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El alma al aire

Reflexiones personales

Tuning

Tuning

 Hoy me he topado con la palabra tuning. No sé si la habría escuchado alguna vez antes de ahora, pero, entre las mobbing, bulling, rafting, puenting y demás palabras …ing que están de actualidad, es posible que me hubiese pasado desapercibida.

Tuning: Puesta a punto de un coche según el gusto del dueño. Así lo define el autor del artículo publicado sobre este tema en la revista XLSEMANAL. Y dice cosas como éstas:

El tuning mueve en España más de 500 millones de euros al año. Son más de 200.000 los coches tuneados. Faros desde 300 euros. Interior desde 2.600. Llantas cromadas de hasta 1.000 (también las hay con oro o rubíes) Volante y pedales, 650 euros. Tubo de escape desde 150 (llegan a sonar a 125 decibelios.) Set multimedia desde 1.300...

Para el tunero no hay nada más imperdonable que pasar inadvertido. Desde sus coches parecen gritar: Mírame, muere por mí o, al menos, para empezar, por mi coche.

Hasta 60.000 personas asisten a la concentración que tiene lugar en Montmeló, en Cataluña. Cientos y hasta miles de coches tunados hacen sonar sus motores, sus altavoces con la música a tope y sus cláxones, de sol a sol.

Todos los entrevistados confiesan llevar el tuning en la sangre, y por esta afición son capaces de prescindir de muchas cosas: fumar, beber, irse de juerga…

-"¿A quién no le gusta que todos lo miren por la ciudad? Y hoy mi coche es como… mi vida. Vivo por y para el coche. Para el coche y para mi novia. Nada más… Yo y el coche. Sólo el coche."

-"Salía del trabajo y me iba al taller hasta las dos de la madrugada. Así durante dos años, sábados y domingos. Además del dinero, (se gastó más de 30.000 euros sin contar el precio de compra del coche) me costó el divorcio"

-"Pones el coche debajo de la ventana de tu casa y te pasas la noche mirándolo, morado de placer. No te cansas, y le echas fotos y vídeos, y tu mujer te pregunta "qué haces" y tú contestas "miro el coche", como si fuera un cuadro. Y si no hago eso, estoy mirando revistas o vídeos. Ya le he dicho a mi mujer que si algún día me pasa algo, arroje mis cenizas a la pista del Circuito."

-"Todos nos parecemos en algo ( Se refiere al Neng de Castelfa, el personaje del programa de Buenafuente que encarna a los tuneros, amado por unos y aborrecido por otros). Es la esencia, la juventud, la locura, el querer disfrutar de la vida"

-"Mi mujer comparte mi afición. Eso sí: jamás me daría a elegir entre el coche y ella…"

Y, a las preguntas: ¿No tienes un ser humano, y no una máquina en el que gastarte el dinero? ¿Por qué no adoptas un niño en África o ayudas a salvar el medio ambiente? Un tunero responde: ¡ Hazlo tú! Mira que hay gente en el mundo como para que vengas a tocarme los huevos con eso…"

Con todos mis respetos, he decidido no hacer tuning. Tengo mi corazón ocupado en otras cosas. Además… Me gusta pasar desapercibida.

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¡Si no ríes, no vives!

¡Si no ríes, no vives!

Ayer fui a la farmacia para recoger unos medicamentos de mi marido, y allí coincidí con Celia, una antigua alumna de mis primeros años de maestra en este pueblo. Es la madre de Elisa, una niña de ocho años de la que también he sido profesora en lo dos últimos años de vida profesional. Una de las personas presentes me preguntó si echaba en falta la escuela.

- Para qué te voy a mentir. Lo cierto es que me encuentro divinamente sin ella- contesté con la mejor de mis sonrisas.

 Al oírme, Celia rompió a reír a carcajadas. Unas sonoras carcajadas  que consiguieron que todos los que estábamos allí acabásemos riendo contagiados. Y hoy, por casualidad, hojeando el libro “La alegría de vivir” de Phil Bosmans, me he tropezado con este artículo: ¡Si no ríes, no vives! He entresacado de él estas jugosas frases:

 La risa es salud.

Si a causa de las preocupaciones,

envejece el corazón,

también tu rostro aparecerá pronto lleno de arrugas.

La risa libera.

El humor relaja.

 La risa es el mejor cosmético

 para tu belleza externa

y la mejor medicina para tu vida interna.

Con la risa  tu digestión resultará beneficiada,

 tu apetito se estimulará

y tu presión arterial permanecerá estable.

 La risa y el buen humor

 crean espacios nuevos

para alegrías desconocidas.

Un día en que no te has reído,

 es un día perdido.

Debo confesar que no me río mucho. Todavía recuerdo cuando, hace años, una pelicula, un programa de televisión, escuchar chistes a algún conocido, o la lectura de un episodio gracioso de un libro, provocaban mis carcajadas. Ahora son pocas las cosas que me hacen reír. A lo mucho, logran arrancarme una pequeña sonrisa. Hoy me hago el firme propósito de tratar de reír más a menudo. ¡Me reiré! ¡Me reiré del mundo y de mí misma! No estoy dispuesta a dar por perdido ni un solo día de mi vida.

¡Por Dios! ¡Que no son patatas!

