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El alma al aire

El cipotegato

El cipotegato “¡Cipote!…” “¡Cipote!…” Es el grito acompasado que se escapa de cientos de gargantas, mientras, manos en alto, sostienen la roja munición y esperan la aparición del Cipotegato, el estrafalario personaje ataviado con un vistoso traje de colores, que el día 27 de agosto, víspera de las fiestas de San Atilano, patrono de la ciudad de Tarazona, en la provincia de Zaragoza, sale de su Casa Consistorial y recorre la plaza soportando el incesante lanzamiento de tomates por parte de la multitud, en clamorosa e incruenta batalla. ¡Pobre Cipotegato! ¡Vaya paliza! Aunque para él sea todo un honor ser elegido para representar a tan famoso personaje, El final del recorrido lo hace a hombros de sus amigos, que procuran abrirle paso y ayudarle a llegar. Encaramado por fin sobre la escultura metálica que lo representa, de cara a la hermosa fachada del Ayuntamiento, envía besos a la multitud. Como consecuencia del fuego cruzado, nadie logra quedar a salvo de los blandos y churretosos proyectiles que llueven en todas las direcciones alcanzando todos los rincones de la plaza. Parapetados tras unos jóvenes de elevada estatura en un pequeño soportal, pretendemos contemplar el espectáculo y salir indemnes. ¡Vana ilusión! Pronto recibimos los primeros impactos. Luego llegan otros. Y otros más. El suelo, las fachadas, los balcones de los edificios de la plaza, cabezas, caras, brazos, piernas, pechos y espaldas de los asistentes van tiñéndose más y más con el zumo del rojo vegetal. A nadie parece importarle. Hay que cumplir la tradición. Luego llegará el momento de la ducha. ¡Felices fiestas, turiasonenses!
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