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El alma al aire

¡Tengo cara de suegra!

¡Tengo cara de suegra! 31 - 3 - 1997

¡Triiing! ¡Triiing! El sonido del timbre me sobresalta. Me había sentado en mi dormitorio para dedicar un pequeño espacio de tiempo a la relajación y a la búsqueda del silencio. Es algo que me ayuda y me hace sentir bien. Pero…¡Es radical! Siempre me pasa lo mismo. Apenas han pasado unos minutos desde que me he acomodado en la silla y ya estoy dando cabezadas, como si en la más cómoda de las camas me encontrara. Me asomo a la ventana. “¿Quién es?”- digo. Es un joven rubio, delgado. Lleva un traje oscuro y un ligero maletín. Tiene todo el aspecto de ser representante. “¿Puede bajar un momento?”- me dice -. “Soy del Departamento de Estadística.” “Veamos qué sonaja nos trae”- pienso mientras bajo por la escalera. “¡Buenas tardes, señora! ¿Cómo está?” “Bien, gracias”- le contesto. “Como le he dicho, soy del Departamento de Estadística” “Ya. ¡Hola!”- saludo a mi vecina Rosa que pasa por la acera de enfrente -. Lo he desconcertado, hasta el punto de que tiene que comenzar de nuevo su discurso. “Supongo que usted será la suegra…” Me ha dejado fuera de juego. “Así que tengo cara de suegra” –pienso. Hasta ahora, las suegras eran siempre otras, no yo. “¿Tengo ya cara de suegra?” – le interrumpo simulando sentirme ofendida. “No…Bueno…. O será la tía de los que viven aqu텔 Se atasca. Balbucea. Coge aire. “Bueno, lo que quiero decir es que en esta casa vive un matrimonio joven con hijos pequeños. ¿No es verdad?” “Pues…no. Aquí vive un matrimonio, pero no joven, ni con niños” “Es que…- se atraganta - me han dicho que vivían aquí” “Viven ahí. En la casa de al lado” “Perdone ¿eh? Que le haya dicho que es la suegra no quiere decir que tenga que ser usted mayor. Hay suegras muy jóvenes”- dice mirándome con gesto conciliador. “La verdad es que yo ya podría ser suegra, y casi abuela” – le digo mientras se me escapa una ruidosa carcajada. “Adiós, pues. Y a lo dicho. Perdone. Ya dice el refrán: El que tiene boca se equivoca.” Él se va a la busca y captura del matrimonio joven, y yo comienzo a subir las escaleras con una amplia sonrisa en los labios, mientras reflexiono sobre mi inesperado ascenso en la escala del parentesco.
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