¡Por Dios! ¡Que no son patatas!

Quién no conoce la anécdota de aquel nuevo rico que mandó construir una gran mansión. Después compró para sus habitaciones los muebles más lujosos, entre ellos una enorme librería fabricada con maderas nobles. Cuando la tuvo instalada, acudió a una librería y pidió al librero que le vendiera el número de metros exacto de libros que necesitaba para poder llenar las estanterías de la misma. Pero por lo que pude comprobar ayer, no sólo hay gente que utiliza las medidas de longitud para comprar libros. También los hay  que utilizan las de peso.

En la parte central del vestíbulo de un centro comercial bastante importante habían instalado unos pequeños espacios adosados que contenían numerosos libros. Sobre ellos había unos carteles con éstas o parecidas ofertas: “Compre libros a peso” “Compre 1 Kilogramo de libros por 6 euros” “Libros de 1Kg. de peso por 10 euros”

¿Cómo expresaré mis sentimientos al respecto? Me dolió. Era como si hubiese recibido una afrenta personal. Amo los libros. Han sido mis amigos desde los años de escuela. Ellos me han permitido conocer países lejanos y exóticos a los que no viajaré nunca. Me han hecho vivir aventuras apasionantes. Con ellos he compartido los sentimientos de sus personajes, he podido alegrarme con sus momentos de dicha y llorar con sus desgracias. Los libros me han enseñado muchas cosas sobre la naturaleza humana y sobre la vida. Creo que no hay ni un solo libro, incluso aquel que nos parece malo, que no pueda aportarnos algo. La sola visita a una librería o biblioteca es motivo de placer para mí. Me gusta verlos colocados en las estanterías, como cofres cerrados esperando a que alguien levante sus tapas para dejar al descubierto los tesoros que guardan entre sus páginas.

Por contraste, unas horas antes de que yo descubriera el ultraje de su venta a peso, en otro centro comercial de renombre un autor firmaba ejemplares de su último libro, mientras la gente guardaba fila esperando pacientemente que llegara su turno. Me pregunto qué sentiría un escritor que haya dedicado meses e incluso años de su vida a la creación de un libro si descubriera a ese hijo de sus entrañas, junto a  los otros pobres libros que han corrido la misma suerte, en uno de esos puestos de venta de “a tanto el kilo”

Un día para el recuerdo

Un día para el recuerdo

Millones de personas celebran hoy en todo el mundo el Día de los Difuntos. Aunque cualquier momento es bueno para recordar a los seres queridos que se nos fueron, hoy es un día especial, al menos para mí. Es una fecha muy apropiada para hacer balance  de vivos y muertos repasando la lista de familiares, amigos y conocidos. Y no es difícil comprobar que la parte  correspondiente a los fallecidos ocupa cada año mayor longitud.

Poco a poco a lo largo del día, van haciéndose presentes todos, incluso aquellos simples conocidos  cuyo recuerdo se había quedado como perdido en la memoria. Y esta presencia me provoca multitud de sentimientos: amor, agradecimiento, simpatía, respeto, admiración, dolor, indiferencia… Todos estas personas han influido de alguna manera para que yo haya llegado a ser  como soy. Personas que me dieron su amor. Personas trabajadoras, amables, sufridas, valientes, sinceras, desprendidas, cariñosas, alegres… Y aquellas otras: egoístas, orgullosas, intransigentes, presuntuosas, falsas, crueles, rencorosas… que me hicieron sufrir. Para todas ellas mi recuerdo de amor y de perdón en este día. Y mi deseo sincero de que descansen en paz.

El trabajo como adicción

El trabajo como adicción

He leído un artículo de Paulo Coelho con el título Manuel es un hombre importante y necesario. Y he encontrado en el mismo esta frase que encierra una gran verdad: “Trabajar es una bendición cuando nos ayuda a pensar en lo que estamos haciendo. Pero se convierte en una maldición cuando su única utilidad es evitar que pensemos en el sentido de nuestra vida”. No es la primera vez que oigo hablar de esta enfermedad que aqueja a  un buen número de personas. Personas para las que el trabajo constituye una adicción que les impide atender aspectos importantísimos de la vida familiar, como su relación de pareja o la dedicación a los hijos. Su única preocupación y meta es trabajar y trabajar para ganar dinero, para ascender de categoría laboral, para tener un coche más caro, para conseguir una vivienda que deslumbre al personal, para  codearse con gente de “mayor categoría social”, para permitirse caprichos caros… ¿Compensa llevar esta vida? Pienso que no. Sin llegar a esos extremos, yo he podido experimentar en mis propias carnes que a veces el trabajo me ha restado tiempo para cosas importantes. A veces pienso que por su culpa no he podido disfrutar a fondo de la niñez de mis hijos, de esa niñez que se escapa tan rápidamente. Y el trabajo me ha hecho sufrir en estos últimos años, cuando mi marido, debido a su enfermedad, me iba necesitando más, y yo no podía dedicarle tanto tiempo como hubiese querido. Por eso…¡Bendita jubilación que me permite hacerlo! El trabajo ahora puede esperar casi siempre. Y puedo ver encenderse el cielo cada atardecer desde mi ventana, y el pasar de las nubes, con sus formas curiosas y variantes, y contemplar las rosas tardías que han florecido en el cuadro de tierra de detrás de mi casa  -el que un día soñé convertido en primoroso jardín, y que como  otras muchas cosas se quedó en un hermoso sueño- y la incesante caída de las hojas muertas del árbol cuya semilla enterré en la tierra con mis propias manos. Ese  árbol frondoso que cobija entre sus ramas  a mil bulliciosos pájaros  cuando anochece. Ver cómo la lluvia, tan escasa en estos tiempos, empapa el suelo reseco, y aspirar el aroma delicioso que desprende la tierra mojada. Y asombrarme al descubrir en los alimentos nuevos sabores y olores perdidos por culpa de la prisa y el estrés. Y escuchar sin prisas las confidencias de aquella  amiga que necesita hablar. Y garrapatear de repente en mi cuaderno unas líneas cuando algo imparable me empuja  por dentro a dar rienda suelta a mis sentimientos. ¡Y tantas cosas…!

