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El alma al aire

Reflexiones personales

Sinfonía en blanco

Sentada cara al poniente, muy cerca de la ventana,
entre admirada y absorta contemplo la hermosa nieve
que ha dejado de improviso la llanura engalanada.
El sol se asoma y se esconde, como travieso chiquillo
que al escondite jugara.
Ahora brilla en los tejados,
ahora teje entre las nubes encajes de filigrana.
Los intrépidos gorriones van y vienen,
se entrecruzan, se persiguen,
se posan en los alambres o entre las desnudas ramas
de la higuera que asoma tras de la tapia;
inquietos y bulliciosos, sobre la mágica alfombra
revolotean y saltan.
Encaramada en lo más alto de una buhardilla,
curiosa y grave, mira una urraca; las chimeneas humean,
y un pobre clavel tardío pone una mancha de sangre
sobre la blanca maceta prendida de la baranda.
Anda la gente menuda alegre y alborotada.
-¡Qué bolazos le he lanzado a David esta mañana…!
-Mamá, ¡qué pena me da que esté ya la nieve helada!
Si pudiera…haría un muñeco grande.
¡Tan grande o más que mi hermana!
Le pondría…dos botones negros que tú me dieras, por ojos,
y aquella bufanda larga, de cuadros, que está en el baúl guardada,
y una nariz de zanahoria, y una escoba o un paraguas,
y una pipa, y … y aquel sombrero de paja
que se ponía el abuelo cuando el calor apretaba.
-¡Ay! ¡Qué bonita es la nieve!
-¡Que nieve! ¡Que nieve más! ¡Que la escuela está cerrada!

De la importancia de los demás(Paulo Coelho)

En las tardes del domingo, cuando han llegado ya los primeros fríos invernales y da pereza abandonar el tibio el hogar, es un placer sentarse con una revista o con un libro entre las manos. Y siempre se aprende. Siempre encuentras alguna cosa que despierta tu interés, algo capaz de emocionarte o de causarte asombro. Hoy traigo a mi página el resumen de un artículo de Paulo Coelho sobre la importancia que tienen los demás, aunque no siempre caigamos en la cuenta de ello. Narra una especie de fábula sobre un pequeño ratón que corre peligro de ser atrapado en la ratonera que ha colocado el dueño de la hacienda. Al descubrirla, el ratón corre rápidamente a alertar a los demás animales: ¡Cuidado con la ratonera! ¡Cuidado con la ratonera! Pero los otros, la gallina, el cerdo y la vaca, no sienten ninguna preocupación, ya que ellos no se ven amenazados. Al no conseguir ninguna solidaridad, el ratón se esconde en su agujero y pasa la noche en vela, lleno de miedo. En la madrugada, se oye un barullo. ¡La ratonera había atrapado algo! La dueña de la hacienda, ha bajado para ver si el ratón había caído en la trampa y, como estaba oscuro, tropieza con la ratonera. En la ratonera había caído una serpiente venenosa que muerde a la mujer y tienen que llevarla al hospital. Cuando la enferma vuelve a casa convaleciente, el marido mata a la gallina para hacerle un buen caldo. Cuando los vecinos acuden a visitar y a felicitar a la mujer por haberse salvado, el hacendado mata el cerdo para ofrecer a todos sus amigos una comida de fiesta. Y cuando la mujer termina de recuperarse, el hacendado mata la vaca para pagar los costes del tratamiento. Mientras, el ratón no deja de pensar: ¿No habría sido mejor si la gallina, el cerdo y la vaca hubiesen comprendido que el problema de uno de nosotros nos pone a todos en peligro?
¡Buena moraleja! Necesitamos de los demás, y ellos a su vez nos necesitan. ¡Ojalá nunca lo olvidemos!

