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El alma al aire

El trabajo como adicción

El trabajo como adicción

He leído un artículo de Paulo Coelho con el título Manuel es un hombre importante y necesario. Y he encontrado en el mismo esta frase que encierra una gran verdad: “Trabajar es una bendición cuando nos ayuda a pensar en lo que estamos haciendo. Pero se convierte en una maldición cuando su única utilidad es evitar que pensemos en el sentido de nuestra vida”. No es la primera vez que oigo hablar de esta enfermedad que aqueja a  un buen número de personas. Personas para las que el trabajo constituye una adicción que les impide atender aspectos importantísimos de la vida familiar, como su relación de pareja o la dedicación a los hijos. Su única preocupación y meta es trabajar y trabajar para ganar dinero, para ascender de categoría laboral, para tener un coche más caro, para conseguir una vivienda que deslumbre al personal, para  codearse con gente de “mayor categoría social”, para permitirse caprichos caros… ¿Compensa llevar esta vida? Pienso que no. Sin llegar a esos extremos, yo he podido experimentar en mis propias carnes que a veces el trabajo me ha restado tiempo para cosas importantes. A veces pienso que por su culpa no he podido disfrutar a fondo de la niñez de mis hijos, de esa niñez que se escapa tan rápidamente. Y el trabajo me ha hecho sufrir en estos últimos años, cuando mi marido, debido a su enfermedad, me iba necesitando más, y yo no podía dedicarle tanto tiempo como hubiese querido. Por eso…¡Bendita jubilación que me permite hacerlo! El trabajo ahora puede esperar casi siempre. Y puedo ver encenderse el cielo cada atardecer desde mi ventana, y el pasar de las nubes, con sus formas curiosas y variantes, y contemplar las rosas tardías que han florecido en el cuadro de tierra de detrás de mi casa  -el que un día soñé convertido en primoroso jardín, y que como  otras muchas cosas se quedó en un hermoso sueño- y la incesante caída de las hojas muertas del árbol cuya semilla enterré en la tierra con mis propias manos. Ese  árbol frondoso que cobija entre sus ramas  a mil bulliciosos pájaros  cuando anochece. Ver cómo la lluvia, tan escasa en estos tiempos, empapa el suelo reseco, y aspirar el aroma delicioso que desprende la tierra mojada. Y asombrarme al descubrir en los alimentos nuevos sabores y olores perdidos por culpa de la prisa y el estrés. Y escuchar sin prisas las confidencias de aquella  amiga que necesita hablar. Y garrapatear de repente en mi cuaderno unas líneas cuando algo imparable me empuja  por dentro a dar rienda suelta a mis sentimientos. ¡Y tantas cosas…!

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1 comentario

Corazón... -

Hola Toria ;)

No consibo la vida sin trabajo, cierto para mi es una bendición que Dios me da y a través de la cuál puedo obtener los medios para vivir :) Anda yo me conformo con tener para vivir, no deseo ser rica ni nada que se le parezca. No pido riqueza material, más bien pido riqueza espiritual, y que la salud predomine en el mundo entero, lo demás solo sera consecuencia de lo primero :)

Yo disfruto al salir del porton de mi curro, me siento libre y allí comienza mi vida personal. Eso quiero decir, disfruto de todo sin tener reparo en nada :)

Un beso y feliz inicio de semana!

;o)
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