En torno a la aldea global

En torno a la aldea global No hace muchos años, alguien, no sé quién, inventó el término de aldea global para referirse a nuestro mundo actual tras los profundos cambios experimentados por el mismo en estos últimos años, originados en gran parte por la mejora y rapidez de los medios de comunicación y de transporte. Creo que todos somos conscientes de lo que dichos cambios han supuesto en nuestra manera de vivir. El mundo se ha hecho pequeño. Cualquier lugar, hasta el más lejano, se encuentra hoy al alcance de los seres humanos, aunque éstos se encuentren en la otra punta del planeta. Nunca como ahora hemos podido conocer los distintos países de nuestra Tierra, sus culturas, sus gentes, sus paisajes. Nunca hemos estado tan puntualmente informados sobre lo que ocurre en ellos. Acontecimientos de índole política, económica, social, deportiva, información sobre accidentes y catástrofes naturales…, llegan hasta nuestros hogares con una facilidad que hubiera causado verdadero pasmo a nuestros abuelos. A la hora de hacer balance, muchas cosas tendrían que figurar en el apartado del haber. Pero no podemos olvidar la columna del debe: Terroristas, atracadores, traficantes de droga, mafiosos de todo género, se pasean por este mundo cuyas fronteras van desapareciendo, y las que quedan resultan cada vez más difíciles de controlar. En cuanto a las enfermedades -el sida nos sirve de ejemplo- saltan de país o de continente con una gran facilidad. Sin ir más lejos, estos días tenemos a la gripe aviar en el candelero. Podría decirse que nos desayunamos, comemos y cenamos con noticias relativas a la misma. Las autoridades tratan de quitarle hierro al asunto, pero no son capaces de ocultar su preocupación por que pueda llegar a producirse un contagio de grandes dimensiones. Cualquier viajero, ya sea turista u hombre de negocios, cualquier emigrante, sea persona o ave, puede traer la dichosa gripe a nuestras mismas puertas. ¡Toquemos madera!

Las botas de Ronaldiño

Las botas de Ronaldiño Estos días Ronaldiño está de plena actualidad. Mientras recojo los cacharros en la cocina tras la comida, puedo escuchar las noticias del informativo de sobremesa que me llegan desde el televisor instalado en el cercano comedor. Ronaldiño ha estrenado unas nuevas botas deportivas con incrustaciones de oro de 24 kilates. Incluso he podido verlas en los pies del famoso y millonario jugador. La cosa podría haberse quedado en algo puramente anecdótico o simplemente extravagante a no ser que en el mismo informativo, tres o cuatro noticias más arriba, los enviados especiales de la cadena de televisión en Ceuta y Melilla, a través de su palabra y de unas imágenes escalofriantes, nos hubiesen mostrado el infierno vivido por los cientos, mejor, miles de indocumentados que han tomado parte en las avalanchas para cruzar desde el lado marroquí hasta la parte española, huyendo del hambre y de la miseria. Cinco personas, entre ellas una criatura de corta edad, han perdido la vida en el intento, y cientos de ellas han tenido que ser atendidas en los hospitales, como consecuencia de las numerosas roturas y cortes producidos en distintas partes de sus cuerpos por los afilados alambres de las vallas, de entre tres y seis metros de altura, instaladas en la frontera para obstaculizarles el paso. Algunas de estas personas que han logrado pasar y ahora se encuentran en el centro de acogida esperando, unos a ser repatriados, y los más con la esperanza de poder rehacer su vida en ese “paraíso” soñado durante años, contaban, con el dolor reflejado en sus rostros, el calvario vivido desde que dejaron su país de origen. Han atravesado países y desiertos, han padecido hambre, sed, y toda clase de penalidades…
Noticias como la del turista que ha pagado millones de dólares para viajar al espacio, la de ese frasco de perfume subastado con un precio de salida de seis mil euros, o esos famosos y carísimos “Manolos”, los zapatos del famoso, diseñador español, indispensables para los pies de toda señora bien que se precie, o esos negocios de caros accesorios para perros, incluidas las prendas exclusivas y los abrigos de piel, o las botas de Ronaldiño con sus incrustaciones de oro…, consiguen que se me revuelva el estómago. Los pobres y los hambrientos nos contemplan y recogen las migajas de nuestra mesa de ricos como el pobre Lázaro del Evangelio. ¡Ay de nuestro mundo opulento el día en que todos ellos se cansen de esperar sentados y se pongan en marcha exigiendo justicia!

