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El alma al aire

Mi querido y loco adolescente

Hubiese deseado verte convertido en un niño pequeño y apretujarte entre mis brazos; poder comerte a besos y llenarte de caricias para borrar de tu memoria la mala experiencia que has sufrido. En cambio, sentada junto a ti sobre la cama, sólo he acertado a poner torpemente mi brazo sobre tus hombros y darte un par de besos, tratando de no herir tu ego adolescente, para demostrarte que me tienes muy cerca y que te quiero. Tú, mientras, me dices que te encuentras deprimido y que has perdido la ilusión del veraneo. Hay que aceptar las cosas como vienen. Y que lo ocurrido te sirva de lección. ¡Que no puedes andar abriendo agujeros en la arena y taparlos después con una hoja de periódico, mismamente como el cazador prepara su trampa en medio del follaje de la selva! Ha pasado… lo que tenía que pasar. Y te ha pillado de sorpresa contemplar cómo la pierna de una señora gruesa, baja y de lengua viperina, desaparecía en su interior. Ha querido pegarte, ha dudado de tu normalidad, y ha increpado a tu tía, a la que ha confundido con tu madre, intentando hacerle sentir vergüenza por haberte traído al mundo. Ella ha intentado buenamente amansar a la fiera que, como caballo desbocado, desfogaba su cólera contando con todo lujo de detalles a los amigos, conocidos y desconocidos, en muchos metros a la redonda, su percance, y amenazando con exigir daños y perjuicios. Tus hermanos, que ya te habían prevenido de las posibles consecuencias de tu excavación, y de los que tú mientras tanto te reías, hubieran querido convertirse en avestruces, para poder esconder sus cabezas bajo la arena y huír así de semejante granizada. Quizás haya sido mejor que ni tu padre ni yo estuviésemos allí en aquel momento. Yo me pongo en el lugar de la mujer que ha estado en un tris de romperse la pierna y puedo comprender su enfado; pero tú eres mi hijo - un poco cabezota a veces, es verdad- y te quiero muchísimo, y no me avergüenzo de ser tu madre, ¡ea!. Al contrario, me siento orgullosa de ti por muchos motivos. ¡Sépalo Vd., señora mía! Y, además … juraría que usted no tiene hijos.

¡Ay, niña mía!

Lo he adivinado sin que me lo dijeras.
Hay fulgor en tus ojos, color en tus mejillas,
Una mirada ausente, una dulzura tibia,
un no sé qué especial.
Lo he adivinado sin que me lo dijeras.
No sé cómo ni cuándo, amor llamó a tu puerta.
¿No es verdad?
¡Ay, niña mía!
Amor te hará reír.
Amor te hará llorar.
Amor te hará sufrir.
Amor te hará gozar.
Porque el amor es fuego.
Porque el amor es hielo.
Porque el amor es fiesta.
Porque el amor es duelo.
Porque el amor es manso.
Porque el amor es fiero.
Es duro cual diamante
y frágil cual cristal.
Amor es… esperanza y desespero,
bonanza y tempestad;
es gloria y es infierno,
prisión y libertad.
Lo he adivinado sin que me lo dijeras.
No sé cómo ni cuándo,
amor salió a tu encuentro ya.
¡No le cierres tu puerta, niña mía!
Porque el amor es…¡Vida!
¡Déjale! ¡Déjale entrar!

Desde la ausencia

(En el día en que mi hijo ha visitado mi pueblo, removiendo y avivando las brasas del fuego de mi nostalgia)