Los otros niños

Mientras nuestros niños crecen seguros y confiados, arropados por el amor familiar, con todas sus necesidades cubiertas, rodeados de juguetes caros con los que muchas veces no quieren jugar, sabiéndose los centros de atención de cada familia, y convirtiéndose por ello en muchas ocasiones en pequeños tiranos… hay otros niños. Miles y miles de niños viviendo en el horror. Su vida es tan desgraciada, que cuesta trabajo creer que el infierno en el que viven pueda ser real. He leído un reportaje de la revista El Semanal sobre los niños de Uganda. Voy a limitarme a copiar algunos fragmentos del mismo. “Cae la tarde en Uganda y el miedo despierta. Al anochecer, 50.000 niños huyen de sus casas. Pasan la noche en iglesias vacías, estaciones de autobús o en las calles. Y cuando amanece, regresan a sus hogares. Escapan de los rebeldes, que los secuestran o los matan durante la noche.” “Los ejércitos rebeldes se abastecen de ellos, a los que utilizan como animales de carga o esclavas sexuales, mientras los preparan para convertirse en soldados.” “Muchas veces, los más jóvenes son obligados a matar a los miembros más cercanos de su familia” ”Cuando un niño se escapa y vuelve al pueblo, los rebeldes se vengan matando a sus familias, así que para evitar esto, a veces la aldea se niega a admitirlos”
“Fui secuestrado en mi pueblo… Estuve con los rebeldes 14 meses, hasta que pude escapar. Una vez casi me matan porque no fui capaz de matar a mi hermano. Se escapó, los rebeldes lo capturaron de nuevo y me ordenaron que lo matase.” (Alex Atoo, 13 años)
“Me secuestraron los rebeldes y me sacaron de mi pueblo cuando tenía 12 años. Me dieron como esposa a un comandante rebelde que me violó la primera noche. Mientras estuve con los rebeldes maté a muchos con mi Kalashnikov.”(Lilian Amono, 23 años)
“Mataron a un amigo de mi pueblo porque no podía cargar con todos los bultos que le obligaban a llevar. Durante una batalla con el ejército, logré escapar. Tengo muchos cortes en los pies y en las manos. Tengo miedo de regresar a mi pueblo”(Vicky Atimango, 13 años)
¿Qué puedo añadir?¡No me quedan palabras…!

Una palabra bondadosa puede edificar un castillo

Acabo de leer el libro de Dulce Chacón, Cielos de barro. Uno de los personajes contaba que cuando el campanero del pueblo tocaba la campana para marcar la hora, él y su mujer tenían la costumbre de escuchar las campanadas, y luego le hacían al campanero algún comentario sobre cómo éste había llevado a cabo su labor “porque hacer algo sin que nadie te lo tenga en cuenta- añadía- es muy desagradecido” Y así es. ¿A quién no le gusta que valoren su trabajo? Yo me esponjo cuando mis hijos o mi marido me dicen lo buena que les ha sabido la paella, o las croquetas, por no poner otro ejemplo. Pero no siempre sabemos reconocer el trabajo de los demás, ni acostumbramos a decirles que nos gusta cómo lo han hecho, casi siempre resultamos muy tacaños a la hora del elogio y no caemos en la cuenta de que tal como leí en otra ocasión, “cada palabra bondadosa, hablada desde el corazón, puede edificar un castillo.”

Con todo respeto

Anda la gente alborotada estos días con motivo de la propuesta del Presidente de Aragón de quitar del escudo de la Comunidad Autónoma las cuatro cabezas que contiene ( las que muchos suponen pertenecientes a cuatro caudillos árabes decapitados en una batalla que tuvo lugar en los tiempos ya lejanos de la Reconquista), como muestra de respeto a los numerosos emigrantes de países árabes que se han establecido en esta tierra. Los que entienden de Heráldica y de Historia se han apresurado a explicarnos que no es cierto que dichas cabezas pertenezcan a personas decapitadas, y que ni tan siquiera representan a caudillos árabes, sino que representan a señores árabes o cristianos, derrotados en dicha batalla, cuando no eran raras las alianzas entre unos y otros para luchar contra un enemigo común. Con todo mi respeto hacia estas personas que vienen a vivir entre nosotros, yo me pregunto - a sabidas de que mi pregunta pueda parecer políticamente incorrecta- Si otro número igual de aragoneses o españoles marcharan a vivir a esos países de los que proceden, ¿alguien puede imaginar siquiera que ellos cambiarían sus costumbres o sus símbolos para no herir nuestra sensibilidad? ¡Por favor! ¡Seamos serios! Procuremos, eso sí, acogerlos con respeto, pero dejémonos de "estas chorradas" ( perdón por la expresión). Porque cada vez somos más los que creemos que esto es tan sólo una cortina de humo para desviar la atención del personal de otros problemas más importantes.

El dilema de los cocineros vascos

Estos días ha saltado a los medios de comunicación la noticia de que, según las declaraciones de un detenido presunto miembro de ETA, cuatro famosos cocineros vascos han sido víctimas de extorsión por parte de la banda terrorista. Como consecuencia de estas declaraciones han tenido que presentarse ante el juez, ya que se considera delito el pago de cualquier cantidad a una organización fuera de la ley. Y yo me pregunto: ¿qué hubiera hecho si me hubiese encontrado en una situación semejante? Es seguro que hubiera pagado, como lo habrían hecho la mayor parte de mis conciudadanos, porque no somos héroes, sólo somos gente corriente que pensamos que la vida de nuestros seres queridos y nuestra propia vida es el bien más precioso que poseemos y, como tal, estamos dispuestos a hacer todo lo posible para defenderla. En este momento me atrevo a pedirle al juez que deje tranquilos a los cocineros, que bastante mal lo estarán pasando con lo que les ha pasado, y que ponga todo su empeño en mandar a la cárcel a los extorsionadores, ellos son el cáncer de nuestra sociedad y los únicos culpables.