La tragedia del Katrina

La tragedia del Katrina Dolor y una gran sensación de impotencia. Eso es lo que siento al contemplar las imágenes y al escuchar los testimonios relacionados con la enorme tragedia producida por el huracán Katrina en los Estados Unidos. Y también desconcierto. Hasta ahora, muchos de nosotros pensábamos que las grandes catástrofes que producían tal grado de muerte y destrucción eran cosa de los países tercermundistas, con sus graves carencias en materia de construcción de edificios, de infraestructuras, de comunicaciones, de recursos económicos y humanos. Pero… Esta vez está sucediendo en ese país que tiene a gala considerarse el más fuerte y poderoso de la Tierra. Y al ver tal caos y tal desolación, con tantos miles y miles de personas desprotegidas, esperando durante días la ayuda que no acababa de llegar, una no puede por menos de sacar esta conclusión: Este país orgulloso ha resultado ser un gigante con los pies de barro. Y al constatar que la mayoría de los perjudicados son personas de raza negra, añadiré algo más a lo dicho: En Estados Unidos sólo hay algo peor que ser pobre; es ser negro y pobre. Por si hubiéramos tenido alguna duda al respecto, lo vivido en estos días se ha encargado de darnos la razón.

Uno más que se ha ido

Uno más que se ha ido Hay un tiempo en la vida, cuando apenas la tienes recién estrenada, en que la idea de la muerte se te presenta como algo muy lejano. Y aunque en alguna ocasión te tropieces con ella, cuando su afilada guadaña siega la vida de algún familiar o de algún conocido, tú la consideras como un mero accidente. Miras hacia otro lado intentando ignorarla, te dices a ti misma que eso les pasa a los otros, y pronto la olvidas para seguir viviendo. La vida es demasiado hermosa para perder el tiempo en eso, te dices. ¿Quién piensa en la muerte? ¡Hay que vivir! Pero los años van pasando, y aunque trates de cerrar los ojos a la realidad, no puedes por menos de constatar que cada vez van quedando más huecos en el grupo de tus conocidos. Y eso se hace más patente cuando, como hoy, acompañas al pequeño cementerio del pueblo a uno de sus hijos. Cuando el sepulturero ha terminado su tarea y el féretro reposa en el nicho, tu mirada se desliza hacia cada rincón del tranquilo recinto y vas leyendo uno tras otro los nombres de los que están enterrados en este lugar. Por un momento vuelven a la vida y te parece oírles hablar, y reír, y afanarse en sus trabajos... Ahora todos descansan. Ya no hay dolor, ni ambición, ni orgullo… Sólo silencio. A veces también olvido. ¡Ahí te quedas, amigo Miguel! En el cementerio blanco de tu pueblo, arrullado por el sonido de la brisa entre los pinos. Hasta la vista. Sé que un día, tal vez no muy lejano, los que me quieren me traerán también aquí a reposar contigo.

El horror de Hiroshima

El horror de Hiroshima Cuando escribo estas líneas, faltan sólo unas horas para que se cumpla el sesenta aniversario de la explosión de la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, durante la segunda guerra mundial. El día seis de agosto de 1945, a las 8:12, el bombardero estadounidense Enola Gay dejó caer esta bomba llamada Little Boy sobre el centro de la ciudad. Ciento cuarenta mil personas muertas, y miles y miles de afectados por la radiación, fueron los terribles resultados de esta gran vergüenza de la humanidad. Produce escalofríos escuchar el relato de lo sucedido y los testimonios de los supervivientes de aquel horror. ¿Hemos aprendido algo de aquel desastre? Me temo que no. Los gobiernos siguen gastando miles de millones en una carrera desenfrenada y escandalosa por ser los primeros en el ranking de la capacidad de destrucción. ¡Qué día tan hermoso será aquel en el que los hombres hagan por fin una apuesta definitiva por la vida!
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El fuego, ese monstruo

El fuego, ese monstruo Once bomberos carbonizados en la provincia de Guadalajara. Miles de hectáreas de campo y bosque calcinados ofreciéndonos un panorama desolador. Con más frecuencia de la que sería de desear el espectáculo del fuego con sus gigantescos y mortales lametazos nos llena de angustia y de temor. La maldad, la locura, la imprudencia,la temeridad y las causas naturales son la chispa que prende sin esfuerzo sobre nuestra pobre tierra asolada por la feroz sequía. Vivimos casi sin darnos cuenta sobre un inmenso polvorín. Cada vez que nos llega la noticia de un nuevo incendio nos lamentamos por las gentes que lo sufren y se agudiza nuestro miedo de que la próxima vez pueda tocarnos a nosotros. Mientras me hago estas amargas reflexiones, sentada a la sombra de los frondosos chopos voy deslizando mi mirada tronco arriba, acariciando sus viejas arrugas hasta auparme sobre los altos columpios de sus ramas, donde las hojas se agitan y espejean. Las chicharras ofrecen su monótono concierto, cantan los pájaros entre las matas, zumban las moscas, las mariposas ejecutan sus delicadas danzas, y yo, en silencio, contemplo y agradezco que lo paisajes familiares se encuentren un día más a salvo.