Dime, si acaso lo sabes, qué es lo que tendrá mi pueblo,
que cuando a lo lejos veo los muros de su castillo,
la silueta de su torre y el caserío terroso recostado al pie del monte,
un calor hecho de gozo, como de fuego escondido,
me brota dentro del pecho.
¡Ay, cuántos años de ausencia! Que es la vida viaje incierto.
Y el viajero, nunca sabe al comenzar el sendero que lo aleja de su hogar, si contemplará otra vez igual tierra e igual cielo
que vieron sus ojos niños cuando a la vida se abrieron.
Con caminar impaciente, como sediento que busca el manantial de aguas limpias para mitigar la sed, he vuelto a pisar sus calles,
vivas y alegres ayer, hoy calladas y vacías, que entre gritos infantiles tantas veces recorrieran mis menudos pies de niña.
Allí estaba el viejo olmo.
El árbol fornido y recto que escondía entre sus ramas cien pajarillos parleros.
Y sostenía, temblando, rudo y amoroso a un tiempo,
el cuerpo nervudo y ágil de los jóvenes arqueros que soñaban mil hazañas victoriosas en lo alto.
Del que se escapaba música cuando lo acunaba el viento.
La escuela humilde y querida con sus pequeños pupitres de madera carcomida, repletos de garabatos y chorretones de tinta.
Donde, entre densos silencios o traviesa algarabía, hice mis primeros trazos,
y descubrí los misterios que encierra la letra escrita.
La iglesia en la que sonaron mis infantiles plegarias y, medrosa, confesé aquellas pequeñas faltas.
Ya no se escuchan canciones, enmudeció su campana;
están vacíos sus bancos, polvorientas sus arañas.
¡Qué pena daba mi iglesia, solitaria y expoliada!
Allá en lo alto, el castillo.
Donde los chicos buscaban con increible tesón aquel tesoro escondido.
Desde donde contemplamos, absortos y complacidos,
mares de verdes espumas en días de cierzo frío.
Donde sonaban los ecos de las canciones de trillo.
Y mi casa. Donde mi cuerpo gozó de sus primeras caricias.
Donde mi boca se abrió a la palabra y la risa.
Donde mis pies aprendieron a caminar por la vida.
Mi casa. Testigo de mil rabietas y travesuras de niña.
Mi pobre casa. Hoy tan sólo cuatro paredes en ruinas.
Estaba la tarde herida por poniente cuando quedaba mi pueblo perdido en la lejanía.
¡Ah! Si pudiera ser real el mágico y misterioso mundo de la fantasía, yo me volvería bruja,
y el pueblo que tanto quiero, para tenerlo bien cerca, conmigo me llevaría.

