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El alma al aire

El fuego, ese monstruo

El fuego, ese monstruo Once bomberos carbonizados en la provincia de Guadalajara. Miles de hectáreas de campo y bosque calcinados ofreciéndonos un panorama desolador. Con más frecuencia de la que sería de desear el espectáculo del fuego con sus gigantescos y mortales lametazos nos llena de angustia y de temor. La maldad, la locura, la imprudencia,la temeridad y las causas naturales son la chispa que prende sin esfuerzo sobre nuestra pobre tierra asolada por la feroz sequía. Vivimos casi sin darnos cuenta sobre un inmenso polvorín. Cada vez que nos llega la noticia de un nuevo incendio nos lamentamos por las gentes que lo sufren y se agudiza nuestro miedo de que la próxima vez pueda tocarnos a nosotros. Mientras me hago estas amargas reflexiones, sentada a la sombra de los frondosos chopos voy deslizando mi mirada tronco arriba, acariciando sus viejas arrugas hasta auparme sobre los altos columpios de sus ramas, donde las hojas se agitan y espejean. Las chicharras ofrecen su monótono concierto, cantan los pájaros entre las matas, zumban las moscas, las mariposas ejecutan sus delicadas danzas, y yo, en silencio, contemplo y agradezco que lo paisajes familiares se encuentren un día más a salvo.
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