¡Hasta la vista!

¡Hasta la vista! Adios, amigos. Me voy a pasar el verano a mi pueblito de montaña. Casi con certeza tardaré en poder comunicarme con vosotros a través del ordenador, a la espera de comprarme un portátil que me hace mucha ilusión. Os deseo a todos unas felices vacaciones. Toria

¡Que se lo pregunten a los niños!

¡Que se lo pregunten a los niños! Resulta casi imposible abrir un periódico, escuchar la radio o ver la televisión en estos días sin toparte con el tema de los homosexuales, como consecuencia de la ley que quiere aprobar el gobierno de Rodríguez Zapatero para permitir los matrimonios entre personas del mismo sexo, así como la adopción de menores por parejas gays o lesbianas. El pasado sábado tuvo lugar una gran manifestación en Madrid, llevada a cabo por los que están en contra de dicha ley. Millón y medio de personas, según un portavoz de los organizadores, acudieron a la capital de España para hacer pública su disconformidad con la misma – ciento sesenta y seis mil, según fuentes de la Delegación del Gobierno. (Una no puede por menos de sonreírse ante esta guerra escandalosa de cifras) No todos los españoles estuvieron allí, por supuesto. Hay muchos otros ciudadanos preocupados por temas que consideran más importantes, como el paro, el terrorismo, la escasez y carestía de la vivienda, las dificultades para estirar el sueldo hasta fin de mes…
¿Qué piensa el ciudadano corriente sobre el particular? No lo sé. Sólo voy a dar mi opinión.
En los años de mi juventud, que una familia contara entre sus miembros con un homosexual era motivo de enorme vergüenza, de modo que el hecho procuraba esconderse por todos los medios posibles. Maricón, mariquita, marica, de la acera de enfrente, tortillera, eran términos usados en tono de burla y desprecio para referirse a ellos. No se conocían los términos gay y lesbiana, y por descontado, ninguno de ellos se gloriaba de serlo, por el contrario, esto constituía para ellos motivo de enorme sufrimiento por las burlas y vejaciones a los que se veían sometidos. Pasaron los años, y poco a poco el tema dejó de considerarse tabú. Poco a poco fueron saliendo del armario, hasta el punto de que en la actualidad no hay programa que se precie que no cuente entre sus presentadores o contertulios con su correspondiente homosexual, que disfruta alardeando, a mi parecer de forma exagerada, de su condición.
¿El homosexual nace o se hace? Hay quién dice que los homosexuales son simplemente viciosos. Desde mi profesión de maestra sin embargo, yo he podido ver casos de niños en los que se ha manifestado claramente desde los primeros años una inclinación distinta a la que les correspondía por sus atributos sexuales. ¿Tienen estas personas derecho a ser felices compartiendo su vida con otras personas sin ser discriminados por ello? Por supuesto. En lo que tengo ya serias dudas es en el tema de la adopción. Pienso que un niño necesita un padre y una madre, y este referente paterno y materno, con las claras diferencias propias de cada sexo resultan esenciales para que el niño madure y pueda completar su personalidad. La falta de uno u otro le resulta perjudicial y hace que el niño crezca con un vacío difícil de llenar, como ocurre con la muerte de un progenitor – no digamos si esta falta es por partida doble. Y esa carencia la arrastrará durante toda su vida. Alguien puede argumentarme que se dan casos en los que más que padres pueden llamarse monstruos, y que sería más provechoso para el niño no tenerlos. No digo que no. Vamos a ponernos por un momento en el caso de que esta ley se aprobase. ¿Qué pensarían estos niños al llegar a la edad de la socialización y del razonamiento, al comprobar que ellos no tienen como los demás niños un papá y una mamá? ¿Sufrirían estos niños? Sin duda. Y que nadie me venga diciendo que los niños son mucho más tolerantes que los adultos y que aceptan estas situaciones con toda normalidad. Yo trato con niños, y he comprobado muchas veces que el hecho de ser llamados maricas constituye para ellos un grave insulto, porque la sociedad al día de hoy es muy, pero que muy machista.

Alumnos y profesores

Alumnos y profesores Llevo unos días de sequedad literaria extrema, como si ningún tema atrajera mi atención lo suficiente como para hacerme expresar mis pensamientos y mis sentimientos sobre el mismo. Esta tarde, mientras arrastro mi desgana - astenia, creo que es su nombre médico – por los rincones de la casa, he encontrado un artículo de Paulo Coelho. Dice así:
Nasrudin, el eterno personaje de las leyendas sufí, estaba sentado a la puerta de su casa cuando vio pasar a un profesor con un grupo de alumnos.
-¿Adónde vas? – le preguntó.
-A rezar para que Dios acabe con la corrupción, ya que él siempre escucha las plegarias de los niños – respondió el profesor.
- Una buena educación ya habría acabado con eso. Enseña a los niños a ser más responsables que sus padres y sus tíos.
El profesor se ofendió.
-¡He aquí un claro ejemplo de falta de fe! ¡Los rezos de los niños pueden llegar a cambiarlo todo!
- Dios escucha a todo el que reza - dijo Narudin - Si sólo escuchase las plegarias de los niños, entonces no habría ni una sola escuela en el país: no hay nada que odien tanto como un profesor.