Leer es un placer

Son muchas las personas que dedican los domingos a salir de sus casas, con el propósito de satisfacer en lo posible los deseos que han ido acumulando en su interior a lo largo de toda la semana: comer en un restaurante, ver una película o una obra de teatro, pasar la tarde en la cafetería con los amigos, presenciar el partido de fútbol del equipo favorito... Yo, sin embargo, adoro quedarme en casa los domingos por la tarde. Uno de mis placeres secretos, tras acabar las tareas del hogar, consiste en preparar las gafas, coger el periódico y el suplemento semanal, sentarme junto a la mesa del cuarto de estar y, muy tranquilamente, dedicarme a la tarea de averiguar lo que pasa en el mundo y lo que piensan sus gentes. “¡Ay, hija mía! No sé cómo puedes aguantar tantas horas leyendo...¡Cuídate la vista lo que puedas!” - me dice mi suegra, que apenas ve y suspira constantemente por sus ojos. Tal vez tenga razón. Pero como decía Sarita Montiel en la famosa canción, cambiando el cigarro por la letra impresa: Leer es un placer.
En la cubierta del periódico, la foto del nuevo lehendakari Juan José Ibarrestxe con sus 17 familiares junto al árbol de Guernica, en el día de la jura de su cargo. ¡Ojalá que con él llegara la paz definitiva al País Vasco! ¡Que nunca más sonaran las armas! ¡Que la palabra terrorismo en España, mejor, en el mundo, fuese tan solo una triste palabra para el recuerdo!
“El fin de semana que cambiará la historia. El proceso de conversión al euro se realiza sin problemas en este largo fin de semana.” Si he entendido bien, hoy es el último día en el que puedo encontrar las cotizaciones del Mercado de Valores en pesetas. Guardaré la página para el recuerdo.
“Abundancia de nieve, sobre todo en los Pirineos, para el disfrute de incontables esquiadores.” Viví mi niñez en un pueblo castellano de largos inviernos donde la nieve resultaba compañera de viaje durante largos periodos de tiempo. Incontables veces admiré extasiada la caída de los grandes copos que cubrían silenciosos la calle, los tejados, las bardas de los corrales, y extendí mi mano para permitir que se posaran sobre ella aquellas hermosas estrellas; fui dejando mis huellas sobre la blanca alfombra; rodé ladera abajo protegida por su blandura; hice muñecos de nieve con el abundante y helado material; tomé parte en incruentas batallas con mis hermanos y amigos; observé como mi padre iba abriendo camino con una pala para poder salir de casa; compartí la angustia de mi madre, mientras esperaba su vuelta desde la vía en los días de las grandes nevadas. Adoro la nieve. La contemplación de un paisaje nevado resulta un hermoso regalo para mi vista, pero ya no echo en falta su contacto.
El día de Año Nuevo, un tal F. L.de 24 años, fue detenido como presunto parricida de su hermano Óscar, de 26, al que, siempre presuntamente, apuñaló en presencia de dos niñas de 6 y 8 años de edad, hijas del fallecido. Cuando llegaron las primeras personas, alertadas por los gritos, el presunto asesino se encontraba, muy abatido, a los pies de la cama a la que había trasladado a su no presunto hermano. Es de pensar que estaba empezando a caer en la cuenta de que la había c....., con perdón , y que navegaba por un río sin retorno.
Ingresa en prisión la madre de un bebé de tres meses, presunta culpable de haberle causado la muerte por malos tratos. Deja a su hija de tres semanas abandonada en un bar.
¿Seres humanos o presuntas fieras?
Fred Basset nos cuenta en su viñeta que se averió el aspirador y cómo su dueño se ofrece gentilmente para arreglarlo. Dos horas después: El dueño de Fred, sentado en su sillón, rumia su fracaso, mientras contempla con incredulidad las incontables piezas que puede esconder en su barriga un aspirador.
Los premios Nobel de Literatura José Saramago y Gabriel García Márquez, con los brazos alzados y las manos unidas, posan sonrientes en los actos de conmemoración del 40 aniversario de la Revolución Cubana. Fidel, en su discurso, más corto que de costumbre, vaticina una grave crisis económica mundial, alaba la creación del euro y canta loas a la revolución. ¡Ay la revolución! Se podría comparar en sus comienzos con una botella de champán recién descorchada con miles de burbujas repletas de ilusiones. Luego, con el tiempo, le ocurre como al pequeño resto que se queda sin consumir, ya no resulta ni chicha ni limoná. ¡Pobres cubanos! Cuando el hambre arranca ruidos en las tripas durante tantos años, acaba por hacer enmudecer las loas en honor al gran Marx y al camarada Fidel.
Y ahora... Veamos qué sorpresas nos guarda el Suplemento. A doble página, belleza en rosa sobre campo primaveral en rosa para Estée Lauder Pleasures. Recuerdo una subida al Moncayo hace algunos veranos. El monte estaba precioso, con enormes macizos de flores silvestres de color rosa. También yo posé aquel día teniendo de telón de fondo una formidable explosión de color. El fotógrafo era un aficionado y la modelo no era bella como la joven de la revista, así que el resultado no es comparable; pero todavía conservo vivos los colores y olores de aquella gloriosa ascensión.
Arturo Pérez Reverte evoca sus recuerdos infantiles de la víspera de Reyes. Él reconoce que fue un puñetero niño con suerte. Yo fui la hija menor de un humilde ferroviario que vivía en un pequeño pueblo sin tiendas, sin escaparates repletos de juguetes, sin mecanos, peponas, caballos de cartón, ni pistolas de hojalata... Yo también sentía en aquella noche mágica las pisadas y el aliento de los Magos al aproximarse a mi cama para depositar sobre mis pequeñas zapatillas un cuento, o la muñeca de trapo que mi madre había cosido a escondidas, un pedazo de guirlache casero y un puñado de higos y de pasas. Y yo me sentía feliz con ello, porque algo me decía por dentro que no debía esperar otras cosas.
