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El alma al aire

Alumnos y profesores

Alumnos y profesores Llevo unos días de sequedad literaria extrema, como si ningún tema atrajera mi atención lo suficiente como para hacerme expresar mis pensamientos y mis sentimientos sobre el mismo. Esta tarde, mientras arrastro mi desgana - astenia, creo que es su nombre médico – por los rincones de la casa, he encontrado un artículo de Paulo Coelho. Dice así:
Nasrudin, el eterno personaje de las leyendas sufí, estaba sentado a la puerta de su casa cuando vio pasar a un profesor con un grupo de alumnos.
-¿Adónde vas? – le preguntó.
-A rezar para que Dios acabe con la corrupción, ya que él siempre escucha las plegarias de los niños – respondió el profesor.
- Una buena educación ya habría acabado con eso. Enseña a los niños a ser más responsables que sus padres y sus tíos.
El profesor se ofendió.
-¡He aquí un claro ejemplo de falta de fe! ¡Los rezos de los niños pueden llegar a cambiarlo todo!
- Dios escucha a todo el que reza - dijo Narudin - Si sólo escuchase las plegarias de los niños, entonces no habría ni una sola escuela en el país: no hay nada que odien tanto como un profesor.

¿Qué piensa una profesora en vísperas de jubilación sobre la filosofía que encierra este cuentecillo? ¿Qué le dice su experiencia? En primer lugar habría que distinguir entre los alumnos mayores y los más pequeños. Si estuviera al alcance de las plegarias de los primeros el hacer desaparecer de la tierra a los profesores, un alto porcentaje de ellos casi con toda seguridad lo harían. La educación, el aprendizaje, personalizados en los profesores, exigen esfuerzo, y esa virtud no está de moda en nuestros días. De todas formas, yo también tengo que confesar que siendo estudiante en más de una ocasión sentí ganas de pulverizar a alguno de los míos. En cuanto a los más pequeños, está claro que nos demuestran más cariño, pero no por eso la escuela deja de ser para ellos una prisión. Sólo hay que verlos en estos días ya cercanos a la llegada de las vacaciones. Os aseguro que no llorarán al decirnos adiós. Después, cuando llegue septiembre y pasen de curso, la relación con su antiguo profesor se irá haciendo cada vez menor, hasta pasar prácticamente al olvido. ¿Qué vamos a hacer? Es la vida. Aunque a veces no deje de doler un poco. No hace muchos días, una antigua alumna que tenía que hacer una entrevista como trabajo de clase, me pidió si querría contestarla. Una de sus preguntas era: ¿Piensa que merece la pena el esfuerzo realizado con los niños durante todos estos años? Sí, por supuesto – le contesté. Cuando tus alumnos se hacen mayores y ves que se han convertido en unas buenas personas y en unos buenos profesionales, piensas que tú también pusiste tu granito de arena para conseguirlo. Eso, y la tranquilidad por haber realizado tu trabajo lo mejor que has podido, son los únicos premios.
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4 comentarios

Toria -

Puedes hacerlo sin ningún problema steefany.

mishelle -

me gusto mucho,pero yo queria mas porque para ellos es muy importanate
porque sin ellos nosotros no seriamos nada por eso en su dia quiero desearles lo mejor.

steefany -

muy lindo y me gustaria penerlo todo en wort

Corazón... -

Hola querida amiga :-)

Jajaja, lo que nos cuentas es muy cierto, pero sabes? cuándo somos adultos, recordamos a los profesores con mucho cariño :)

Es cierto, cuándo somos pequeños odiamos el colegio, nos encantan las vacaciones, perooo cuándo pasa el tiempo le tomas cariño y lo unico cierto y que te digo con sinceridad:

Hay maestros que nos dejan su hermosa huella por el paso de nuestra vida y nunca, nunca olvidamos, simplemente por ser así, cómo son :)

Creo que tu eres uno de ellos y sé que has dejado una enorme huella por el camino de la educación. Felicidades Toria, sé que la despedida se acerca pero tu legado se queda por siempre :-)

Un beso muy grande y besos!

Pd. dime cuándo es la fecha en que te jubilas?

;o)
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