El hombre y la Naturaleza

¡Eh aquí al hombre! ¡Contemplémoslo! Puede viajar hasta el espacio, ascender a las más altas montañas, descender a las profundidades del mar, internarse en lo más intrincado de las selvas… Ha inventado máquinas poderosas que le permiten convertir la Tierra en algo pequeño y familiar al alcance de su mano. ¿Lo ves? ¡Tan satisfecho de sí mismo, hasta creerse el dueño del universo! Pero, ahí esta la Naturaleza, con sus terribles fuerzas: el agua, el fuego, el viento… enseñándole sus terribles garras de improviso y poniéndolo en su lugar. Cuando esto sucede, el hombre, tan poderoso, se convierte en poco más que un niño indefenso.

Cinco minutos

-¿Qué son cinco minutos, papá?, pregunta una niña de unos seis años en la sala de espera del oftalmólogo. Le han aplicado unas gotas en los ojos. Es abierta, curiosa, va y viene por el pasillo desde la sala hasta la puerta de entrada. Me imagino que ésa ha sido la respuesta que le ha dado la enfermera a su pregunta sobre cuánto tiempo tiene que esperar.
-Cinco minutos es casi nada- le contesta su padre.
Cinco minutos pueden parecer una eternidad cuando te embarga el dolor, o cuando estás a la espera de una palabra esperanzadora que alivie el peso que soportas sobre tus hombros. Y, sin embargo… cinco minutos son poco menos que un suspiro cuando se trata del disfrute de un placer, todavía menos que eso si son los últimos para gozar de la presencia de la persona amada. ¿Quién ha dicho que el reloj es el instrumento preciso para medir el tiempo? Parece que sus mecanismos internos tuviesen vida propia para estirar o encoger ladinamente a su capricho esta misteriosa magnitud.

¿QUIÉN SE HA LLEVADO MI QUESO? De Spencer Johnson, M. D. ( REFLEXIONES)

Hace ya cincuenta y ocho años que me afano a la busca y captura de mi ración de queso. Mejor diría, de los quesos, porque no en todas las etapas de mi vida he necesitado ni apreciado un único sabor. Comí en mis primeros años el queso de la posguerra, escaso y duro, pero mi dentadura y mi sentido del sabor recién estrenados apenas me permitieron darme cuenta de aquella cruda realidad; más bien pienso que aquel queso resultaba delicioso para mi joven paladar, pues mi memoria no guarda ningún recuerdo amargo de aquel tiempo; como mucho, los suspiros de mi madre y el gesto adusto de mi padre, me hicieron vislumbrar que algo no marchaba bien en el reparto de los quesos. Disfruté, por suerte, de la deliciosa variedad del queso del calor familiar, adobado con reprimendas, peleas y trastadas infantiles, y un no sé qué de amargura en los días en que los ratones paternos discutían. Podía adivinarlo en la seriedad de sus rostros, en cómo mi padre escondía su mano cuando yo la buscaba mientras caminábamos juntos por la calle, en la manera especial que tenía de referirse a ella- no decía: la madre, sino tu madre-, y aquello debía de dolerme porque ha perdurado en mi memoria. Sufrí también entonces el acoso cobarde de un enorme ratón que intentaba manosear con malas artes mi diminuto cuerpo; no sé explicar por qué el pequeño y tímido ratón mantuvo en secreto su tormento. Y así, entre penas y alegrías llegó el ratón a los doce años. Y como la porción de queso seguía siendo escasa, mientras los jóvenes estómagos crecían, los ratones padres hubieron de pensar el mejor modo de que los hijos se fueran preparando para buscarse por su cuenta el queso.
Dicen de mí los que me conocían que por aquel entonces era yo una ratoncita de pequeña estatura, pero dotada de inteligencia y de feliz memoria. Tenía yo también una tía religiosa, muy interesada en que alguna de sus sobrinas diera gloria a Dios en ese mismo estado, así que por su mediación ingresé en un Aspirantado para ratoncitas de clase humilde, y allí pasé internada siete años de mi vida, siempre a la búsqueda del queso.
Como no tenía nada claro que tuviera que encontrarlo del mismo modo que mi tía- así lo había declarado en un cuestionario que rellené a mi entrada- sino que quería ser maestra o peluquera-pasados los siete años me encontré convertida en una maestrita, como aquella Marisol que conocí a través de los libros de lectura en la escuela de mi pueblo, la que vivía en Asturias y primero era “Marisol pequeñita hace pinitos, por qué, porque la guardan los angelitos”, y luego visitaba a la Santina en Covadonga, y con el tiempo se convertía en una maestra encantadora. También yo estaba ilusionada en educar y trasmitir mis conocimientos a otros pequeños ratoncitos.
Me había convertido yo en una señorita de diecinueve años repleta de sueños e ilusiones, cuando de pronto se me cruzó en el camino un apuesto ratón y mi corazón empezó a latir desenfrenado. Y gusté por primera vez del delicioso queso del amor. No puede existir nada mejor, me dije. Ya sólo quiero de este queso para siempre. Y la ratoncita y el apuesto ratón se casaron, y vivieron felices, y comieron…de todos aquellos quesos que la vida iba ofreciéndoles. Tuvieron tres ratoncitos a los que amaban mucho, y se esforzaron sobremanera para que también ellos pudiesen disfrutar de una porción de queso generosa, más grande que la propia.
¡Qué aprisa pasaron los años! La vida es una consumada ilusionista que saca pañuelos de la manga y conejos del fondo del sombrero. Y así, entre numerito y numerito, casi sin darte cuenta, los días se te escapan como el agua entre los dedos. Aquí estoy. Atrás quedaron rotos muchos sueños, surcan mi frente las arrugas y lucen mis cabellos no pocas mechas blancas. Se adueñó de mi apuesto ratón la enfermedad, que destroza su vida a dentelladas. ¿Quién se llevó mi queso?- me pregunto. Pero…¡vive Dios que nada logrará pararme! Yo seguiré buscando.