¡Vaya tío el que ocupa la página siguiente del artículo de Javier Marías! Eau pour homme GIORGIO ARMANI. He deslizado lentamente mi dedo por su pelo coquetamente alborotado, su frente espaciosa, sus cejas, tupidas y perfectamente arqueadas, su nariz recta, sus labios sensuales, su mentón firme, su cuello poderoso... Lo he acariciado todo, todo a excepción de su única oreja visible. Su borde superior era lo menos atractivo de este desconocido Apolo.
"Estas Navidades serán más dulces con AZZARO POUR HOMME.” Al comprar esta colonia, según su tamaño, te regalan 18 ó 36 piezas del exquisito chocolate Godiva. ¡Mmm...! Y la chica va desabotonando la inmaculada camisa de un varón que nos mira sonriente mostrando su perfecta y blanca dentadura.
"Los últimos secretos del Vaticano” ¿Seguro? ¡Me cuesta trabajo creerlo! Interesante reportaje hablando del Archivo del Santo Oficio, en el que se guardan todos los procesos de la Inquisición. En la actualidad, cuenta su autor, hay acceso libre a todos aquellos documentos anteriores a 1.903. A partir de San Pío X el secreto es total. ¡Ya me parecía a mí...! Anuncia que El Papa Juan Pablo II, el Miércoles de Ceniza del año 2.000, pedirá perdón en nombre de la Iglesia por las injusticias cometidas en el pasado. Eso está bien. Pero... además de confesar los pecados, como ocurre con una buena confesión, ha de haber propósito de la enmienda, que según el catecismo, consiste en una firme resolución de no volver a pecar. ¡Amén!
A doble página, un anuncio de la Compañía Telefónica nos muestra las musculosas piernas y macizos traseros de los que parecen ser jugadores de un equipo deportivo.
"Iñaki Perurena, mientras juega su diaria partida de cartas, bebe PACHARÁN LA NAVARRA. Sabor afrutado, con claro sabor a pacharanes, color rojo natural...”
Chicarrón del norte este Iñaki, ¿eh?. Sobre la mesa puede verse una copa y una botella que muestra en su etiqueta la leyenda: “Cosecha 1.997, portando un ramito de pacharanes. Pacharanes... las llamadas endrinas en mi tierra, los arañones del somontano del Moncayo... Con solo cerrar los ojos, puedo sentir sobre mi lengua la aspereza y acidez de estos frutos silvestres que tantas veces gusté en mis correrías de niña por los alrededores de mi pueblo natal.
"Tiempo de brillos” Broches, collares, sortijas deslumbrantes...” Una modelo luce sobre su frente el broche estrella “ Chanel.” 31.250.000 ptas. Junto a otra puede leerse lo que sigue: “Vasari.” Sortija en oro blanco. 1.950.000 ptas. Y esto otro: Collar “Khesis” de oro gris. 2.275.000 ptas. Y esto: Collar “C” de Cartier, letras C encadenadas en oro amarillo... 11.310.000 ptas.
Estoy pensando... No sé si pida alguna de estas baratijas a los Reyes Magos, aunque… ya casi no queda tiempo de escribir la carta. ¡La verdad es que no sé por cual decidirme! ¡Qué problema!
Marina Mayoral, en el artículo de la semana, reflexiona sobre la gordura y la delgadez y confiesa el secreto que, según piensa, la mantiene en forma, cosa que parece molestar a algunos de sus conocidos, hasta el punto de permitirse sospechar que ella se provoca vomitonas, se somete a largos ayunos, o dispone de un método particular que en su egoísmo se niega a compartir. El secreto de comer y no engordar, dice Marina, es... correr. Correr desde la mañana hasta la noche. En casa, en la calle, en los transportes, en los grandes almacenes, en el trabajo, en el cine y en el teatro... Eso mismo debe de pasarme a mí. Por eso no me engordo. Aunque no vivo en la ciudad, mi sino de mujer que trabaja fuera de casa y que desempeña también las tareas del hogar es correr, correr, correr, día tras día, durante toda la semana.
Son ahora las 12 menos cuarto de la noche. En los entreactos de esta larga tarde, he aceptado las disculpas de mi hijo, que, según me confiesa, no me trató como yo me merezco cuando hablamos por teléfono en la tarde de ayer. Estos días tiene problemas en el desempeño de sus tareas de objetor. Además acaba de pasar la gripe y se ha quedado con un bajo tono vital - tendré que prepararle algún complejo vitamínico que lo ponga fuerte -. Después de escuchar sus confidencias, que no suelen ser muy frecuentes, he tendido la ropa, preparado la cena, he esperado pacientemente hasta las nueve y media de la noche, hora a la que mi marido ha vuelto a casa de ver el partido de fútbol, he soportado que se pusiera como un bruto hablándome de mi hijo porque, a pesar de tener ya cumplidos los 25 años, él se siente con derecho a dirigir su vida... ¡Maldito macho ibérico! Me ha despanzurrado de mala manera por llevarle la contraria. "Tú, cállate!” - me dice. ¡Y yo ya me voy cansando de callar...! Hemos cenado en silencio, como convidados de piedra. Cuando he terminado de fregar, pronto, debido a la diligencia de mis dos abuelas que, con 90 y 84 años de edad, montan cada día una pequeña competición a ver cuál de las dos seca mayor cantidad de cacharros y quién es capaz de hacerlo con más rapidez, no he querido entrar en el cuarto de estar, como una muda forma de protesta por lo sucedido. He permanecido sola y silenciosa en la cocina, hasta consumir las últimas páginas del Suplemento. En la contraportada, una bella joven de labios jugosos como cerezas, vistiendo un rojo vestido de tirantes me incita, tras una torre transparente compuesta por 11 frascos, a dejarme envolver por la irresistible fragancia del Chanel N° 5. ¡Hasta he conseguido olvidar por un buen rato mi considerable cabreo conyugal!