¿Qué piensa una profesora en vísperas de jubilación sobre la filosofía que encierra este cuentecillo? ¿Qué le dice su experiencia? En primer lugar habría que distinguir entre los alumnos mayores y los más pequeños. Si estuviera al alcance de las plegarias de los primeros el hacer desaparecer de la tierra a los profesores, un alto porcentaje de ellos casi con toda seguridad lo harían. La educación, el aprendizaje, personalizados en los profesores, exigen esfuerzo, y esa virtud no está de moda en nuestros días. De todas formas, yo también tengo que confesar que siendo estudiante en más de una ocasión sentí ganas de pulverizar a alguno de los míos. En cuanto a los más pequeños, está claro que nos demuestran más cariño, pero no por eso la escuela deja de ser para ellos una prisión. Sólo hay que verlos en estos días ya cercanos a la llegada de las vacaciones. Os aseguro que no llorarán al decirnos adiós. Después, cuando llegue septiembre y pasen de curso, la relación con su antiguo profesor se irá haciendo cada vez menor, hasta pasar prácticamente al olvido. ¿Qué vamos a hacer? Es la vida. Aunque a veces no deje de doler un poco. No hace muchos días, una antigua alumna que tenía que hacer una entrevista como trabajo de clase, me pidió si querría contestarla. Una de sus preguntas era: ¿Piensa que merece la pena el esfuerzo realizado con los niños durante todos estos años? Sí, por supuesto – le contesté. Cuando tus alumnos se hacen mayores y ves que se han convertido en unas buenas personas y en unos buenos profesionales, piensas que tú también pusiste tu granito de arena para conseguirlo. Eso, y la tranquilidad por haber realizado tu trabajo lo mejor que has podido, son los únicos premios.

Las víctimas del terrorismo

Las víctimas del terrorismo El pasado sábado más de 850.000 personas se manifestaron en Madrid para protestar por la decisión del Gobierno de España de entablar conversaciones con la banda terrorista ETA con la finalidad de acabar con el problema del terrorismo en nuestro país. Miles y miles de personas desfilaron por las calles de la capital, portando en sus manos carteles con el lema: “NO EN MI NOMBRE. NEGOCIACIÓN, NO.” Pude leer en la prensa que en la cabeza de la manifestación marchaban algunas personas en silla de ruedas, víctimas de atentados perpetrados por ETA, entre ellos Irene Villa y su madre. Eso me ha hecho buscar lo que yo reflejé en mi diario sobre este suceso.

17 -10 -1991

Estoy llena de espanto. Tengo grabada en mi retina la imagen de una mujer ensangrentada, con los miembros amputados por una explosión. Intentaba incorporarse y miraba a su alrededor. Buscaba a su hija Irene, víctima también de la barbarie de asesinos de ETA. Tres atentados en el espacio de tres horas en el barrio madrileño de Aluche han causado el dolor y el horror en toda España ( En los bien nacidos, según la acertada expresión del presentador del telediario de la noche.)
Cuando ocurren estas cosas terribles no puedo menos que preguntarme: ¿Son en verdad seres humanos los terroristas? ¿No habrán sufrido acaso sus células alguna extraña mutación, y en realidad nos encontramos ante unos seres monstruosos con apariencia humana? ¿Serán capaces de experimentar el goce que proporciona la contemplación de la naturaleza, la lectura de un poema, o la audición de una hermosa melodía? ¿Qué significado tendrán para ellos palabras como ternura, amor, amistad, compasión, respeto…? Puedo imaginarlos con los ojos borrachos de sangre cuando miran, y con las manos teñidas cuando acarician algo puro e inocente. ¿Qué sentimientos albergará en su corazón la mujer que les dio la vida, que los besó y acarició, que los arrulló entre sus brazos? O bien ha de volverse un monstruo insensible como el hijo o el dolor ha de hacerle estallar el corazón.

¡Qué duro! Madre e hija perdieron sus piernas. Y están también todos los demás. Tantos otros, militares y civiles que murieron o que quedaron marcados para siempre. No es de extrañar que a ellos, a sus familias y a tantos ciudadanos se nos revuelvan las tripas ante el solo pensamiento de que se pueda estar buscando el final a cambio de un borrón y cuenta nueva. ¡Señor Zapatero, no somos santos! Y hace falta serlo para ser capaces de perdonar tanto.

La bondad del corazón

La bondad del corazón ¿Habéis visto alguna vez un ruiseñor? Nada en su aspecto físico llama la atención. La naturaleza no lo dotó de un colorido brillante ni del aspecto majestuoso de otras aves. Sólo parece un pájaro más. Menudo, de color pardo, tímido y melancólico, procura pasar desapercibido en lo más oculto de la maleza. Pero en la primavera, cuando la sangre le bulle en el interior y el instinto le urge a perpetuar la especie, este pequeño pájaro convierte las noches de mayo en una borrachera de dulces arpegios.
En cierta ocasión hace ya bastantes años, mientras velábamos la agonía de mi suegro en su lecho familiar, con los balcones abiertos a la noche, en esas largas horas de vigilia, la huerta cercana se convirtió en un inmenso órgano. Incontables gargantas lanzando al aire sus hermosos trinos hasta el amanecer. No he podido olvidarlo. Año tras año, al llegar estas fechas me vuelve el recuerdo y la nostalgia.
También hay personas parecidas al ruiseñor. Personas sencillas y afables, personas que no intentan llamar la atención. Pero si un día tienes la suerte de pasar a su lado pronto descubrirás que brota de su corazón una hermosa melodía.