A PECHO DESCUBIERTO

Amigo que lees estas líneas. Sé bienvenido al nacimiento de mi blog. Soy una mujer con inquietudes literarias desde siempre, y las personas que leen lo que escribo, quizás porque me quieren, me dicen que les gusta. También desde siempre, albergué la esperanza de poder ver publicada alguna cosa. Con este fin, participé en algún que otro concurso para tener la ocasión de sentirme acariciada por la suerte, pero ésta, pasó de largo sin mirarme. Desde entonces, mis cuartillas emborronadas descansan junto a mis sueños en el fondo de un cajón.
Pero cuando no hace muchos días descubrí el mundo desconocido de los blogs,mis sueños se avivaron y una dulce esperanza me invadió. Qué te puedo decir de mis terribles sufrimientos para lograr poner mi blog en marcha... Soy una persona con escasos conocimientos informáticos, y cada paso a dar, entre links,enlaces, estadísticas, mostrar ocultar, se convertía en un galimatías. Hasta llegué a pensar que perseguía una meta inalcanzable. Además amigo mío, yo no estaba dispuesta a conformarme con un blog cualquiera. ¡Ah, no! Ya sabemos cómo funciona el mundo en qué vivimos:¡Marketing!¡Hace falta mucho marketing!Una buena envoltura proporciona un alto porcentaje de las ventas, ya lo dicen los expertos.
Yo... Yo quería conseguir un blog único, irresistible, que dejase al visitante enganchado sin remedio. Pasé largas sesiones nocturnas dando palos de ciego, como dice el dicho popular. Probando, probando, probando... Entrar. Preferencias. Plantillas. Colores. Colores de fondo, de texto, de enlaces,de títulos, de archivos. Salir.Ver. ¡Nooo! Entrar. Cambiar. Salir.¡Tampoco! Entrar. Cambiar. Salir.¡Parece que va un poco mejor! Y así hasta "tropecientas" veces, como dice un viejo conocido.Y¡por fin!, porque me lo parece, o porque ya no me quedan energías, me digo:¡Así está bien! Pero...¡Ya estamos con los peros! Si pudiese insertar una buena imagen- por aquello de que vale más una imagen que cien palabras- aunque no sé yo si eso será verdad. Probemos. Salir. Desconectar. Sudar la gota gorda para lograr mi imagen maravillosa con el Paint. Tampoco tengo mucha experiencia en este tema, la verdad. Dibujar. Borrar. Pintar. Borrar. Borrar de más. Dibujar. Pintar.¡Lo logré! No está nada mal. Hasta me siento orgullosa de mi obra.Pero tendré que activar la la opción de Enviar ¿Cómo se hará? Suplico a mi hijo que me ayude. En mi casa llevan días vigilando mis gestos y escrutando mi cara, tratan de descubrir los primeros síntomas de adicción internáutica, lo noto. Clic,clic,clic, así no. Clic,clic,clic,así tampoco. El ratón echa humo. No lo conseguimos.Son demasiados kilobytes. Son las dos y medio de la madrugada.¡No puedo más! ¡Me rindo! Bien mirado, tampoco era una obra de arte, me consuelo.
Y aquí estoy, con mi blog desnudo, a pecho descubierto. Y así pienso seguir, lanzando el alma al aire. Adiós, amigo. Vuelve. Y si quieres que me sienta muy feliz, hazme saber de alguna forma que has estado.