Mi primer día de escuela

"¡Doos por uno es doos! ¡Doos por doos cuatro! ¡Doos por trees seis!”. Subo las escaleras despacio, sin hacer ruido, para que nadie me descubra. Meto la cabeza por el gatero con mucho cuidado y miro lo que hay dentro. Veo al Chivín y también a mi hermano. Oigo la voz del maestro y saco la cabeza muy deprisa. La vuelvo a meter. Nadie me ha visto. Me aburro de estar así. Ahora meto la mano y llamo a mi hermano, primero en voz baja, luego más fuerte. El Daniel me mira, se enfada y hace gestos para que me vaya. Saco la cabeza de nuevo. ¡Es tan aburrido estar sola…! Con mis hermanos me lo paso bien. Cuando hacen los deberes y estudian, yo cojo mi cartilla y digo las mismas palabras que ellos, aunque si son difíciles no sé decirlas bien. Algunas veces, sin que se den cuenta, escribo con el pizarrín en sus pizarras. Entonces ellos me gritan, y hasta me dan una torta. Pero casi siempre me perdonan. ¿Cuándo vendrá madre? Se ha ido de viaje y me he quedado con la tía Saturnina. Como me aburría me he venido a la puerta de la escuela. ¿Qué estarán haciendo? Voy a ver. Me asomo de nuevo. Mi hermano ha vuelto la cabeza y el Chivín también me mira y se ríe. De repente se abre la puerta y veo las piernas largas del maestro. ¿Cómo habrá sabido que yo estaba aquí? Tengo miedo. Me coge de la mano y entramos. Todos me miran y se ríen. A mí me da vergüenza. Ahora estoy sentada en un pupitre. Como las piernas no me llegan al suelo me divierto moviéndolas sin parar. También hago dibujos en un papel y escribo mucho. Escribo todas las cosas que dice el maestro y lo que dicen los chicos. Miro a la María y al Daniel, y a una Virgen que está en un cuadro en la pared y tiene una culebra y unos cuernos blancos en los pies, y a un hombre que está en otro cuadro, que tiene bigote y lleva una chaqueta muy nueva y muy planchada. ¡Ay qué contenta estoy! ¡Ya estoy en la escuela! ¡Ya soy mayor!

¡Gracias por el regalo de tu vida!

No esperaré a que el viento frío de la muerte descorra las cortinas de mi alma y deje al descubierto la veta del amor, como ocurrió con nuestro padre.
¡Quiero cantarte viva!
Mi voz se torna grito apasionado al dirigirme a ti, mujer que me parió en Castilla, por las fiestas del Santo Labrador.
La que sintiera los primeros dolores del alumbramiento al perseguir, vientre abultado, al infeliz pichón que tuvo la desdicha de estrenar sus alas aquel día.
A la mujer que me crió a sus pechos, que me cubrió de besos y caricias, que acompañó mis torpes pasos, que consoló mis penas y acompañó mis risas.
La que veló conmigo la erupción de mis dientes y, tantas noches del invierno crudo, supo engañar al picor de mis pequeños pies, convertidos en un inmenso sabañón, al dolor que taladraba mis oídos o al rojo ardor del sarampión.
La que sufrió los años de posguerra al escuchar los ruidos de mis tripas, huérfanas de pan blanco, y al contemplar mis manos recorriendo ansiosas el cajón en busca de unas migas.
La que portaba airosa el cántaro de barro y soportó, valiente, la calumnia indigna.
La que cantaba a menudo, escoba en mano, pregonera de tristezas y alegrías.
La que me vio crecer y me besó en mis hijos.
La que se hundiera un día en negro pozo cuando la muerte apareció en la puerta para llevarse a su hombre.
¡ Bendita seas, madre! ¡Gracias doy al buen Dios por el hermoso regalo de tu vida!