Velando las armas

Velando las armas Trayendo a cuento a Don Quijote, una vez más en este cuarto centenario de la publicación del libro, quiero recordar uno de sus primeros episodios, concretamente aquel en el que encontramos al hidalgo Alonso Quijano velando sus armas en el patio de la venta para poder ser nombrado caballero. ¿Qué pensamientos no pasarían por su mente en el transcurso de aquella larga noche?
Salvando todas las distancias, también yo estoy velando mis armas esta noche. Hace muchos años, en este dieciséis que empieza ya a latir, durante las fiestas de San Isidro Labrador, mi madre me dio a luz. Muchos años, sí. Sesenta años. El hecho de estrenar decenio, cuando sabes que ya apuraste más de la mitad, se presta a muy sesudas reflexiones. Y ahora que la filosofía se encuentra en horas bajas - en estos días precisamente se están haciendo públicas las protestas de muchos intelectuales porque esta disciplina está siendo relegada de los planes de estudios – ahora, digo, yo he sentido la necesidad de filosofar desde mi experiencia, sobre el pasado, el presente y el futuro de la vida. He pensado tantas cosas, tantas…, que si las pusiera por escrito correría el riesgo de espantar a mis lectores. No pienso hacerlo. Simplemente apuntaré algunas de ellas: En primer lugar, constatar la levedad de la vida y del tiempo. Como dijo Jorge Manrique en sus coplas: “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando como se pasa la vida…” Se pasa tan deprisa…
Y ante mí pasan como brillantes fogonazos mis juegos de niña, mis ilusiones de juventud, mi familia, mis amigos, mi trabajo, la alegría y el dolor, lo que se fue quedando en la cuneta al paso de los años, los sueños incumplidos, los proyectos inacabados, toda la gente que se fue… Y está el hoy, con la jubilación al alcance de la mano. Y el mañana, con tantos interrogantes abiertos, con la enfermedad y la muerte planeando como buitres carroñeros sobre nuestras cabezas …
Pero una cosa sé con certeza. Que estoy dispuesta a saborear a fondo la copa de la vida, en el convencimiento de que el toque amargo es lo que hace posible saborear todo lo dulce y hermoso de la existencia.
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¡Alerta roja, medicinas que matan!

¡Alerta roja, medicinas que matan! Acabo de leer un artículo de una revista, que ha conseguido ponerme los pelos de punta. Bajo el título de Fármacos bajo sospecha, se lanzan al aire desde él estos interrogantes: ¿Podemos confiar en las medicinas de última generación? ¿Cómo afecta a nuestra salud la carrera por la novedad y los beneficios de la industria farmacéutica? –Y añade - El caso Vioxx“ha puesto al descubierto demasiados interrogantes hasta ahora silenciados. Son muchos los intereses en juego. Pero también los muertos.
Por lo que he podido entender, se trata de un antiinflamatorio que ha sido retirado del mercado tras demostrarse que su administración a los pacientes duplica en éstos el riesgo de ictus e infarto. Según el responsable de Farmacología Clínica del hospital Vall deHebrón de Barcelona, el Vioxx ha producido más víctimas que el tsunami: sólo en Estados Unidos, se calcula que ha causado entre 80.000 y 140.000 infartos de miocardio. En este mes de mayo Merkla compañía que lo comercializó, se enfrenta a 1.357 demandas, en el que se considera va a ser el juicio del siglo contra una compañía farmacéutica. Y éste, es sólo un ejemplo. Se habla de otros cuantos medicamentos: antiinflamatorios, contra el colesterol, para perder peso, antidepresivos, de tratamiento sustitutivo hormonal, para la hipertensión…que han sido retirados o que se encuentran bajo sospecha.
Creo que todas las personas consideramos la salud como un bien primordial ¿No debería haber un organismo que velase por ella? Sí, ya sé que lo hay. Se trata de la Agencia Europea del Medicamento, pero a la vista de lo que aquí se dice, no sé si puede merecer mucha confianza. Antonio López Andrés, especialista del Servicio de Prestaciones Farmacéuticas del Servicio Navarro de Salud dice: “La investigación y la información farmacológicas están en manos de los laboratorios farmacéuticos debido al patrocinio de los ensayos por parte de la industria, que está infiltrada en todas las organizaciones médicas…” Por otra parte, Marcia Angell, médica y antigua directora ejecutiva del New Journal of Medicine, en su libro “La verdad sobre la industria farmacéutica”, dice que ésta se ha alejado mucho, en las dos últimas décadas, de su noble objetivo original, esto es, el descubrimiento de nuevos fármacos útiles, para transformarse en una máquina de marketing dedicada a vender fármacos de dudosa eficacia.
¡Cuánta sabiduría tenían aquellos viejecitos a los que yo he oído decir: Hija mía, no me he tomado ni una pastilla en mi vida!
A la vista de todo lo anterior una se pregunta si los enfermos no seremos más que pobres cobayas para esas grandes multinacionales a las que parece interesarles más el beneficio rápido que la vida humana. Ya lo decía mi padre: El poder y el dinero no han oído hablar de la palabra conciencia.

