un gran amigo de Pontevedra, y me decía que por la noche había caído nieve, me dice; mira por encima de los tejados y ya comienza a hacerse agua :)

En México ver nieve caer, es un lujo sólo pasa como cometa por la vida del país :)

Me ha gustado disfrutar con usted de esos recuerdos :)

Un beso y saludos sinceros!

;o)
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