Pensando en voz alta

Cuando la injusticia llama a tu puerta para golpear a un ser querido, no viene sola. Con ella llega también el deseo de venganza, que como imparable huracán, remueve hasta hacerlos vacilar, los cimientos del edificio que levantaste trabajosamente durante años sobre las bases del amor y la concordia.

Una tarde de marzo

¿Qué podré decir de ti que no se torne plagio al pasar por mi boca?
¡Quién tuviera el verso de cristal del dueño de Platero o la palabra honda del poeta andaluz en tierra castellana para saber cantar tus glorias!
Marcho por el camino solitario y duro, cien veces recorrido;
la tarde es fría, gris y borrascosa.
El viento norte trae al valle aromas de nieve y de montaña,
me abraza firmemente por el talle, abofetea sin piedad mi cara,
pone música en el bardo de la huerta, hace sonar las hojas secas de las cañas.
Y en la brizna de hierba del borde del camino que estrena el verde de la nueva savia,
en las flores del chopo del pequeño altozano que enmascaran el nido de la urraca,
en el temblor del arbolillo rosa que crece desgarbado y solo en el ribazo,
en el canto bullicioso de los pájaros que aletean inquietos por las zarzas,
en un no sé yo qué de calor y de alegría que ha brotado del frío de la pena que me atenaza el alma...he encontrado las huellas de tus pasos, primavera.
En esta tarde fría, desde el camino solitario, te saludo: ¡Bienvenida seas!

ENTRE LA NIEBLA

Es una tarde del diciembre frío.
La noche roba los últimos latidos al día que agoniza.
No brillan las estrellas.
No hay montes a lo lejos ni colinas cercanas.
Los chopos de la acequia, los que mueve la brisa en primavera
arrancando metálicos sonidos de sus hojas,
parecen hoy ingrávidas quimeras.
Todo está envuelto en pálida mortaja.
De pie sobre un ribazo, miro al pueblo:
en el blanco vacío sólo unas tenues luces parpadean.
Por la cercana carretera cabalgan rugientes monstruos de ojos como brasas.
Una bandada de tordos golpea ruidosamente el aire.
Crujen las cañas secas de los bardos y pía un pajarillo entre las hierbas.
En el camino solitario, por un momento dueñas del universo y libres, yo y mi perra.

TIEMPO DE SIGNOS

"Cuando veáis que la higuera está verde,es que está próximo el tiempo de los higos" Cuando veáis a los políticos repartiendo besos en los mercados, no está lejano el día de elecciones.

¡AY DE VOSOTROS ...!

¡Ay de vosotros, los que encendéis en el corazón de un hombre una pequeña llama de esperanza, para luego sofocarla cuando comienza a arder!

No pidas nunca pan a los que están hambrientos, ni agua a los que tienen sed.