Habemus Papam

Habemus Papam (Desde el amor filial)

En estos tiempos que nos han tocado vivir, cuando la religión está tan devaluada, cuando lo progre es declararse agnóstico o ateo, yo quiero declarar que soy creyente. Para mí la fe es algo importante, tanto, que estoy convencida de que mi vida hubiese sido completamente distinta sin ella. Creo en Dios. En un Dios compasivo y misericordioso que ama al hombre con amor de padre y madre y que a su vez desea ser amado por éste desde un respeto total hacia su libertad. No es el Dios del temor en el que se me educó en mis primeros años. Es el Dios que prepara un banquete para el hijo que vuelve de lejos, tras haber derrochado la herencia exigida a su padre antes de emprender la marcha. Es el pastor que sale en busca de la oveja extraviada, y que, lleno de alegría, la trae de vuelta y deja abierta la puerta, sin temor a que ésta decida abandonar de nuevo el redil.
Una vez hecha esta declaración de fe, que no sé si será la mejor pero es la mía, paso a hacer una reflexión sobre los días que acabamos de vivir, desde la muerte de Juan Pablo II hasta hoy, con el nuevo Papa recién nombrado. Y la verdad, tengo que reconocer que sufro un gran empacho. Y digo yo: si esto me pasa a mí que soy creyente, qué podrá decirse de los que no lo son. Han sido unos días en los que nos hemos desayunado, comido, merendado, cenado… con el monotema. En mi lugar de trabajo, y supongo que no sólo habrá pasado allí, algunos compañeros bien dotados para el chiste lo han tenido fácil. Toria, ¿te has enterado de que tenemos Papa?- me dice uno cuando me ve llegar. ¡No! No me he enterado – le contesto con chufla.
¿No es cierto que si nos pasásemos un mes entero comiendo únicamente jamón, -por poner un ejemplo - acabaríamos aborreciéndolo? Pues…ese mismo efecto me pienso que ha podido producir en muchos este evento. ¿ Debería yo callar lo que me parece mal? No lo creo. El amor que tengo a mis seres queridos no me hace estar ciega para ver sus defectos. Lo mismo pienso respecto a lo que tiene que ver con la iglesia a la que pertenezco. Somos muchos los que pensamos que hay muchas cosas que deben cambiar.

"CARTA A UN OBISPO"
hola obispo: no sé si estará bien empezar así, pero como no le he contado a nadie que te iba a escribir, no he podido preguntar cómo tenía que decirte. a mi maestra le digo”hola seño”, así que yo creo que a ti te parecerá bien.
te he visto esta mañana, cuando entrabas en la capilla para decir misa. ¡qué gorro tan raro llevabas! ¿no se te cae? algunas veces, cuando hacemos gimnasia, la seño nos da unos cuadrados de madera para llevarlos en la cabeza, nos ponemos todos en la raya y salimos a la vez a ver quién llega antes sin que se nos caigan. se nos caen casi siempre y es muy divertido.
yo sólo me pongo una gorra en el verano para ir al campo, y mi padre también, y las dejamos tiradas en el suelo, o las lanzamos para ver cuál llega más lejos. si yo tuviera que guardarte el gorro cuando te lo quitas, o el otro rojo que llevas, te los escondería y no te los daría ya. así podrías correr, o agacharte mejor, o rascarte la cabeza si te picaba. no me acuerdo bien de todo lo que has dicho porque tenía mucha hambre. lo que me ha gustado es ver lo fuerte que cantábamos y rezábamos todos juntos –en mi pueblo casi no se oye a los hombres ni a los jóvenes – y lo que más, lo que más me ha gustado, ha sido esa cometa grande. me han entrado ganas de ser cometa y volar muy alto. ¡qué bien cantas! yo sólo canto regular. a mí me gusta cantar pantaleón pantaleón que es una canción muy divertida. si otro día volvemos a comer juntos y estás cerca, la cantaremos, y te daré tortilla de patata de la que hace mi madre, que está chupi.
adiós, te mando un abrazo.
mavi

¿Será algo parecida a ésta, la forma en la que verá un niño a un obispo o a un cardenal o al mismo Papa ejerciendo como tales? No lo sé. Pero sí sé que somos muchos los que pensamos si no será ya llegado el momento de acabar con tanta pompa, tanta parafernalia de vestiduras y de uniformes militares propios de otros tiempos ya bien lejanos. Me cuesta trabajo imaginar al carpintero de Nazaret de esa guisa. Y digo esto a sabiendas de que serán muchos los que disientan o que incluso se escandalicen al leerlo. Me causa verdadero asombro contemplar esas multitudes enfervorizadas en la Plaza de San Pedro cuando vemos nuestras iglesias, los verdaderos lugares de encuentro de la comunidad cristiana, prácticamente semivacías. Hoy me atrevo a pedir al nuevo Pastor de la Iglesia que guíe a la barca de Pedro para volver a los orígenes, a perseguir aquella primera utopía, aquel mundo de amor que soñó para los hombres un tal Jesús hace 2000 años, y ese hermoso sueño le costó la vida.
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