TÚ VIVIRÁS

¡Estás muerto! Lo gritan al silencio tu cuerpo inmóvil,
en negro traje envuelto sobre la tela blanca,
tu cara como cera, tus manos enlazadas.
¡Muerto! Lo pregonan el llanto de mi madre
y la angustia que atenaza mis entrañas.
¡Muerto! Lo aseguran los abrazos de la gente,
los labios musitando una plegaria.
Mas...¡No! ¡Que se equivocan!
¡Se equivoca tu cuerpo!
¡Se equivocan tus manos y tu cara!
¡Se equivoca la gente!
¡Se equivocan mi madre y mis entrañas!
Porque sembraste la semilla de mi vida
en el oscuro surco, recio y fértil.
Porque me recibiste gozoso entre tus brazos
el día que escapé del tibio vientre.
Porque reíste mis alegres balbuceos
y acompañaste mis primeros pasos torpes.
Porque tus manos empuñaron firmes la herramienta para espantar de nuestra casa el hambre.
Porque sentiste orgullo de mis logros de niña y de mujer.
Porque no pusiste trabas a mi vuelo cuando dejé tu nido en busca de otro nido
Porque los hijos de mi sangre, que es tu sangre,
al correr de los años tu alegría han sido.
Porque no sucumbiste a la ambición y llevaste la verdad como bandera.
Porque me amaste y yo te amé.
Por tantas, tantas cosas... hoy el viento hasta la cumbre inaccesible de los cielos
hará llegar los ecos de mi grito:
¿Quién dice que estás muerto?
¡Se equivoca!
¡Mientras yo viva, padre, estarás vivo!

¿QUIÉN SE HA LLEVADO MI QUESO? De Spencer Johnson, M. D. ( REFLEXIONES)

Hace ya cincuenta y ocho años que me afano a la busca y captura de mi ración de queso. Mejor diría, de los quesos, porque no en todas las etapas de mi vida he necesitado ni apreciado un único sabor. Comí en mis primeros años el queso de la posguerra, escaso y duro, pero mi dentadura y mi sentido del sabor recién estrenados apenas me permitieron darme cuenta de aquella cruda realidad; más bien pienso que aquel queso resultaba delicioso para mi joven paladar, pues mi memoria no guarda ningún recuerdo amargo de aquel tiempo; como mucho, los suspiros de mi madre y el gesto adusto de mi padre, me hicieron vislumbrar que algo no marchaba bien en el reparto de los quesos. Disfruté, por suerte, de la deliciosa variedad del queso del calor familiar, adobado con reprimendas, peleas y trastadas infantiles, y un no sé qué de amargura en los días en que los ratones paternos discutían. Podía adivinarlo en la seriedad de sus rostros, en cómo mi padre escondía su mano cuando yo la buscaba mientras caminábamos juntos por la calle, en la manera especial que tenía de referirse a ella- no decía: la madre, sino tu madre-, y aquello debía de dolerme porque ha perdurado en mi memoria. Sufrí también entonces el acoso cobarde de un enorme ratón que intentaba manosear con malas artes mi diminuto cuerpo; no sé explicar por qué el pequeño y tímido ratón mantuvo en secreto su tormento. Y así, entre penas y alegrías llegó el ratón a los doce años. Y como la porción de queso seguía siendo escasa, mientras los jóvenes estómagos crecían, los ratones padres hubieron de pensar el mejor modo de que los hijos se fueran preparando para buscarse por su cuenta el queso.
Dicen de mí los que me conocían que por aquel entonces era yo una ratoncita de pequeña estatura, pero dotada de inteligencia y de feliz memoria. Tenía yo también una tía religiosa, muy interesada en que alguna de sus sobrinas diera gloria a Dios en ese mismo estado, así que por su mediación ingresé en un Aspirantado para ratoncitas de clase humilde, y allí pasé internada siete años de mi vida, siempre a la búsqueda del queso.
Como no tenía nada claro que tuviera que encontrarlo del mismo modo que mi tía- así lo había declarado en un cuestionario que rellené a mi entrada- sino que quería ser maestra o peluquera-pasados los siete años me encontré convertida en una maestrita, como aquella Marisol que conocí a través de los libros de lectura en la escuela de mi pueblo, la que vivía en Asturias y primero era “Marisol pequeñita hace pinitos, por qué, porque la guardan los angelitos”, y luego visitaba a la Santina en Covadonga, y con el tiempo se convertía en una maestra encantadora. También yo estaba ilusionada en educar y trasmitir mis conocimientos a otros pequeños ratoncitos.
Me había convertido yo en una señorita de diecinueve años repleta de sueños e ilusiones, cuando de pronto se me cruzó en el camino un apuesto ratón y mi corazón empezó a latir desenfrenado. Y gusté por primera vez del delicioso queso del amor. No puede existir nada mejor, me dije. Ya sólo quiero de este queso para siempre. Y la ratoncita y el apuesto ratón se casaron, y vivieron felices, y comieron…de todos aquellos quesos que la vida iba ofreciéndoles. Tuvieron tres ratoncitos a los que amaban mucho, y se esforzaron sobremanera para que también ellos pudiesen disfrutar de una porción de queso generosa, más grande que la propia.
¡Qué aprisa pasaron los años! La vida es una consumada ilusionista que saca pañuelos de la manga y conejos del fondo del sombrero. Y así, entre numerito y numerito, casi sin darte cuenta, los días se te escapan como el agua entre los dedos. Aquí estoy. Atrás quedaron rotos muchos sueños, surcan mi frente las arrugas y lucen mis cabellos no pocas mechas blancas. Se adueñó de mi apuesto ratón la enfermedad, que destroza su vida a dentelladas. ¿Quién se llevó mi queso?- me pregunto. Pero…¡vive Dios que nada logrará pararme! Yo seguiré buscando.

A PECHO DESCUBIERTO

Amigo que lees estas líneas. Sé bienvenido al nacimiento de mi blog. Soy una mujer con inquietudes literarias desde siempre, y las personas que leen lo que escribo, quizás porque me quieren, me dicen que les gusta. También desde siempre, albergué la esperanza de poder ver publicada alguna cosa. Con este fin, participé en algún que otro concurso para tener la ocasión de sentirme acariciada por la suerte, pero ésta, pasó de largo sin mirarme. Desde entonces, mis cuartillas emborronadas descansan junto a mis sueños en el fondo de un cajón.
Pero cuando no hace muchos días descubrí el mundo desconocido de los blogs,mis sueños se avivaron y una dulce esperanza me invadió. Qué te puedo decir de mis terribles sufrimientos para lograr poner mi blog en marcha... Soy una persona con escasos conocimientos informáticos, y cada paso a dar, entre links,enlaces, estadísticas, mostrar ocultar, se convertía en un galimatías. Hasta llegué a pensar que perseguía una meta inalcanzable. Además amigo mío, yo no estaba dispuesta a conformarme con un blog cualquiera. ¡Ah, no! Ya sabemos cómo funciona el mundo en qué vivimos:¡Marketing!¡Hace falta mucho marketing!Una buena envoltura proporciona un alto porcentaje de las ventas, ya lo dicen los expertos.
Yo... Yo quería conseguir un blog único, irresistible, que dejase al visitante enganchado sin remedio. Pasé largas sesiones nocturnas dando palos de ciego, como dice el dicho popular. Probando, probando, probando... Entrar. Preferencias. Plantillas. Colores. Colores de fondo, de texto, de enlaces,de títulos, de archivos. Salir.Ver. ¡Nooo! Entrar. Cambiar. Salir.¡Tampoco! Entrar. Cambiar. Salir.¡Parece que va un poco mejor! Y así hasta "tropecientas" veces, como dice un viejo conocido.Y¡por fin!, porque me lo parece, o porque ya no me quedan energías, me digo:¡Así está bien! Pero...¡Ya estamos con los peros! Si pudiese insertar una buena imagen- por aquello de que vale más una imagen que cien palabras- aunque no sé yo si eso será verdad. Probemos. Salir. Desconectar. Sudar la gota gorda para lograr mi imagen maravillosa con el Paint. Tampoco tengo mucha experiencia en este tema, la verdad. Dibujar. Borrar. Pintar. Borrar. Borrar de más. Dibujar. Pintar.¡Lo logré! No está nada mal. Hasta me siento orgullosa de mi obra.Pero tendré que activar la la opción de Enviar ¿Cómo se hará? Suplico a mi hijo que me ayude. En mi casa llevan días vigilando mis gestos y escrutando mi cara, tratan de descubrir los primeros síntomas de adicción internáutica, lo noto. Clic,clic,clic, así no. Clic,clic,clic,así tampoco. El ratón echa humo. No lo conseguimos.Son demasiados kilobytes. Son las dos y medio de la madrugada.¡No puedo más! ¡Me rindo! Bien mirado, tampoco era una obra de arte, me consuelo.
Y aquí estoy, con mi blog desnudo, a pecho descubierto. Y así pienso seguir, lanzando el alma al aire. Adiós, amigo. Vuelve. Y si quieres que me sienta muy feliz, hazme saber de alguna forma que has estado.